Pablo García Baena, Juana Castro, Pablo García Casado y María Sánchez
Pablo García Baena, Juana Castro, Pablo García Casado y María Sánchez
LITERATURA

Doce poemas de autores de Córdoba para celebrar el Día Internacional de la Poesía

ABC Córdoba reúne textos de una docena de poetas cordobeses para celebrar el Día Internacional de este arte literario

CÓRDOBAActualizado:

El 21 de marzo se celebra el Día Internacional de la Poesía, coincidiendo con la llegada de la primavera, tal y como dictó la ONU en una resolución de 1999. Para celebrar esta fecha señalada, ABC Córdoba recopila doce textos de poetas con raíces cordobesas.

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  1. Pablo García Baena

    Pablo García Baena durante su última entrevista con ABC
    Pablo García Baena durante su última entrevista con ABC - VALERIO MERINO

    Pablo García Baena (1923-2018) fue uno de los fundadores de la revista «Cántico» y considerado hasta el final de sus días un maestro de poetas. En el siguiente poema, el autor, que celebró a través de sus letras los placeres mundanos pero también la tradición y el cristianismo, dibuja una escena erótica enclavada en un Viernes Santo.

    «VIERNES SANTO»

    Hace frío en los atrios esta noche,

    ascuas de cobre sobre los braseros aviva la criada

    y la helada ginebra enfría el labio.

    Roberto Carlos baja tu voz desde el Brasil, oh cuerpo tuyo,

    oh alma mía asómate al gallo, no,

    no le conozco, a la mirada, no, no quiero ver,

    sólo tu pecho entreabriendo rosa oscura

    a la táctil araña de las manos.

    Y está el Pretorio frío con el alba,

    jaspes yertos, columna,

    y desnudo, desnudo hasta la sangre,

    nos desnudamos, rito, sobre el lecho, cordeles lacerantes

    de los besos, caricias aprietan,

    tiran, tinta la res del sacrificio,

    soldados, carcajadas, extinguidas antorchas humeantes,

    oh qué hambrienta vesania, brasas, bocas

    ardiendo, crepitantes leños rojos,

    la túnica de loco arrodillado busca,

    ya no blanca, ni grana, ni violeta,

    sí rígida por las costras,

    por el rayo fulmíneo que derriba

    y no apagues la luz quiero verte los ojos,

    averigua quién te dio el golpe,

    el mazo martillea los clavos en la fragua,

    tafetanes ungiendo sacerdotal desdén,

    y tú me quieres, vino nuevo embriagando mis venas,

    arterias al ocaso como dalias,

    no apartes este cáliz, esta hiel, está el campo

    del alfarero ya comprado con las treinta monedas,

    húmeda arcilla donde clavar alarias plateadas,

    plateados placeres, marea embravecida y plateada

    luna, tinieblas, rueda el dado ciego

    y un vaho de hedor sube de los sepulcros,

    pliega tus alas sobre mi carroña,

    sobre mi carne viva,

    suave buitre ígneo, rapaz tormenta deseada,

    lluvia sangrienta empapa el monte oscuro,

    la adarga, los arneses, fluye cárdena

    sobre las blancas sábanas, los lienzos taponados de rubíes,

    no caiga sobre mí la sangre de este justo,

    pues sólo quise amarte.

  2. Ángeles Mora

    La poeta Ángeles Mora
    La poeta Ángeles Mora

    Ángeles Mora (Rute, 1956) cultiva la llamada Poesía de la Experiencia desde un yo poético femenino, intimista y sugerente. Su último poemario, «Ficciones para una autobiografía», le valió el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía.

    «EL INFIERNO ESTÁ EN MÍ»

    «Pasos de un peregrino son errante»

    Góngora

    El infierno no son aquellos otros

    que siempre se quedaron lejos

    de mi calor:

    el infierno soy yo.

    Mi nombre es el desierto donde vivo.

    Mi destierro, el que me procuré.

    No me he reconocido en este mundo

    inhóspito,

    tan ancho y tan ajeno.

