Alicia Villapadierna y Ricardo Arranz en Marbella
Alicia Villapadierna y Ricardo Arranz en Marbella - KMJ/KMA
GENTE

Alicia Villapadierna, el adiós de la gran anfitriona de Marbella

Su educación, compromiso y dotes sociales la convirtieron en una las damas de referencia de alta sociedad española

MARBELLAActualizado:

Alicia Padierna de Villapadierna y Klein nació en Madrid hace 57 años. Un cáncer, contra el que nunca dejó de luchar, se la llevó en Marbella el pasado 5 de abril. Era hija del singular José María de Villapadierna y Avecilla, Conde de Villapadierna, que también falleció de un cáncer a los 69 años. Antes, el conde había llevado una «dolce vita» entre carreras de automóvil, caballos y conquistas, entre las que se cuenta que estuvo la actriz Rita Hayworth. El corazón del conde lo robó Alicia Klein, una golfista perteneciente la alta burguesía europea.

El matrimonio tuvo dos hijos, Alicia y Felipe, que heredó el título nobiliario que creara Alfonso XII, criados durante temporadas en la urbanización Guadalmina de Marbella. Allí también residieron Rafael y Eugenia Castillo, hermanos de una relación anterior de Alicia Klein. «Era la niña más guapa de Madrid», según sus amigas. Don natural que complementó con los años con una exquisita educación a la altura de la alta nobleza europea. Estudió diseño en Parsons The New School for Design de Nueva York, donde hizo valer su excelente dotación intelectual en los mejores colegios de Suiza. Hablaba a la perfección inglés, francés e italiano, que le sirvió a la postre para ser una de las más grandes anfitrionas de Marbella.

En 1992 se casó con Ricardo Arranz de Miguel. «Era diez años mayor que ella y se enamoró locamente. Fue por Ricardo que se trasladó a vivir a Marbella», explica Llanos Espinosa, su mejor amiga en los últimos 30 años. La «perla de la Costa del Sol» era el refugio de su madre tras la muerte del conde y fue el lugar donde Alicia Villapadierna hizo realidad sus sueños, que pasaron por sus hoteles. La familia ha residido desde entonces en un antiguo cuartel de la Guardia Civil –«cuartel del duque»–, donde siguen instalados su marido e hijos. «Hechos polvo» por la ausencia, como explican a ABC, fuentes cercanas a la familia.

Extrovertida y sociable

Ricardo Arranz se ocupaba de la decoración de sus viviendas, ya que es conocido por ser notable empresario y coleccionista de arte. Sin embargo, era Alicia la que daba el toque especial a la casa. Fue una «excelente compañera de vida» de un hombre de negocios bien relacionado. Si Ricardo Arranz es tímido, reservado y serio, ella era «extrovertida, sociable y con un gran don de gentes».

La pareja gestionaba dos hoteles. Villa Padierna Palace y Villa Padierna Thermas, en Carratraca, en el interior de Málaga. Avanzado está el proyecto de un tercero en asociación con Four Seasons en Los Altos de Los Monteros, al lado de un gran complejo residencial. Aquí es donde más destacaba su faceta acogedora, porque recibía con la misma naturalidad a cualquiera de sus amigos que a Michelle Obama, Joseph Kabila, presidente del Congo, cuya esposa fue enterrada en Marbella dos días antes que Alicia Villapadierna, al duque de Alba o Rainiero de Mónaco.

Hasta el pasado 5 de abril, Alicia fue feliz. Lo fue siempre, como ocurrió durante sus cuatro embarazos. «El resto de sus amigas nos quejábamos de gordas o de estar incómodas y ella disfrutaba enormemente de su estado con muchísima ilusión», recuerda Espinosa. Madre entregada a la que sus cuatro hijos, Alejandro, Felipe, Ricardo y Nicolás, llamaban hasta tres veces al día para buscar su consejo.

Solidaria y devota

No tuvo una niña, pero ahijó a una pequeña nepalí, Bhawana, de la que se ocupaba con mimo y a la que visitaba dos y tres veces al año para hablar con sus profesores y tutoras. Le pagó los estudios y financió los gastos familiares de vivienda, ropa, alimentación, libros… «Era como una hija más», señala Espinosa, que recuerda a Alicia Villapadierna siendo una buena esquiadora, haciendo honor al apellido Klein en los campos de golf y ayudando a los demás en su faceta filantrópica.

Cuando sus hijos fueron independientes, abrió «Boutique by Alicia». Un reto en la vida que le llevó a recorrer India, China y Nepal en busca de las mejores sedas, algodones y cashmire para sus diseños de ropa. Devota del Cristo de Medinaceli, al que visitaba con asiduidad en Madrid, y entusiasta de la vida. «Una tarde de compras con sus amigas era una fiesta y una cena con sus hijos suponía el plan de su vida», añade Llanos Espinosa, que la recuerda como «una excelente amiga muy intransigente con quien considerara que le había traicionado». Espinosa destaca que en tres décadas de amistad «jamás criticó a nadie». «Vivía la vida de una forma tan intensa, que no perdía ni un minuto en juzgar a los demás», afirma.

Siempre con esperanza

En vivir ocupó el tiempo en el que la enfermedad la atacó. Desde el primer día de diagnóstico en Estados Unidos supo la probabilidad que tenía de vida. No se derrumbó y decidió luchar con todas sus fuerzas por vencer. Según sus allegados, se sometió a una quimio «durísima», sin que eso le afectara para hacer su vida normal con tres sesiones de «aquagym» a la semana, dos de yoga, caminatas de 2 y 3 horas y viajes a la feria de Paris o Milán para comprar materiales para la Boutique.

Modificó su alimentación para prepararse mejor para luchar contra el cáncer, practicaba meditación a diario y se sometía a tratamientos complementarios. Sus amigos dicen que «siempre mantuvo la esperanza». Hasta el pasado 5 de abril, cuando se marchó la gran anfitriona de la «jet-set» en Marbella.