Miles de pensionistas tomaron las calles de Madrid y de otras provincias - Efe
CRÓNICA DESDE DENTRO

Bajo la nieve, entre la resignación y la esperanza

Los pensionistas gritaron contra Rajoy, contra Montoro, contra el Partido Popular o contra la Ley Mordaza

MadridActualizado:

El día en el que los pensionistas tomaron las calles de Madrid amaneció con aguanieve. El asfalto estaba resbaladizo y dominaba una sensación de frío polar. Decidí coger un autobús desde Chamartín hacia la Puerta del Sol. Era el único viajero y, por un momento, me pasó por la mente que la convocatoria de la Mesa Estatal para el Blindaje de las Pensiones, secundada por UGT y CC.OO., iba a ser un fracaso.

Pero sucedió lo que no podía imaginar. En las paradas siguientes, el autobús se llenó de gente de la tercera edad, como si una mano invisible les guiase a estos hombres y mujeres. «No me importa mojarme. No me podía quedar en casa. Tenemos que defender nuestras pensiones», dice Teresa, una mujer de unos 70 años, que se protege con una boina roja y un grueso anorak. La concurrencia parece contenta, incluso eufórica.

Apenas podemos apearnos en la parada de Sevilla donde confluye una multitud. La gran mayoría son jubilados, a juzgar por su edad. Al llegar a Sol, sólo se ve un océano multicolor de paraguas mientras arrecian los gritos: «Esto nos pasa por tener un Gobierno facha». Vuelve a nevar y la gente mira al cielo en busca de clemencia.

Me dicen que por allí andan Pedro Sánchez y los líderes de los dos sindicatos mayoritarios, pero no puedo verlos. Es imposible dar un paso. Como otros muchos, decido caminar hacia la plaza del museo Reina Sofía, donde se va a leer un manifiesto. Voy por la calle Espoz y Mina, un liberal que se alzó contra Fernando VII, y me paro a observar los comercios y los bares.

Pedro Sánchez, ayer durante la manifestación
Pedro Sánchez, ayer durante la manifestación-Borja Puig

Hay una tienda en la que venden guantes. En su escaparate hay varias decenas de manos que apuntan a la calle, como si quisieran salir del establecimiento y sumarse a la manifestación. Y poco más allá, me topo con un viejo bar de gambas que ya existía hace 40 años cuando vine a Madrid a estudiar.

Justo en el número 55 de la calle Atocha, frente a la placa que evoca el asesinato de cinco abogados laboralistas en 1977 por la extrema derecha, media docena de jóvenes agita una bandera de España desde un balcón mientras gritan ¡Viva España!. Una señora les contesta desde abajo: «Viva España, pero sin ladrones».

Los manifestantes empiezan a llegar a mediodía a la plaza y esperan pacientemente la lectura del manifiesto mientras arrecia la lluvia. Finalmente aparecen Miguel Ríos, Víctor Manuel y Ana Belén, que piden un cambio en la Constitución para blindar las pensiones. Hay aplausos, gritos y pancartas que se agitan en las que se critica al Gobierno y se exige la actualización de las prestaciones.

Poco a poco, el gentío se disgrega porque es la hora de comer. «Yo pienso volver esta tarde», comenta un señor mayor que huele a «after shave» y lleva una bufanda verde. Sospecho que hay más gente como él cuando vuelvo a Cibeles a las seis de la tarde después de un descanso reparador. Nuevamente el autobús se ha llenado e incluso me parece ver las mismas caras.

«Viva España, pero sin ladrones»

Pero esta manifestación está organizada por la Coordinadora Estatal de Defensa de las Pensiones y otras asociaciones que protestan por la Ley Mordaza. Le pregunto a Carlos Aisa, que va junto a la cabecera de la convocatoria, por qué no se han unido las dos protestas. «Somos un movimiento social que queremos reunir a todos los colectivos que defienden el sistema de pensiones. Pero no tenemos nada que ver con los partidos y los sindicatos», responde.

Javier Saenz Munilla, un periodista que fue corresponsal de TVE en Colombia, comenta: «Esta es una manifestación más transversal. Algunos tenemos la sensación de que el PSOE y los sindicatos han querido capitalizar la inquietud de los pensionistas».

Mientras la manifestación avanza lentamente por el Paseo del Prado, atestado de personas mayores. Los que van delante corean: «Ni Ley Mordaza ni recorte de pensiones». Algunos se cubren la boca con lazos azules y otros elevan las manos hacia lo alto en una misteriosa plegaria. Una chica de unos 25 años y una larga melena anima a los asistentes con un megáfono en la mano.

«Hoy es una jornada histórica. Por fin, nos hemos puesto en marcha. Esto es imparable, desborda a los partidos. Somos una fuerza con diez millones de votos», dice Leocadio Fernandez, que ha venido desde Algete.

«Madrid ha dado hoy una lección de democracia»

Se va haciendo de noche y el frío vuelve a ser muy intenso cuando se lee el manifiesto contra la Ley Mordaza. Algunos se miran extrañados porque creían que venían a una manifestación para defender las pensiones. Pero aquí todo se mezcla. Se grita contra Rajoy, contra Montoro y contra el PP.

«Madrid ha dado hoy una lección de democracia», exclama José Rubio, un hombre de 76 años que mantiene a su hijo en paro y que acusa al Gobierno de falta de humanidad. «Vamos a volver a la calle porque el 0,25% de subida es una miseria. Para mí han sido tres rídiculos euros de aumento». Le pregunto si sabe que el Gobierno se gasta 140.000 millones en pensiones y que la factura sigue subiendo y me responde que «no hay dinero para ellos, los más desfavorecidos por la crisis, pero sí para los banco». Pero Rubio no es un exaltado, habla con una mezcla de escepticismo y resignación.

Todo se va quedando vacío y la gente pugna por coger el metro o un autobús para volver a casa. Mañana será otro día.