    Supe que mi equipaje, demasiado indeciso,

    pronto me delataba: este mundo tampoco

    se reconoce en mí.

    Yo siempre estuve fuera,

    en otra parte siempre.

    Soy una extraña aquí.

    Sólo tengo una fuerza, sólo un secreto acaso:

    esta voz que me escribe,

    el doble que me habita en el silencio.

    Este otro, mi infierno,

    el vértigo

    que al despertar me empuja

    a una huida sin fin.

    Estos son sólo pasos

    de un peregrino errante.

    Los caminos

    que no me pertenecen,

    las palabras prestadas que los días

    dejaron en mi oído.

  3. Manuel Álvarez Ortega

    Álvarez Ortega (derecha) junto a Juan Pastor
    Álvarez Ortega (derecha) junto a Juan Pastor

    El escritor y traductor Manuel Álvarez Ortega (Córdoba, 1923 – Madrid, 2014) es uno de los grandes nombres de la poesía cordobesa. Desde su fallecimiento, la Fundación que lleva su nombre se encarga de la conservación y difusión de su obra.

    «'WEST END BLUES' EN LA NOCHE»

    Concertado el trueno

    y el relámpago,

    ¿cuál de estos rojos cometas,

    lágrimas del litoral, sabría rehacer

    la imagen de tu destierro?

    ¿Con qué materia

    oída al fin la luna reveladora

    de tu gracia, humo inmortal,

    te sustentaría?

    Y si tal fulgor consistiera

    semejante traslación, aligerada

    de súplicas la dársena que envuelve el alma,

    ¿acertaría a colocar tu vano corazón

    en su sitio?

    Hoy vuelves a mi casa: el piano,

    los saxos y las trompetas huelen

    el gas de las lámparas, el hollín de los años

    escribe su verdad, oigo

    tu cabeza apuntalada por los signos, el seno

    abierto en medio de las fábulas

    que conciertan las edades.

    A punto de morir,

    la noche en su oscuro hotel

    se descalza, el mar es una libélula ciega

    que quema los colores de sus alas,

    conjuro el muelle, caz de tiza

    el adarve.

    Pero tú, Orfeo intemporal, tejes

    las sedas para otro disfraz

    más duradero, larva de un misterio mayor,

    voz inhabitable.

    Concédeme antes tu aliento,

    dioscuro alucinante, haz

    de esta hora una visitación que me deslumbre,

    ceda el invierno su luto

    imaginario, toque yo tu antigua dicha, cima

    o nada.

    Si no vale un viejo blues esta noche,

    lejos del paraíso y sus lúcidas vírgenes,

    grata me fuera la muerte.

  4. Juana Castro

    Juana Castro en la Feria del Libro de 2012
    Juana Castro en la Feria del Libro de 2012 - M. A.

    En los versos de Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945) la mitología clásica o las referencias bíblicas se cruzan con la más humana (y, a veces, cruda) de las realidades y los recovecos de la identidad de la mujer, que nunca es una sino varias.

    «MUJER MIRANDO AL SUR»

    Mi abuela se sentaba al sol

    esperando la muerte,

    al sol vestida de luto con sesenta

    años la sentaban

    en la silla de anea

    cada día a esperar

    la muerte.

    Siete hijos mi abuela pero

    no conoció varón.

    Cuando quise

    preguntarle a mi madre mil pedazos

    autistas me miraban sin verme.

    Madre y virgen mi autista

    rasgándose en el frío,

    estudia hija estudia,

    la mano el libro el chocolate

    el cuerpo

    el cuerpo las estrellas el bosque

    las palabras el cuerpo

    la película el vino la carne

    del melón rajando mi garganta

    relámpagos el zumo la sandía,

    no se hace eso no se hace,

    las siestas y las sábanas

    mi secreto

    pecado solitario.

    La vela que en mi mesa

    se agota y se deshace

    también llega a su fin.

