Sebastián Castella, en un derechazo de mano baja
Sebastián Castella, en un derechazo de mano baja - Luis Felipe Hernández

Solo un triunfador en el aniversario de La México: Sebastián Castella

La figura francesa corta la única oreja con una corrida de Jaral de Peñas con la que volvió el trapío a la Monumental

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Al ambiente natural de una corrida de Aniversario en la Plaza México, que se ha convertido en una fecha emblemática en el calendario taurino, le faltaron más triunfos.

El de la figura gala Sebastián Castella, legítimo y muy merecido al cortar una oreja, fue el único que se dio en una corrida donde se corrigió lo sucedido en las anteriores corridas: el trapío de los toros, esta vez criados por Jaral de Peñas.

Astados serios que desde luego la afición agradeció y aunque en su mayoría tuvieron poco fondo, hubo la emoción que produce un animal con trapío y edad en el ruedo.

Castella tuvo la habilidad de dejar estar a su primero en tablas, donde quiso pelear. Después de ponerle la muleta en la cara y aprovechar la movilidad del animal para hacerlo repetir en tandas largas que emocionaron al público, pues el toreo del galo fue muy a la mexicana.

Tenía cortadas las dos orejas, sin duda, pero la espada quedó baja y por tanto el premio se redujo a una, muy merecida, que aplaudió el público y le sirvió a Sebastián para ser el triunfador de la corrida de Aniversario 72, ya que su segundo se despitorró y el de regalo fue desaborido.

Pudo haber otro triunfador, la figura mexicana Joselito Adame, pero el público está enfadado inexplicablemente con él y le reconocen muy poco.

Por ejemplo, estuvo insistente con su primero, que fue soso y deslucido, y nada le aplaudieron. Luego en su segundo, después de lancear y hacer quites, tuvo un inicio vibrante con la muleta y cuando parecía que la faena tomaría altura, al astado se le acabó el fondo y el público comenzó a protestar a José como si él hubiese tenido la culpa.

La salida al tercio con una marcada división de opiniones es el reflejo que hay entre el público capitalino y un torero que ha sido un importante embajador del toreo mexicano en Europa.

Quizá porque es triunfador de todas las plazas y aquí no ha podido hacerlo con rotundidad, Andrés Roca Rey también fue blanco del duro juicio desde el tendido, sólo que el menos culpable fue el peruano, quien se enfrentó a un toro peligroso, que desarrolló sentido como fue su primero y con el que estuvo muy firme, y al último que fue soso. Lo despidieron mal e injustamente.

Abrió plaza Jerónimo, un torero de corte antiguo, que se esforzó en una faena intensa con su primero aquerenciado y enrazado; aunque se desencantó en su segundo y ya no hizo un esfuerzo mayor.