Jesús Álvarez es periodista de ABC de Sevilla
Jesús Álvarez es periodista de ABC de Sevilla - ABC
LIBROS

Jesús Álvarez: «Los linces están más protegidos en España que los parados mayores de 50 años»

El periodista retrata en «El ingeniero que no sabía bailar» la dureza de la crisis en Sevilla con la historia de un ingeniero que perdió su empleo y acabó en un comedor social

SEVILLAActualizado:

En la Navidad de 2014 un periodista de ABC visitó el comedor social de San Juan de Dios, enclavado en una casa palacio de la calle Misericordia, para realizar un reportaje que se publicó la Nochebuena de 2014. Jesús Álvarez descubrió allí que la dureza de la crisis económica había incorporado un nuevo tipo de visitante nunca visto en las instituciones de caridad: el de profesionales maduros, algunos con títulos universitarios superiores, que habían perdido su empleo y sus ahorros y que compartían mesa y mantel con los tradicionales usuarios de los comedores sociales: indigentes, personas sin hogar y otras con problemas mentales, de alcoholismo y otras drogas. Entre estos nuevos visitantes había un ingeniero industrial cuya historia de caída y renacimiento, de amistades inesperadas y segundas oportunidades, ha novelado este periodista en «El ingeniero que no sabía bailar», un libro que se puede adquirir únicamente en Amazon.

– Tras su visita al comedor social de San Juan de Dios. ¿En qué momento pasó de ser periodista a convertirse en novelista?

– Intenté hablar con el ingeniero para poder contar su historia en periódico, pero no quiso hablar conmigo, algo que entendí. Seguramente yo tampoco querría hablar con un periodista si fuera a un comedor social y hubiera perdido de forma tan dramática mi lugar en el mundo, no sólo laboral, sino también el universo social en el que se había desenvuelto sin problemas y con normalidad hasta el principio de la crisis. Y debió ser aún más doloroso en una ciudad como Sevilla en la que las apariencias son tan importantes. Decidí escribir, pues, una historia de ficción centrada en esta persona pero que intentara retratar lo que ha ocurrido en Sevilla y en otros lugares de España a parte de una generación, la de las personas mayores de 50 años, a las que la crisis las dejó desubicadas y, en algunos casos como éste, completamente desamparadas. Creo que los linces de Doñana están mucho mejor atendidos y protegidos por las administraciones públicas que muchas de estas personas.

– ¿Conoce a muchas personas en esta situación tan extrema?

– En la situación de tener que ir a un comedor social para meter un plato caliente en el estómago, no. Pero situaciones muy difíciles, de no poder hacer ni un solo gasto extra y de sufrir lo indecible si se estropea un electrodoméstico o se desmadra el recibo de la luz o del agua, sí. Tres de mis mejores amigos están en paro desde hace más de dos años y ya no perciben ningún subsidio. Uno de ellos es ingeniero industrial. También conozco a algunos compañeros de profesión en situación muy precaria y un familiar muy cercano lleva más de cinco años desempleado. Sin el colchón familiar del que carece el protagonista de la novela, alguno de ellos podría encontrarse con él cualquier día en ese comedor. Y yo mismo, por supuesto, si me ocurriera lo que a ellos.

– El ingeniero de su novela encadena una serie de circunstancias desvaforables que le hacen acabar allí sin tener dinero para comer.

– El protagonista de la novela tenía una buena casa, compraba ropa de marca, era socio de un club deportivo, alternaba con personas de la clase media sevillana, cenaba los fines de semana en buenos restaurantes y viajaba todos los años al extranjero. La pérdida de su empleo, la elección de un mal producto financiero para todos sus ahorros y el hecho de no contar con ese colchón de apoyo familiar, unido a la costosa enfermedad de su madre, le va conduciendo a un descenso paulatino e inesperado a la pobreza. Es una situación que quienes la sufren la suelen ocultar por vergüenza, por dignidad o porque no quieren suscitar lástima en otras personas a las que miraban de tú a tú antes de la crisis. Creo que ellos son los perdedores menos conocidos de la crisis económica.

– El protagonista pierde su empleo por la globalización y los avances tecnológicos que permiten que su trabajo sea realizado desde un lugar situado a miles de kilómetros.

– Esto también es muy real. Todo se externaliza y las empresas se vacían. Y los primeros que salen de ellas son esos trabajadores con experiencia y sueldos más elevados, sustituidos generalmente por empleados más jóvenes, con menos experiencia y conocimientos, y con salarios mucho más bajos. Esto lleva pasando desde hace muchos años pero la crisis hizo estallar este fenómeno de forma generalizada en muchas compañías. Se ha aplicado el principio de obsolescencia programada con el que se fabrican muchos electrodomésticos pero no hablamos de cosas sino de personas. Por desgracia, ni el crecimiento económico ni esta lenta salida de la crisis está reintegrando en el mercado laboral a estas personas. De hecho, es el único colectivo en España en el que el paro no disminuye sino que aumenta.