    Pero el cuerpo, esta savia

    venida de mi madre de mi abuela

    me explota aquí en las sienes

    en el sol y en la sangre

    la granada

    que es una y mil granadas

    licuándose

    calidoscopio azul mis dientes

    el clítoris la luna la vagina

    los limones candelas

    ese tronco de encina quemándose

    mi cuerpo

    que no se apaga nunca

    que no se acaba nunca

    mi brindis

    ese brindis de autista para siempre.

    De aquellas.

    Por aquellas que en mi vientre se estrenan

    y en el cielo

    rieron y reirán.

  5. Joaquín Pérez Azaústre

    Joaquín Pérez Azaústre
    Joaquín Pérez Azaústre - BELÉN DÍAZ

    Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976) cultiva la novela y la poesía, pero es esta última la que le ha dado reconocimientos como el Premio Jaime Gil de Biedma en 2013 o el de la Fundación Loewe en 2006. En 2017 publicó «Poemas para ser leídos en un centro comercial».

    «EL LABERINTO»

    Ella estaba detrás del laberinto.

    Lo supe al conocerla.

    Aunque al principio, al relumbrar su cuello

    en la puerta fugaz de aquel hotel

    (creo que podía ser el Miguel Ángel,

    y había un piano-bar), jamás me habría creído

    que era posible entrar con tanta suerte

    ni en ningún otro hotel, ni en cualquier otra parte.

    Tenías que haberla visto. Tenías que habernos visto.

    Era casi imposible imaginar

    a dos seres tan frágiles,

    con un fulgor tan raramente humano.

    Y el brillo se quedó dentro del pecho,

    como un tibio dolor del corazón.

    Poco después moriste, pero ya pude ver

    que había una hebra invisible, un deseo capilar,

    en ti y en ella,

    de no tener más freno que la muerte.

    Y se lo dije entonces, quizá hasta un poco antes:

    eres como un cachorro de león asustada.

    Tú sólo tienes miedo de tener

    ese miedo más grande que la vida.

    Eres como un cachorro de león asustada,

    porque un león no se rinde,

    no cesa ni claudica,

    se encrespa en la batalla,

    apenas retrocede

    y muere de un impulso o ruge y toma aliento

    y vence a dentelladas.

    Me gustaría decirte que fue fácil.

    Me gustaría decirte que aún es fácil.

    Pero ella está detrás del laberinto

    y no hay salida fuera de sí misma:

    es un hotel costero abandonado

    donde todas las puertas nos llevan hasta el mar.

  6. María Sánchez

    La escritora y veterinaria cordobesa María Sánchez (Córdoba, 1989) se ha ganado el aplauso de público y crítica con su primer poemario, «Cuaderno de campo» (La Bella Varsovia, 2017), una reflexión desde la familia y la memoria en la que el mundo rural es mucho más que un simple escenario.

    «II»

    Algo así tiene que ser el hogar:

    Oír fandangos mientras las ovejas van

    tras sus corderos

    Rebuscar con los dedos las raíces

    Ofrecer a los tubérculos los tobillos

    Convertir la voz en ternura

    y en presa

    Prometerme una y otra vez

    que nunca escribiré en vano

    un libro con las mismas manchas

  7. Pablo García Casado

    Pablo García Casado (Córdoba, 1972) recibió el Premio Ojo Crítico de Poesía por su primer poemario, «Las afueras». El también director de la Filmoteca de Andalucía ha publicado cinco libros de poesía y ha sido traducido al polaco.

    «LAS AFUERAS»

    por más que se extiendan las ciudades hasta juntarse

    unas con otras por más desengaños que el sexo la muerte

    o las oposiciones nos deparen quedarán siempre las afueras

    la oscuridad de los polígonos industriales la ineficacia

    el ministerio de obras públicas por más que se empeñen

    colectivos ciudadanos asociaciones de vecinos seguirán

    amaneciendo los restos del amor en las afueras

  8. Ana Isabel García Llorente (Gata Cattana)

    La poeta y rapera Gata Cattana
    La poeta y rapera Gata Cattana

    En Ana Isabel García Llorente (Adamuz, 1991-Madrid, 2017) convivían dos «egos»: el de la rapera Gata Cattana y el de la poeta, a veces Ana Sforza, otras simplemente Ana. Su repentina muerte no le permitió ver editado su primer trabajo discográfico, «Banzai», pero para entonces ya había visto la luz el poemario «La escala de Mohs». El argot callejero salpica sus textos cargados de crítica política y social.

