Andalucía

El palomar más grande y antiguo del mundo

Una hacienda del siglo XVIII entre Barbate y Los Caños alberga 7.700 nidos de terracota

Una visitante fotografía una de las calles jalonadas por nidos de terracota - R. MAESTRE
ROMUALDO MAESTRE San Ambrosio (Cádiz) - Actualizado: Guardado en:

Entre la carretera que une Barbate y Los Caños de Meca se encuentra El Palomar de la Breña, un espectáculo etnográfico único por su singularidad y una belleza de la arquitectura popular. Sobre muros de adobe de once metros de altura hay construidos 7.770 columbarios o nidos de terracota para palomas en alrededor de una docena de calles estrechas a cielo abierto. Originario del siglo XVIII fue considerado el más grande del mundo durante mucho tiempo. Se registró incluso en el libro Guiness de los Récords, hasta que aparecieron dos con más nichos, uno en Huelva y otro en Cádiz.

La portada de la hacienda tiene un aire mexicano debido a la familia Fagoaga.
La portada de la hacienda tiene un aire mexicano debido a la familia Fagoaga.- R. MAESTRE

«Así y con todo, estos son más modernos, menos nobles, con los huecos para las palomas más juntos y estrechos; es más, creemos que son copias del nuestro», afirma José Luis Larramendi, uno de los tres socios que recalaron en San Ambrosio, una aldea rural donde se encuentra la hacienda de «La Porquera», en pleno parque natural, y lo salvaron de la piqueta del desarrollismo. Sin protección alguna, su anterior dueño quería derribar lo que quedaba de esta explotación agrícola y ganadera.

«La Porquera» (donde duermen los jabalíes) la compró en el siglo XVIII Ventura de Osio y Salazar, administrador de la Real Aduana de Cádiz y a la sazón ministro de la Real Hacienda. En 1727 recibe una cédula real que le permite reconstruir las colmenas y mantener abierto el palomar, privilegio este de criar pichones para el comercio solamente de nobles. El propio Osio relata en su testamento —documento que solía redactarse antes de emprender un viaje de larga duración por los peligros que entrañaba— cómo fue comprando tierras cercanas de distintos propietarios. Además de la vivienda, el oratorio, la bodega, los almacenes, un gran colmenar y por supuesto el palomar, la hacienda consta de olivar, viñas, moreras, arboleda, tierras calmas (para cultivos de secano) y huerta.

Larramendi, navarro de nacimiento, se muestra orgulloso de su obra de recuperación y narra la historia como si fuera ya la de su familia. No en vano lleva investigando el tema mucho tiempo. «Muchos afirman que Ventura de Osio comerciaba los palomos como carne fresca para los barcos que marchaban a América, pero yo tengo serias dudas de que los pichones fueran comida común para la marinería; más bien era un manjar para la burguesía de la época en Cádiz capital», señala a este redactor.

«Sin olvidar tampoco la importancia de las palomas mensajeras, que aquí tenían un palomar aparte; tenga en cuenta que el trayecto entre Madrid y Cádiz en aquella época podía durar 15 días y estas aves lo hacían en 24 horas», añade. «Además, cuando los barcos arribaban a Cádiz procedentes de América cargados de plata, podían mandar mensajes vía aérea para avisar de su llegada y prevenir ataques piratas», explica uno de los tres socios que regentan este bello lugar, ahora reconvertido en un hotel con encanto de 15 habitaciones.

Nitrato para pólvora

Un hecho curioso de El Palomar de La Breña es que nunca se ha transmitido de padres a hijos. Siempre ha tenido diferentes dueños, incluido el Arzobispado de Cádiz. Cuando de verdad se amplía es con Pedro de Fagoaga, procedente de una familia mexicana. Nada más hay que ver la reforma que le hace a la fachada de la casa, en la que le da un aire completamente charro. Los Fagoaga tenían minas en Zacatecas y tras un largo decaimiento resurgen. Necesitaban mucha pólvora: azufre, carbón y salitre. Y qué mejor elemento para este último componente que el nitrato natural que se encontraba en el palomar. Multiplicaron por veinte su tamaño.

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