El escritor judío Aharon Appelfeld, recientemente fallecido
El escritor judío Aharon Appelfeld, recientemente fallecido - Ignacio Gil
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«Katerina»: el demonio del antisemitismo, según Aharon Appelfeld

La joven campesina Katerina, protagonista de esta historia, vive un proceso de empatía con los judíos perseguidos y masacrados

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Desaparecido hace unos meses, Aharon Appelfeld, que había nacido en 1932 en la misma localidad que Paul Celan, en Czernowitz, en la Bucovina -hoy Ucrania-, es uno de los más señeros escritores en lengua hebrea. Gran amigo de Philip Roth, con el que mantendría un estupendo diálogo en el libro de este último «El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras», se convertiría igualmente en 1993 en personaje principal de la novela «Operación Shylock», de Roth.

De una generación intermedia entre el primer Premio Nobel de la literatura hebrea, S. Y. Agnon y Amos Oz y Grossman, los autores actuales israelíes más internacionales -junto a Abraham B. Yehoshua-, Appelfeld es menos intelectualizado que este último, y cultivador de de una narrativa mucho más impresionista y elegíaca. Salvado milagrosamente del Holocausto cuando era un niño (lo que relata en su emocionante libro de memorias «Historia de una vida»), y a pesar de que aquella terrible catástrofe sobrevoló de forma permanente por su literatura, se negó siempre a ser encuadrado dentro de la categoría de «escritores del Holocausto».

Appelfeld está siendo recuperado por Galaxia Gutenberg, donde ya han aparecido dos de sus más famosas novelas: «Flores de sombra» y «Tzili, la historia de una vida». A menudo, como le sucedió de niño, cuando escapó a los 10 años de un campo de concentración en Transnitria, refugiándose en los bosques donde sobrevivió entre ladrones de caballos, prostitutas y partisanos, sus historias están protagonizadas por seres errantes, vagabundos y prófugos que huyen de una muerte segura. Unas veces eran judíos recién liberados de los campos de exterminio, otras cazadores de nazis a la búsqueda de los asesinos de sus padres. Regresos al lugar donde había ocurrido todo, que se revelaban imposibles ya que las huellas seguían vigentes, sin sentido de culpa. Este es el caso de la novela Katerina, la estremecedora historia de una joven campesina ucraniana que siente como suyo el dolor de los judíos perseguidos y siempre mirados con recelo, antes de la llegada de los alemanes, pero también después de la guerra, cuando ya no queda nadie a quien odiar.

«Conversión»

Así lo comprobará Katerina cuando de anciana retorna a su pequeña aldea: el antisemitismo que los había aniquilado de raíz en esas zonas del este de Europa seguía como un veneno inmemorial. La elegía dolorosa de Appelfeld se dedicaría a narrar la imposible vuelta a un mundo desaparecido.

Escrita en 1989, «Katerina» narra desde dentro mismo del demonio del racismo y el desprecio hacia el diferente, la más irracional y feroz versión del antisemitismo en estado puro. Joven sencilla de un pequeño pueblo ucraniano, Katerina se escapa de su casa donde la maltratan y se emplea como criada en un universo para ella desconocido: en una casa de judíos. Allí hará el camino inverso del odio, de la acostumbrada asimilación que muchos judíos de antes de la guerra efectuaban en cada uno de los países donde vivían. Katerina inicia una «conversión» que nada tiene que ver con lo religioso, sino que tendrá un carácter humano, de comprensión por un modo de entender la vida.