    «N18»

    Ellos pasan por el Puente de los Franceses

    igual que por Atocha,

    van al manzanares,

    patinan, ríen, cantan, fuman,

    vuelven a su hogar

    transeúntes, subterráneos,

    tal vez en la línea verde o la marrón.

    Yo paso por Cuatro Vientos

    y sólo veo el frente,

    el Puente de los Franceses,

    mamita mía y los milicianos.

    Tal vez yo también vuelva a mi hogar,

    si lo tuviera,

    antes de que el metro abra

    y bajaré hasta Cibeles

    para coger el N18 hasta Casa de Campo.

    Ellos no lo saben,

    en la Casa de Campo, mamita mía,

    montamos un muro.

    Yo miro al Manzanares

    con ojos de Vicente Rojo

    y al metro como

    refugio antiaéreo.

    No veo al Ateneo como una reliquia,

    aún no he enterrado a mis muertos,

    cuando paso por ventas

    siempre me acuerdo de Victoria Kent.

    Y así siempre en las travesías,

    voy a Valencia y veo las colas zarpando al exilio

    y los cuadros del Prado.

    Muchas veces he estado en Plaza Cataluña

    y nunca pienso en el Hard Rock Café

    ni en las floristerías

    sino en la Telefónica

    y en García Oliver.

    Ellos no lo saben, mamita mía,

    bailan, juegan, hacen turismo

    los hijos del siglo XXI

    sobre la última capa de tierra

    del castillo de Montjuic,

    velan a sus muertos

    en el Cementerio del Este,

    que ahora es mucho más grande que entonces,

    y pasean por las calles céntricas

    mientras yo me disuelvo en ellas

    y me vuelvo invisible

    como Federico Sánchez.

    Cuando me ves ahí,

    entre ellos,

    disfrutando el atardecer, aparentemente,

    con la mirada perdida entre el Manzanares

    y mis papeles, no estoy pintando un cuadro,

    estoy trazando planos y vendettas,

    apurando los últimos minutos como Miaja,

    cubriendo puntos débiles y anotando bajas.

    Ellos no lo saben: cuarenta años de paz

    no son nada,

    pero hay quien tiene memoria de elefante.

    Yo lo intuyo,

    las tragedias se repiten,

    las tragedias se repiten como tragedias,

    por eso, cada vez que paso

    por el Puente de los Franceses

    me pongo triste.

  9. Eduardo García

    Eduardo García en el año 2014
    Eduardo García en el año 2014 - RAFAEL CARMONA

    Eduardo García (São Paulo, 1965-Córdoba, 2016) navegó entre los mares del realismo y el mundo onírico. Recibió, entre otros, el Premio Nacional de la Crítica, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla y el Premio Ojo Crítico.

    «CESE DE HOSTILIDADES»

    ¿Cómo reconciliarse con el mundo

    si es tan necio, veleta, tarambana,

    que es capaz de albergar al mismo tiempo

    el Taj Mahal, los campos de exterminio,

    la mezquindad, tu risa, la traición,

    los libros, la ignorancia, un cuerpo que fascina,

    el carbón y la sal, los muros y el espacio,

    el cáncer y las playas tropicales?

    Y sin embargo, y no obstante, y pese a todo,

    acudimos al día como quien va a una cita

    con una vieja amante casquivana,

    la sonrisa planchada y el pañuelo

    en el bolsillo izquierdo, fiel, solícito,

    y hacemos el amor sin credenciales,

    o escribimos poemas que interpretan

    la vida a su manera,

    como si ésta

    hubiera de aguardarnos a la vuelta

    de la esquina, con su traje de novia

    y su ramo de flores

    funerarias.

