Cultura

Antonio Moreno, experimento al golpe

El percusionista Antonio Moreno presenta «Al Golpe», un espectáculo vanguardista difícil de seguir

El percusionista Antonio Moreno
El percusionista Antonio Moreno - ABC
LUIS YBARRA Sevilla - Actualizado: Guardado en:

La libertad es un pilar fundamental para la creación artística. Pero si no se profundiza en el concepto, se puede caer en el libertinaje. En la tarde de ayer se presentó «Al Golpe» bajo la dirección de Pedro G. Romero y con el percusionista Antonio Moreno como cabeza de cartel. Que la riqueza del compás de este género sea tan inmensa como para protagonizar un concierto y no aburrir, es un triunfo del flamenco. Pero la línea que separa a la vanguardia del absurdo es, en ocasiones, delgada. Y este espectáculo jugaba a la comba con ella. Por momentos resultaba difícil seguir el hilo conductor, que lo había. Una compleja historia de pistoleros y gamberros narrada a través de golpes de instrumentos y objetos. Todo se simplificaba en el programa de mano. De repente, algo cobraba sentido. El ritmo vibraba y el público alzaba la cara. Pero se volatilizaba en la fugacidad de un instante.

Por supuesto, hubo buenos momentos durante la tarde en San Luis. Juan José Amador colaboró cantando saeta, taranta y soleá por bulería con acompañamientos de gong, vibráfono y otros instrumentos improvisados, como mesas o platos. El sevillano tiene las esquinas del pescuezo afiladas. Y todo lo que filtra por las amígdalas aparece magistralmente quebrado. Suele brindar su cante tras el baile, pero es todo un lujo oírlo gemir alante. El músico Agustín Jiménez interpretó una minera de Paco de Lucía, también con vibráfono. Y Antonio le siguió con la rondeña de Ramón Montoya. La música que consiguieron fue bella e interesante.

A lo largo de la historia numerosos artistas han tratado de explicar aquello del compás interno. Una afirmación abstracta pero real. Porque existe. Y Antonio Moreno lo tiene. Es un prodigio del ritmo. Lo muestra agitando varas sobre el aire, golpeando piedras o tambores. El soporte no le importa. Pero la presentación de esta performance experimental no se entendió demasiado. Voces en off, ruidos de botellines, cucharas y sonidos guturales. Todo rozaba el surrealismo. A veces divertido. Otras inentendible.

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