Cultura

«Una monja de Salamanca me dijo que tenía buen oído y me di cuenta de que era lo mío»

El compositor salmantino Víctor Reyes es el primer español en ganar un Emmy por la banda sonora de «El Infiltrado»

El compositor Víctor Reyes, durante su visita a Salamanca
El compositor Víctor Reyes, durante su visita a Salamanca - D. ARRANZ
H. DÍAZ Valladolid - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

La Academia de Televisión de Estados Unidos vivió en la noche del pasado domingo su gran día con la entrega en Los Ángeles de los Premios Emmy, los más importantes de la industria televisiva. Hace justo una semana que se concedieron los galardones más técnicos, donde un hombre brilló por encima de todos para los espectadores españoles, se trata del compositor salmantino Víctor Reyes, ganador de uno de los galardones considerados como los Oscar de la televisión gracias a su trabajo para la producción de la BBC «The night manager» («El Infiltrado»). El pasado jueves, en una visita fugaz a su Salamanca natal, paseaba todavía emocionado la estatuilla por algunos de los rincones de la ciudad. Todavía «desbordado» por la repercusión, hablaba por teléfono con ABC.

—Ha sido el primer español en ganar un Emmy, ¿qué supone este galardón?

—Un espaldarazo y una alegría para mí y para todos los que hemos colaborado en ella. Es una manera de decir «parece que lo habéis hecho bien». Y luego está la respuesta del público, que ha sido fantástica. Ayer (por el jueves) pusieron el primer capítulo en China y ha tenido una audiencia de 41 millones de personas. ¡Ha sido bestial!.

—Echando la vista atrás, ¿cuáles fue su primer contacto con la música?

—En Salamanca, donde nací y viví hasta que tuve 25 años. Una monja del colegio dijo «este niño tiene buen oído», y desde pequeñito, con cuatro o cinco años, me pusieron a estudiar música. Me dí cuenta que era lo mío, lo que ocurre es que pensar que uno puede hacer algo y hacerlo es muy distinto. Luego, en 1988 llego a Madrid y empiezo a trabajar con Cruz y Raya; era su pianista en directo, y así es como conecté a principios de los 90 con los estudios de grabación de Madrid. De hecho, el primero que grabo en la vida es «Aidalai» de Mecano. Me tocó directamente trabajar con los más peligrosos, con José, Nacho Cano... Fue una época de aprendizaje total.

—¿Y cómo fue su salto al cine?

—Era mi ilusión desde pequeño. En el año 68 descubrí un disco que tenía mi padre, la banda sonora original de «La muerte tenía un precio», de Ennio Morricone, y me pregunté entonces ¿cómo es posible con toda la música que hay en el mundo que necesiten una música especial para una película? Eso captó mi atención y desde entonces tuve el deseo de ser compositor. Pero claro, estamos hablando de un momento con un pais muy aislado y aquello sonaba un poco utópico. Tuve que recorrer el camino poco a poco.

—¿Y sigue siendo Morricone su compositor de referencia?

—¡Claro! Cuando este año recibió el Oscar di un respingo. ¡Ya era hora! Había sido una cosa demasiado escandalosa. Yo lo considero uno de los mayores contribuidores de todos los tiempos a la música del cine.

—Es el compositor de cabecera de otro salmantino, Rodrigo Cortés. ¿qué virtud tiene como director que te lleva a trabajar habitualmente con él?

—Es una persona especialmente creativa y talentosa. Tenemos muchos puntos en común musicales y cinematográficos. Mientras en otras películas trabajo de forma más individualista, él siempre está más encima de mí y el resultado creo que es mejor.

«La música no tiene que ser la protagonista de nada en una película. Su función es narrativa»

—¿En general, qué relación tiene con los directores?

—Depende del director, y si es americano o español. En España, solemos vernos más físicamente. En el caso de «El infiltrado» tuve una reunión con Susana Bier, la directora, en octubre y luego ya me vine porque teníamos muy poco tiempo para realizar la producción, lo cual es fantástico y nos ayudó mucho porque no da tiempo a equivocarse, a tomar malas decisiones. Hoy, con las nuevas tecnologías, ya no es la desconexión que pudieras tener hace algunos años.

—Cine o televisión, ¿en qué género se siente más cómodo?

—Me siento cómodo en los dos mientras las producciones sean potentes. Como compositor no discrimino. Mi cerebro funciona igual.

—¿Empieza a trabajar con el guión o prefiere esperar a las imágenes?

—Siempre prefiero la imagen. Yo trabajo más con el corazón o con las tripas que con la cabeza. No soy buen lector de guiones. Me fijo mucho en las expresiones de los actores, en lo que me transmiten...

—A «El Infiltrado» llegó a través de su agente en Los Ángeles porque buscaban, precisamente, un compositor europeo. ¿Hay muchas diferencias entre la forma de trabajar estadounidense y la europea?

—Ahora no, porque hay una manera de trabajar generalizada, como en todos los aspectos de la vida.

—¿Considera que la música, en general, está lo suficientemente valorada en la industria del cine?

—Creo que sí. De todas formas, pienso que la música no tiene que ser la protagonista de nada en una película. Tiene una función, que es narrativa, para apoyar, contrastar o hacer algo con el relato. No me gusta mucho cuando la música es demasiado protagonista.

«Trabajo más con el corazón o con las tripas que con la cabeza. No soy buen lector de guiones»

—¿Recuerda algún trabajo que fuera especialmente complicado?

—«Buried» («Enterrado»), de Rodrigo Cortés. Teníamos que explicar lo que sucedía fuera del ataud y fue tremendamente difícil, a parte de que buscábamos un sonido de madera, de resquebrajamientos...

—¿Qué cineasta considera que tiene el mejor gusto a la hora de elegir la música para sus películas?

—David Fincher tiene un criterio increíble. Hace «Panic Room» («La habitación del pánico»), con Howard Shore, y a continuación Zodiak, con David Shire, que nada tiene que ver con la anterior y siempre es increíblemente efectivo. Cuando voy a ver una película suya me pregunto «qué habrá hecho ahora». Y siempre me sorprende.

—¿Qué proyectos tiene entre manos?

—Acabo de terminar «Inside», de Miguel Ángel Vivas, que abrirá el Festival de Sitges, y he empezado a trabajar en «La piel fría», una coproducción hispano-francesa basada en la novela de Albert Sánchez Piñol dirigida por Xavier Gens. Luego también estoy con «Finding Steve Mcqueen» y tengo la nueva de Rodrigo Cortés. ¡A pleno rendimiento y encantado! Lo único de la vida que me preocupa es esto, que mi familia esté bien y yo trabajando y dando lo mejor.

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