  10. Matilde Cabello

    La escritora Matilde Cabello en 2015
    La escritora Matilde Cabello en 2015 - VALERIO MERINO

    Aunque nacida en Puerto Real (Cádiz), la escritora y periodista Matilde Cabello lleva afincada en Córdoba desde los años 90. De su pluma han salido novelas como «Wallada, la última luna» o la más reciente «El pozo del manzano», pero también ha cultivado la poesía.

    «LA SONRISA EXACTA»

    Y aunque a veces descubro fragmentos en mi falda

    de aquel tiempo en que todo tuvo un lugar preciso,

    hoy habito el desorden.

    El mundo se me enreda.

    Porque sé que los sueños pueden cambiar su rostro

    y es mudable la escarcha que enciende las pasiones,

    me bebo a breves sorbos aquella verdad antigua

    y se me torna duda,

    apenas la digiero.

    Y en esta incertidumbre de tardes sin crepúsculo,

    voy rompiendo los moldes que a sangre me esculpieron.

    Sólo sé entre qué muslos prefiero adormecerme

    y qué sonrisa exacta me puede (de momento)

  11. Luis de Góngora

    Luis de Góngora (1561-1627) es el poeta cordobés más universal, recordado como una de las plumas más influyentes del siglo XVI y un personaje popular y excéntrico. Su supuesta enemistad con Quevedo dio pie a cruces de rimas que nada tienen que envidiar a las actuales «batallas de gallos».

    «SOLEDADES»

    al Duque de Béjar

    Pasos de un peregrino son, errante,

    Cuantos me dictó versos dulce Musa

    En soledad confusa,

    Perdidos unos, otros inspirados.

    ¡O tú que de venablos impedido

    —Muros de abeto, almenas de diamante—,

    Bates los montes que de nieve armados

    Gigantes de cristal los teme el cielo,

    Donde el cuerno, del eco repetido,

    Fieras te expone, que — al teñido suelo,

    Muertas, pidiendo términos disformes—

    Espumoso coral le dan al Tormes!:

    Arrima a un frexno el frexno, cuyo acero,

    Sangre sudando, en tiempo hará breve

    Purpurear la nieve;

    Y, en cuanto da el solícito montero,

    Al duro robre, al pino levantado

    —Émulos vividores de las peñas—

    Las formidables señas

    Del oso que aun besaba, atravesado,

    La asta de tu luciente jabalina,

    —O lo sagrado supla de la encina

    Lo Augusto del dosel, o de la fuente

    La alta cenefa, lo majestuoso

    Del sitïal a tu Deidad debido—,

    ¡O Duque esclarecido!

    Templa en sus ondas tu fatiga ardiente,

    Y, entregados tus miembros al reposo

    Sobre el de grama césped, no desnudo,

    Déjate un rato hallar del pie acertado

    Que sus errantes pasos ha votado

    A la real cadena de tu escudo.

    Honre suave, generoso nudo,

    Libertad, de Fortuna perseguida;

    Que, a tu piedad Euterpe agradecida,

    Su canoro dará dulce instrumento,

    Cuando la Fama no su trompa al viento.

  12. Wallada

    Wallada Bint Al-Mustakfi (994-1091) fue la hija de uno de los últimos califas cordobeses y por tanto princesa con derechos reales, pero le interesaban más las artes que la política. Su posición social le permitió beneficiarse de una formación que se negaba a su género y transmitirla a otras mujeres en su propia escuela. Su turbia relación con el también poeta Ibn Zaydún inspiró la mayoría de los poemas que de ella se conservan. Según la leyenda, Wallada llevaba, bordados en las mangas de su vestido, sus propios versos:

    Yo ¡por Dios! merezco la grandeza

    y sigo orgullosa mi camino.

    Doy gustosa mi mejilla a mi enamorado

    y doy mis besos a quien los quiera.