La tonalidad azulada contribuye a aumentar la sensación de melancolía de este cómic
La tonalidad azulada contribuye a aumentar la sensación de melancolía de este cómic
LIBROS

Seth y el gran cambio del cómic en los 90

Se reedita una de las mejores novelas gráficas de las pasadas décadas, «La vida es buena si no te rindes», mezcla de autobiografía y ficción sobre la búsqueda del pasado

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El pasado y la nostalgia son el centro no sólo de la obra de Seth (pseudónimo de Gregory Gallant, Ontario, 1962), sino de toda su persona. Inconfundible por su vestimenta a lo años 50 (trajes, corbatas anchas, tirantes, gafas de montura metálica, sombrero), no es exactamente de los que repiten como un mantra que todo tiempo pasado fue mejor, pero todo en él desprende una añoranza de otras décadas y una melancolía insoslayable a causa de esta.

Sin embargo, su obra como autor de cómic siempre ha sido una brillante mezcla de influencias clásicas e innovación. A comienzos de los 90 fue una de las voces (junto a sus buenos amigos Chester Brown y Joe Matt y a la más «punk» Julie Doucet) que llamaron la atención con un estilo de narración autobiográfica directa y descarnada, pero sin exageraciones. Un estilo radicalmente opuesto –por supuesto– a las historias de superhéroes que dominaban el cómic comercial, pero también muy distinto a los grandes referentes de los tebeos independientes en esa época: menos «culebronero» que las historias de los «bros» Hernandez, menos experimental que el de Art Spiegelman y menos caricaturesco que el de la revista «Weirdo», de Robert Crumb.

Obra fundamental

Por eso es importante esta reedición a cargo de Salamandra Graphic (traducción de Esther Cruz Santaella) de la primera gran obra de Seth, «La vida es buena si no te rindes», serializada originalmente entre 1993 y 1996 en «Palookaville» –el cómic en el que ha ido desarrollando gran parte de sus proyectos– y publicada por primera vez en España en 2009 por Sins Entido, edición que hoy en día estaba prácticamente descatalogada.

«La vida es buena si no te rindes» fue alabada desde el primer momento como una obra maestra y sigue siendo una lectura fundamental por dos motivos. En primer lugar, marca el paso de Seth entre la autobiografía y la ficción; de hecho, esta novela es una mezcla de ambas, ya que Seth habla con Chester Brown de sus melancólicas y muy reales obsesiones mientras narra cómo le sigue la pista a un ficticio dibujante de los años 50 de cuya obra encuentra muy pocos rastros.

Seth narra lo que todos vivimos (bien, si no nos rendimos). Y lo hace con elegancia y recursos técnicos

En segundo lugar, es quizá el Seth más «puro», más alejado de influencias que en obras posteriores. Por ejemplo, en «Wimbledon Green» (Sins Entido, 2012) homenajeaba los tebeos de aventuras humorísticas de los años 40 o 50; en «George Sprott, 1894-1975» (Reservoir Books, 2009) se nota la alargada sombra de Chris Ware. Pero en esta novela gráfica, pese a ser una obra ya claramente madura, tan sólo se ve la leve huella de los dibujantes clásicos de revistas como «The New Yorker», eterno referente de los suaves trazos de Seth.

Calmada tristeza

Pero todo esto son detalles técnicos. Lo fundamental es que esta novela gráfica es una obra muy honda. Aunque sus diatribas puedan ser algo irritantes para los que no somos muy dados a la nostalgia, su sinceridad es desarmante y la calmada tristeza que desprende se contagia. No narra grandes dramas, en general pasan pocas cosas memorables y el misterio –si se me perdona que destripe un poco el final– es meramente la historia de una carrera que nunca llegó a despegar y de una vida (buena) como tantas otras.

Si eso les suena, es normal. Es lo que vivimos (bien, si no nos rendimos) todos. Y Seth lo narra con elegancia y recursos técnicos. Como una elipsis que otros hubieran despachado con un rótulo de «Un año después» y que Seth aprovecha para regalarnos cinco páginas mudas sobre el paso del tiempo que son una belleza.