La directora Carlota Ferrer, fotografiada en los Teatros del Canal de Madrid
La directora Carlota Ferrer, fotografiada en los Teatros del Canal de Madrid - ISABEL PERMUY

Carlota Ferrer: «El machismo está en todas partes, también en el teatro»

Dirige «Esta no es la casa de Bernarda Alba», nueva versión de la obra de Lorca con Eusebio Poncela como protagonista que el día 14 se estrena en Madrid

MadridActualizado:

Federico García Lorca escribió «La casa de Bernarda Alba» en 1936. Han pasado, exactamente, 81 años. Tiempo suficiente para que las cosas que se contaban entonces, que se vivían entonces, hayan cambiado. Tanto que el 14 de diciembre se subirá a las tablas de los Teatros del Canal de Madrid una Bernarda hombre. De hecho, todos los intérpretes de esta novedosa versión de la obra del genio de Fuente Vaqueros (Granada) son varones, a excepción de Julia de Castro. La responsable de este ejercicio de empatía, tan necesario en los tiempos que nos ocupan, es Carlota Ferrer (El Escorial, 1977), cuya carrera fue recompensada en octubre con la dirección del Corral de Comedias de Alcalá de Henares.

¿Por qué quería que los personajes fueran interpretados por hombres?

Federico se proyecta en todas las mujeres. Es un autor que nos ha dado voz, pero él siente la opresión por su homosexualidad. A lo largo de la literatura, tanto dramática como en la novela, la mujer siempre se presenta en una dicotomía: o es puta o es monja. Hay algo en eso que, aunque haya una actitud crítica del autor, se normaliza.

Y al normalizarse, se acepta.

Exacto. Pasa incluso con los anuncios de la violencia de género. Me parecía interesante que fueran hombres los que defendieran a las mujeres, que se pusieran en su piel, porque al no ser algo normal conduce a una reflexión mayor. Es lo que más os llama la atención a los medios, pero hay más cosas en el montaje que tienen que ver con esta lucha activa de defender el feminismo.

¿Para usted es una lucha activa?

Lo es. No soy muy dada a manifestaciones en redes, ni políticas ni sociales. Lo hago con el teatro y, sobre todo, en mi vida privada soy muy fiel a lo que pienso. Intento trasladar lo que no quiero que me hagan a través de la obra.

¿Cee en el papel activo del creador en la sociedad, de denuncia?

Sí, totalmente. El teatro es un escenario que nos da el privilegio y la responsabilidad a los artistas de dirigirnos a la comunidad, igual que lo hace un político desde su púlpito. Hay que cogerlo como una responsabilidad y un privilegio, las dos cosas juntas. Como creadores, siempre debemos poner una reflexión. No me gusta dar respuestas, me gusta hacer preguntas, y por eso planteo espectáculos donde el espectador no queda indiferente, normalmente se crean bandos, reflexión y debate.

Al cabo, para eso está la cultura.

Exactamente.

Viendo el texto de Lorca, es obvio que hemos avanzado mucho pero... ¿Qué siente, como mujer creadora, ante el camino aún por recorrer?

Hay cosas que quedan lejos, pero conozco casos de Bernardas, de hijas de Bernardas… Es muy interesante cómo la víctima se convierte en verdugo; de eso habla mucho Federico. Bernarda no deja de ser una víctima que, para sobrevivir, adopta el rol del hombre y oprime. Es algo que vemos a diario en trabajos donde la fuerza de los hombres ha prevalecido: si eres mujer y quieres liderazgo, tienes que convertirte en eso.

¿A usted le ha pasado?

Yo huyo de eso. Siempre parto de la colaboración, de ponerme en mi sitio sin tener que ejercer la tiranía, pero a veces es fácil creer que tienes que sobredemostrar. Sí que hay esa presión, parece que una, por ser mujer, tiene que demostrar más que si fuera un hombre.

¿El teatro en España es machista?

[Pasan unos segundos] Sí.

Se lo ha pensado...

Sí, porque yo no lo he padecido nunca… Bueno, a veces sí. Y, desde luego, siento que siempre hay que demostrar el doble. Cuando voy a contar a un director de un teatro un proyecto, algo no es igual. Esa es la lucha. Porque estos señores mayores se encuentran en una situación muy desconocida, y tienen que gestionarlo emocionalmente. El machismo está en todas partes.

La mayoría de directores teatrales han sido hombres hasta hace pocos años. Las mujeres ya no están sólo en el escenario.

Ahora está Helena Pimenta, ha estado Natalia Menéndez…

Está usted en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares, con Darío Facal.

Estoy yo… [ríe].

¿Se sienten los actores cómodos siendo dirigidos por una mujer?

La verdad es que tanto con Helio Pedregal, como con Coronado o ahora con Eusebio (Poncela) e Imanol (Arias), no he sentido una animadversión. Tienen que confiar, no vienen a ciegas, y saben que van a indagar en zonas donde con un director no llegarían;eso les pone en un reto y les gusta.

Lo mismo ha sucedido en el cine.

Bueno, en Hollywood sólo ha ganado el Oscar a la mejor dirección una mujer.

Sí, Kathryn Bigelow

Es muy complicado, porque hay que vender el proyecto y los productores también son hombres, en su mayoría.

¿Usted ha notado el techo de cristal?

Yo no. El teatro y el arte son complicados, no se pueden comparar a otras profesiones; es cierto que tienen que ver con el talento, con el trabajo y la formación, pero es mucho más subjetivo. Lo que sí es verdad es que, como todo está dirigido por hombres, es más difícil.

Una reflexión que hice tras salir los abusos sexuales de Harvey Weinstein es que, durante muchos años, las mujeres hemos considerado normales comportamientos que no lo son.

Absolutamente, y en la obra hablamos de ello. Hay una responsabilidad por nuestra parte.

¿Y qué debemos hacer?

Hay que atreverse a poner las cosas en su sitio. Ahora no me pasaría, pero yo, como actriz, iba a castings donde me hablaban de mi belleza todo el rato. No es cuestión de oponerse al piropo, pero yo he estado con un director que me miraba las tetas directamente, sin escucharme. Tú te das cuenta, pero como quieres hacer el personaje, te callas. Si le dices algo no te coge, estoy segura.

El riesgo es ese: perder el trabajo.

Pero da igual, si fuéramos muchas al final tiene que coger a una. Lo malo es que una se atreve a decirlo y cien no. Creo que hay cosas que hay que decir.

¿Qué reacción le gustaría que tuviera el público, qué espera que pase?

Dice Lorca que la indiferencia es el sillón del demonio, y estoy de acuerdo. Ojalá que el debate se traslade a la cafetería. Deseo que se emocionen y que disfruten.