Entrevista

Zenet: «Le pediría a los grandes sellos discográficos que se renovaran»

El músico malagueño sale de gira con su disco «Si sucede, conviene», en el que vuelve a unir aires castizos, latinos y canallas

 Zenet: «Le pediría a los grandes sellos discográficos que se renovaran»

En una época en que se impone la uniformidad musical, es de agradecer que todavía existan voces con personalidad propia. Es el caso del malagueño Zenet, un artista que recupera un acento castizo pero que también tiene algo de tanguero, de arrabalero. Un sonido que sabe a madera y metales, a ambiente canalla, y en cuya puesta en escena la interacción con el público es constante.

Ahora acaba de publicar su cuarto disco de estudio, «Si sucede, conviene» (El Volcán Música), para el que ha vuelto a confabularse con el guitarrista José Taboada para la música y el poeta Javier Laguna para las letras, y que ya presentó el pasado 28 de septiembre en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid con las entradas agotadas.

«Si sucede, conviene». ¿Por qué no iba a suceder?

El caso es que sucedió, sí. Le robé la frase a Manuel Machado, el trompetista cubano, que en un momento de contrariedad, creo recordar que nos habíamos quedado sin transporte, dijo: «Tranquilo hermano, ante cualquier contrarieda, hay que pensar que si sucede, es que conviene». Me dio muy buena onda. Siempre hay alguna razón que el universo esconde, y nos va a compensar. Es muy optimista como eslogan.

Llaman la atención esos acentos de tango, de Brasil...

Siempre he tenido esos aires. En mis discos siempre hay una admiración por las armonías sudamericana. En nuestro primer single, «Fuiste tú», por ejemplo, tenía ganas de divertirme con las armonías cubanas y brasileñas.

Han pasado cuatro años desde el anterior trabajo, «La menor explicación»,

Hay que tener en cuenta que hace un año pensamos que ya teníamos un repertorio maravilloso que queríamos dar a conocer en otros países, como México. Presentamos un recopilatorio («Soñar contigo. Una colección de sus grandes canciones») que nos ha abierto las puertas a esos territorios. Hay un repertorio de cuarenta canciones, y quedaba mucha gente a la que había que darlas a conocer.

En la interpretación se nota que disfruta.

Siempre digo que hago la música que me gustaría escuchar, y a la hora de comunicarla a los demás intento sumergirme en cada canción, poner el alma para expresarlas con fidelidad.

¿Cómo surgió el personaje de sombrero y traje?

Siempre he llevado sombrero, desde jovencito, con 15 o 16 años, formaba parte de mi estética. No era habitual en esa época, pero lo llevaba porque me gustaba, y en algún barrio calentito de Málaga lo tuve que defender a capa y espada. Aunque también es verdad que pasé por varias fases: punk, hippie... El sombrero estaba relacionado con el mundo cinematográfico, para dar a la vida otro carácter, y terminé integrándolo dentro de mi vida profesional. Lo que sí es cierto es que hay un personaje literario en las letras del escritor Javier Laguna.

¿Cúales diría que son las claves de este álbum?

El estudio sigue siendo parte esencial de la fase creativa. Me gusta ser muy flexible, llevamos el esqueleto de la canción y la terminamos de arreglar y le damos el estilo definitivo en el estudio. Carlos Narea, el productor, es un perro viejo de la música en este país, y lo ha hecho todo. Me hacía ilusión trabajar con alguien externo a nuestro equipo habitual. Ha sido una experiencia nueva, se ha adaptado a nuestra manera de funcionar, de grabar como en directo, sin muchas capas, que resulte natural, y se ha adaptado perfectamente. La fase de grabación ha sido una extensión de la fase creativa, cada día había una cosa nueva

¿Y cómo es el trabajo entre los autores de los temas, Javier Laguna, José Taboada y Zenet? ¿Cómo surge esa conexión, esa magia?

No siempre estamos juntos cuando ocurre. Javier va mandando cosas, frases, propuestas de canción, y José y yo vamos jugueteando, las vestimos de una manera o de otra, vamos probando géneros, haciendo descartes. Es cierto que a mí me gusta salirme de la zona de confort. Si arriesgas, te vas encontrando con cosas más interesantes. Buscamos géneros nuevos. Nos nutrimos de estilos de otros países, te encuentras armonías sorprendentes. Por ejemplo «Mereció la pena» es una zambra, pero va evolucionando. A veces empezamos con un estilo y terminamos con otro. Es un triángulo de admiración el que sentimos, y eso abre caminos.

Desde «Los mares de China», su debut en 2008, se ha hecho un hueco en la música española con una propuesta poco habitual

Siempre he hecho lo que quería hacer. Es verdad que al principio encuentras eso de que «oye, que esto no es comercial», pero luego te das cuenta de que a los conciertos vienen hasta tres generaciones. Me ha pasado de decirle a una familia con una chica de 17 años «gracias por traer a tu hija», y que me digan los padres que no, «agradéceselo a ella que es la que nos ha traído». Las taquillas se venden enteras. Ocupamos un lugar que, como dijo una vez un periodista, estaba vacío.

Justo es lo que se hecha de menos, música diferente.

Están ocurriendo dos fenómenos, paralelos. Por un lado se ha globalizado que cada uno pueda hacer su disco en casa, y por otro las grandes compañías no se renuevan y no abren nuevas direcciones. En el mercado anglosajón sí hay un tejido industrial para todos los estilos. Yo les pediría a las grandes compañías de aquí, de España, que se renovaran. No vamos a la par los usuarios y lo que venden los sellos.

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