Canarias

Lo que se esconde por la presencia de cetáceos en Canarias

En Canarias pasarían 3.275 cetáceos cada año y ya 1778 se cazaban legalmente ballenas en las islas. El populismo de la defensa de zifios quiere impedir maniobras de la Armada en las costas de Canarias

Un conferenciante habla de la
Un conferenciante habla de la "estructura social" de los cetáceos en aguas canarias - ABC
José L. Jiménez - @jljimenez Las Palmas De Gran Canaria - Actualizado: Guardado en: Canarias

Se cumplen 250 años de la edición en Tenerife del 'Diccionario de Historia Natural de Canarias de 1666' de José Viera y Clavijo, biólogo y autor que recoge los avistamientos más significativos de ballenas en las islas. Eran de grandes dimensiones y habituales. Ahora se cumplen 220 años de la llegada a Arrecife de Lanzarote de 30 cachalotes que fueron aprovechados por los vecinos "como pudieron", detalla Viera y Clavijo.

La presencia de ballenas o delfines que vienen a morir a las costas canarias no es cosa de maniobras militares. Pero la industria de la defensa de cetáceos no puede arriesgar un negocio que mueve millones de euros cada año. 51.000 personas han pedido ya que en las islas se ubique un "santuario de cetáceos", términología religiosa para una demanda que implicaría el fin de maniobras de protección de la costa española de Canarias. En la isla de El Hierro, el punto más occidental de la geografía de España, hay un debate ahora sobre la creación de un parque nacional submarino.

El negocio de defender especies marinas al mismo tiempo que se desprotegen las costas de las islas surge de lobbies de base política, asesorías, consultorías o proyectos pagados con fondos europeos que se dedican a crear una galaxia de expertos que estigmatiza la correcta defensa de los intereses nacionales en las islas. Asociaciones de defensa de zifios u otras especies que realmente son brazos armados de grupos de interés que operan con gran opacidad.

En 2002 y 2004 hubo encallamiento de cetáceos en Fuerteventura la misma semana que se celebraban unas maniobras sobre salvamento marítimo de población civil. Esos varamientos, sumados con la espectacularidad de las imágenes que hubo en televisión por la presencia de buques como el Galicia, creó una base de oposición a actividades en aguas de Canarias que afectan a medidas como la implantación del gas, la búsqueda de telurio, nódulos de manganeso y costras ricas en cobalto que se encuentran dentro de la ZEE y la plataforma marítima extendida. Y eso sin mencionar el petróleo, existente aunque no rentable, o la defensa de las islas.

Del populismo de los cetáceos aparecen partidos como Podemos pidiendo la salida de militares de Canarias, la gestión de aguas interiores en el Estatuto de Autonomía de Canarias, que ha querido recoger la definición de las islas como "Archipiélago Atlántico". O la propia petición de Coalición Canaria de activar el "santuario marítimo" que, entre otros efectos, impediría maniobras de la Armada en los puntos más cercanos a la costa occidental africana.

La denominada asociación Sociedad para el Estudio de los Cetáceos del Archipiélago Canario, cuyo número de asociados o junta directiva salvo su presidente no se conoce, baraja cifras: 3.275 ejemplares de cetáceos pasan cada año por las islas. En verano pasado, sin maniobras, hubo un varamiento en Las Coloradas, Lanzarote. No había maniobras. Apenas fue noticia 24 horas.

Pero no siempre fue así. Antes que las embarcaciones de la Armada tuvieran sónar o instrumentos a los que grupos de presión achacan la responsabilidad de los varamientos de cetáceos en Canarias, las islas tenían una presencia muy frecuente de este tipo de mamíferos en sus costas. Tal es así, que la licencia más antigua para cazar ballenas que se conoce en España estaba ubicada en Gran Canaria.

Corría el año 1778 cuando la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria promovía la captura de ballenas como elemento generador de riqueza en las islas. Ese año se arponaron en Arguineguín dos grandes ballenas, con una ballena de menor dimensión, aunque finalmente lograron escaparse.

En 1779 ocurrió el mismo suceso con una ballena de 7,3 metros de altura cuyo aceite se aprovechó. Las ballenas que se escaparon el año anterior por los pescadores grancanarios fueron encontradas en una zona de playa cercana semanas después por unos marineros que procedían del Sáhara. De ellas se aprovechó su aceite y algunos despojos. Como ocurrió en 1735 en Mazo, La Palma, con una ballena que dio 29.400 litros de aceite.

En Tenerife, también en 1779, encalló en Granadilla de Abona una ballena de 18 metros de la que se obtuvo 5.880 litros de grasa. En 1786 el asunto de la presencia de ballenas en Canarias y el problema que generaba a los pescadores llegó a Madrid. Fue el comandante general de aquella época en el Archipiélago quien logró que se destinase dinero para la vigilancia y control de la especie.

Viera y Clavijo apunta que en junio de 1715 encalló una ballena en Agulo, La Gomera. 12 metros de altura. Cada diente de esa ballena pesaba 2,2 kilos de peso. "La cabeza y trompa eran semejantes a la popa de un navio, el cuerpo muy velludo y su cuero de dos dedos de grueso, de que se hicieron zapatos, que duraron dos años". Agrega Viera y Clavijo que "subían 80 hombres juntos a ella por sus costados a golpe de hachas".

En mayo 1747, amanecieron en el Puerto de Las Palmas 37 cetáceos de los que se sacó mucha grasa. Al igual que en 1750 en Garachico, Tenerife, En 1796, se recogieron en Arrecife de Lanzarote más de treinta cachalotes varados "que se aprovecharon del modo que pudieron aquellos vecinos". Por no hablar del caso de la ballena que apareció en Gáldar, Norte de Gran Canaria, en 1545, que generó un pleito judicial por el control de su apreciada materia prima.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios