Cultura

Yerbabuena en la otra Maestranza

«Esta noche en el teatro de la Maestranza, Eva Yerbabuena nos ha dado muchas pistas sobre sus pasiones»

Eva Yerbabuena en su actuación
Eva Yerbabuena en su actuación - J. M. SERRANO
Marta Carrasco Sevilla - Actualizado: Guardado en:

Para todo ser humano el acto de creación es un acto de amor y de pasión, porque sin ambos lo primero no existiría. Esta noche en el teatro de la Maestranza, Eva Yerbabuena nos ha dado muchas pistas sobre sus pasiones, sus amores y sobre todo, su forma de entender que las fronteras del flamenco no están escritas.

«Apariencias» es el título de este espectáculo y en contra de mi habitual forma de situar al lector en el mismo escenario contando lo que allí ha pasado, debo trasgredir, a modo de Yerbabuena, los cánones habituales y situarme directamente al final de la obra.

Pocas veces en la vida tiene alguien la posibilidad de ver en el escenario una pléyade de cantaores como los que ayer quisieron estar con Yerbabuena en la soleá rematada por bulerías, y que sentenció José Valencia con un emocionante «Se nos rompió el amor» un momento que consiguió enardecer al público ya rendido anto la obra.

Anoten ustedes este «momento mágico» que contó con estos protagonistas: José Valencia, Enrique el Extremeño, Segundo Falcón, Moi de Morón, Jeromo Segura, David Lagos y Alfredo Tejada. Ahí es nada.

Era el colofón de un espectáculo repleto de gestos de Yerbabuena de todas sus influencias: las de sus primeros maestros en Granada, la de su paso por Madrid, su decisivo encuentro con Pina Bausch o su búsqueda de nuevos lenguajes, siempre asentada, raíz prieta, en la tierra del flamenco.

Y todo ello con la música y única guitarra de su compañero fundamental: Paco Jarana, la percusión de Antonio Coronel y las palmas de Torombo. Sin olvidar, por supuesto, la voz magistral y única de Alana Sinkëy, que nos puso el corazón en un puño.

Malagueña, pregón, petenera, soleá..., todo cabía en los pies de Yerbabuena que, a modo de Pilar López, se ha rodeado de un elenco de hombres de lo mejor que hay ahora mismo en nuestro país: Christian Lozano, David Coria, Fernando Jiménez y Angel Fariña, además de Lorena Franco.

Sale la bailaora al escenario de forma impactante, calva, como si emulara un título de Ionesco, y la danza de Pina Bausch, esa que ambas tanto hicieron juntas, aparece en el escenario: movimientos sólo con la percusión. Bellísima la estampa, dura y a la vez, de hipnótica visión.

Baila Eva Yerbabuena con mantón, sacando otros lenguajes de los tradicionales, y le canta Valencia, pero Yerbabuena vuelve a tomar el mantón y lo usa como si fuera un sudario, una paloma en sus manos.

El montaje tiene unas luces, diseño de Fernando Martín, que recuerda los diseños arquitectónicos circulares de Niemeyer, girando alrededor de la artista.

Los bailaores se adaptan a los nuevos lenguajes de la bailaora, del contemporáneo al flamenco, de lo tradicional a lo impresionista. Buenos bailaores, buenos artistas.

«Apariencias» es un montaje lleno de detalles, como la proyección en un capote blanco de las «miserias humanas», en esa constante reflexión que Yerbabuena siempre imprime a sus obras. A más de uno nos gustaría ver esa pequeña libreta donde la bailaora escribe todos sus pensamientos y que son la génesis que luego origina maravillas creadoras como esta «Apariencias».

Mucha yerbabuena hubo en esta otra Maestranza, para goce y disfrute de quien simplemente ama la belleza. Lo demás, simplemente es secundario.

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