– A pesar de que la historia es muy dura, la novela tiene un trasfondo optimista. ¿Las historias de crisis personales pueden tener un final feliz?

– Cuando las circunstancias son críticas, aflora lo mejor y lo peor de las personas. Álvaro llega el primer día al comedor social con una actitud muy altiva, despreciando a los integrantes de un mundo de perdedores al que no quiere pertenecer y que no considera el suyo. Pero allí conoce a una serie de personas que le ponen ante el espejo de sus propias contradicciones y le hacen cambiar su perspectiva sobre las cosas y sobre la vida. Encuentra a un informático con el que estuvo trabajando tiempo atrás y al que despidieron dos años antes que a él, y comprende que cuando era directivo tampoco fue justo con algunas personas que tenía a su cargo. Su relación con los voluntarios del comedor, y muy especialmente con la trabajadora social, es clave en esta extraordinaria evolución personal. Allí comprende realmente cuál es su situación. Creo que las personas que se enfrentan a la adversidad, si logran superarla, salen reforzadas.

– ¿La sociedad responde ante la situación de estas personas con un doble rasero?

– La sociedad en su conjunto también saca lo mejor y lo peor de sí misma en las coyunturas difíciles. A partir de los comedores de San Juan de Dios y de otras instituciones como Cáritas y algunas ongs se ha creado una gran red social de favores en torno a los más desfavorecidos, con odontólogos, fontaneros o electricistas que trabajan gratuitamente para estas personas que no tienen nada. Pero en los padecimientos de sus propios compañeros de comedor, Álvaro, el protagonista, también ve el revés de esa moneda, como es la aporofobia, el odio y la violencia hacia los pobres, algo que ha brotado en grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Sevilla, y que se ha agudizado con la crisis. ¿Qué lleva a un dentista a trabajar gratis para arreglarle la boca a personas sin recursos? ¿Qué lleva a que una pandilla de chavales de buena familia pase la noche de los viernes humillando a quienes duermen desahuciados en la calle? Esos son los contrastes emocionales de la crisis.

– Hay en la novela una trama judicial que enfrenta a uno de los usuarios del comedor social con el hijo de una persona muy famosa y reconocida de la ciudad. A la hora de la verdad, ¿la sociedad suele ponerse del lado del más débil?

– Cuando alguien que no tiene domicilio, viste con ropas sucias y rotas y vive en una plaza entre cartones pone una denuncia en una comisaría, aunque vaya con un ojo a la virulé y el cuerpo apaleado, no se le trata igual que si la pone usted o yo. Sin embargo, si un juez tiene pruebas de la comisión de un delito irá contra su autor, sea quien sea. Lo que pasa es que no es fácil conseguir esas pruebas frente a personas con mucho poder y abogados caros que se conocen todos los vericuetos legales y son expertos en retorcerlos a su conveniencia.

– ¿Sevilla es un personaje más de la novela?

– Sevilla es el lugar donde transcurre la historia y está presente en casi todas sus páginas: la plaza del Cristo de Burgos, las Setas, la plaza de los Azahares, la Alameda, la Macarena, el barrio de Los Remedios. También las hermandades cuya labor social en tiempos de crisis es callada pero inmensa. Pero los personajes son los sevillanos, los generosos y solidarios, y los que no lo son tanto. Los que empatizan con el sufrimiento de los demás y los que se burlan de los perdedores y disfrutan humillándolos. Esos los hay en Sevilla y en todas las ciudades del mundo.

– ¿Por qué ha publicado la novela en Amazon?

– El mercado editorial está cayendo y la apuesta de los dos grandes grupos españoles se centra en autores consagrados o en personas que tengan notoriedad pública o presentan concursos o programas de televisión. Hay una parte estimulante en publicar en Amazon, donde el contacto con los lectores es directo, se mueven nuevos autores y donde también se han consagrado firmas emergentes como la del último finalista del Premio Planeta, pero es difícil es lograr visibilidad porque no existe detrás el apoyo de una gran editorial ni una red de librerías que exponga tu libro en una estantería. Me hubiera gustado contar con un editor profesional que me ayudara y orientara, pero a cambio descubrí el apoyo desinteresado y el talento de amigos y compañeros de profesión que son lectores voraces y entendidos y que con sus sabrosas sugerencias me ayudaron a enriquecer el libro. Martín Sati, el diseñador sevillano de talla internacional que ha hecho campañas para McDonalds y otras grandes compañías norteamericanas y europeas, me hizo una portada impactante que muestra la construcción, deconstrucción y resurrección del ingeniero y le estoy muy agradecido por ello.