Francisca Granados, el pasado verano
Francisca Granados, el pasado verano - ABC

Paqui Granados: «Fueron a por mí, me pintaron como una manipuladora»

La asesora legal del centro de la mujer de Maracena está acusada de inductora en un delito de sustracción de menores

SEVILLAActualizado:

Francisca Granados, la asesora de Juana Rivas, habla con voz firme y segura. Se agarra a las leyes y normativas que asegura que avalan su gestión en el centro de la mujer de Maracena (Granada) como un naúfrago al madero. Los recita de carrerilla. A Paqui, como la conoce todo el mundo, no la pueden acusar de no conocer la legislación en la que se mueve. «Llevo 25 años en esto», presume.

Ella se sabe cuestionada, pero su seguridad no tiene fisuras. Cree en sí misma sin dudas. Aun cuando su asesorada más célebre ha acabado acusada de desobendiencia y de sustracción de menores. Aún cuando ella misma está acusada también de la sustracción de los dos hijos de Juana. «Ni me he parado a pensar si soy inocente o culpable», responde sorprendida de que alguien dude de ella. «Claro que soy inocente. No sé por qué estoy imputada». Obvia las semanas que Juana Rivas se ocultó con sus hijos para no entregárselos al padre, pese a que había una sentencia que la obligaba. Pasa por alto que ella era quien asesoraba legalmente a Juana. Se agarra a que ella no dio la orden de esconderse a la madre maltratada, solo la asesoró.

Para Granados, quienes la atacan es por machismo. «Hay muchos estereotipos machistas. Primero fueron a por Juana, la tacharon de pobre mujer débil. Luego fueron a por mi, me pintaron como una manipuladora. Para ellos solo hay esos dos tipos de mujer: o la débil o la mala». Aunque nadie discute la realidad de Juana Rivas -es una mujer maltratada como recoge una sentencia judicial firme-, Paqui se siente juzgada en su labor de asesora. Pero ella sola se absuelve: «Algún tribunal le va a dar la razón a Juana y este despacho va a seguir trabajando». Su fe en sí misma es inquebranatable. Solo pierde la calma ante la pregunta de si volvería a aconsejar lo mismo a Juana: «¿Consejos? ¿Qué consejos? Yo no doy consejos, yo asesoro», se indigna. Pero no responde sobre si volvería a sugerir lo mismo a la madre de Granada.

La asesora legal de Juana Rivas defiende su trabajo con la misma pasión que a su equipo. «Somos un sericio multidisciplinar especializado en defensa de la mujer maltratada», explica. E insiste en que el centro de ayuda a la mujer que dirige son todos funcionarios. «Somos la administración», se reivindica. Y asegura que su imagen acabó abriendo los telediarios todo el pasado verano «porque había que buscar una cabeza de turco» y le tocó a ella.

Cuestionada por su formación, se defiende antes de ser preguntada: «Yo no soy abogada, no sé de Derecho Procesal. Yo soy asesora legal y para eso no hay que estar colegiada, ¿no?», se cuestiona sabiendo que por ese flanco la atacaron este verano. Ella es capaz de pasar de recitar leyes a hablar con emoción de los casos que pasan por su despacho. «Después de 25 años, el dolor de las mujeres maltratadas me sigue llegando», dice.

Lo que no le llega es la autocrítica. Su asesorada -«He asesorado a Juana y la sigo asesorando»- está acusada de dos delitos, ella de uno y los nilños, con el padre condenado pro maltrato, justo lo que han tratado de evitar durante meses. Pero ella se aferra a que cada palo aguante su vela: «Seguramente habremos cometido errores, pero aquí ha habido muchas parcelas de responsabilidad. Una cosa es lo que hace la letrada, eso es su responsabilidad y otra es mi servicio». Paqui, que no da puntada sin hilo, aputa sin acabar de apretar el gatillo. Que le pregunten a los abogados.

«El caso de Juana -dice- es una antes y un después. Y ahora estamos a ver cómo construimos ese después». Ella ya mira al futuro. Se equivocan quienes pretendan que Paqui se defienda con palabras gruesas. «”La mano que mece la cuna” me han llegado a decir», se ríe. Ella responde a quienes la atacan con leyes recitadas de memoria y una seguridad pasmosa. Hacia adelante siempre.