Cultura

Bienal de Flamenco: Poeta de cante grande

José de la Tomasa canta a La Alameda junto a su hijo Gabriel

Gabriel de la Tomasa, ayer en el Espacio Santa Clara
Gabriel de la Tomasa, ayer en el Espacio Santa Clara - ÓSCAR ROMERO
LUIS YBARRA Sevilla - Actualizado: Guardado en:

José de la Tomasa guarda un tarrito de albero bajo la barbilla. Tiene a La Alameda entre barrotes. Escondida. La lleva en un rincón de su memoria y, desde ahí, hace que asome la cara a su antojo. Anoche le quito las telarañas a la plaza honda de Sevilla. Echó un paño húmedo por el recuerdo y sacó brillo a las cuatro columnas junto a su hijo, que protagonizó la primera parte del espectáculo acompañado por la acertada guitarra de Miguel Salado.

José de la Tomasa
José de la Tomasa- ÓSCAR ROMERO

Gabriel comenzó cantando la farruca con la intención de hacer bajar a Pastora la de los Peines. Que hiciese palmas desde una esquina de Santa Clara. El nieto de Pies de Plomo viene empapado de detalles propios de su familia. Atesora el romero verde que sembró su padre. No se eleva en exceso porque aún tiene que pulirse. Le falta sentenciar y matizar con mayor solvencia. Aunque ahí hay un cantaor tan delicado como largo. Camina con sigilo pero conoce el grito de una época. Por eso Caracol, la casa de los Pavón, Carbonerillo, El Pinto y otros tantos fueron mentados en la cantiña.

También interpretó un romance interesante. Pues mostró la evolución de este palo desde el estilo del Negro del Puerto, sin acompañamiento de guitarra, a las perlas acompasadas que nos regaló Mairena. Se apagó en la malagueña. Pero luego tiró el caramelo de la soleá de Triana: «Corre ve y dile al maestro/ que te ha enseñado a querer/ que te devuelva el dinero/ porque no te ha enseñado bien».

José, sin embargo, es otra cosa. Parece un cantaor pintado en blanco y negro. Sus letras van del puño a la garganta. Y da la sensación de que las escribe según canta: «Por la Alameda va Manuel Torre/ con dos galgos de la mano/ y los Hércules naqueran/ vaya estirpe de gitanos». Araña acariciando en la soleá. Ay, la espuela de su taranto. El de la Calle Feria despachó varios gañafones de hondura en la toná y sobre todo en la seguirilla. Lleva a Tomás Pavón en el pañuelo. Y con él se abre en canales para que salgan los demonios. Es una fuente de Machado que le ha puesto comas al cante, sílabas tónicas, paladar y un fraseo exquisito que únicamente él puede ejecutar. Porque todo lo hace letra a letra, verso a verso. La voz a veces falla, pero lleva tantos jípios en la espalda que sabe colarse por otro sitio sin que casi nadie sospeche. Aprieta las manos con las que sueña postales. Y los fandangos se le caen por la boca: «Tu presumes de haber visto/ Nueva York, Londres y París/ pero no has visto ni a Triana/ ni ver al Cachorro salir/ reflejándose en el agua». Es poeta de cante grande.

José de la Tomasa, ayer en el Espacio Santa Clara
José de la Tomasa, ayer en el Espacio Santa Clara- ÓSCAR ROMERO
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