La industria ballenera hace 240 años en Canarias

Empresarios de las islas se lanzaron a este mercado, que era importante para producir energía con el aceite. La Real Sociedad Económica de Gran Canaria impulsó esta actividad dada la gran cantidad de ballenas que transitaban por las islas

Santa Cruz de TenerifeActualizado:

Puede parecer algo extraño vincular nuestras islas al denostado negocio de la captura de ballenas, sin embargo, esta actividad fue promovida y, curiosamente, era de las primeras que unió a tinerfeños y grancanarios, si bien de esto han pasado muchos años ya: algo más de 230 años.

El cronista Viera y Clavijo ya apuntaba alguna referencia en su «Historia General de las islas Canarias» mencionando, en 1778, que la Real Sociedad Económica de Amigos de Canaria la incentivaba: «a fin de promover la pesca de ellas; y con efecto, en mayo del mismo año, se arponaron sobre la costa de Arguineguín, dos grandes ballenas, como un ballenatito, las que por haberse roto las cuerdas en las vueltas y revueltas que dieron, pudieron escaparse mal heridas». Pero lo cierto es que debió pasar una década más para que esto se impulsara con más determinación.

¿Cómo?

Sucedió con la llegada del nuevo comandante general, Miguel de la Grúa Talamanca de Carini, marqués de Branciforte. El mando, bastante impetuoso y empático, se puso rápidamente a la acción entrando en contacto con los comerciantes de vinos de las islsa, cosa bastante normal, pues los mandos militares y los comerciantes iban siempre de la mano.

Su relación con el portuense Bernardo Cólogan Valois fue significativa pues, en 1784, ambos parecen decididos a establecer una compañía ballenera con sede simultánea en Tenerife y en Gran Canaria. La compañía de Bernardo y su hermano Juan comerciaban con Norteamérica, donde enviaba vinos y de donde traía, a modo de intercambio, duelas de roble americano.

Aceite de ballena para hacer luz

Evidentemente, ese comercio les mantenía en contacto con muchos capitanes de Filadelfia, Nueva York e incluso de puertos más al norte como Hálifax o Montreal. En esos tornaviajes, los navíos transportaban otros productos demandados en las islas como bacalao, cereales e incluso esperma de ballena.

Por aquel entonces, las compras de aceite de ballena (esperma) a Nantucket y Massachusetts eran bastante notorias, siendo este aceite el único combustible disponible para iluminar la noche.