Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, durante una intervención pública
Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, durante una intervención pública - AFP

Las mentiras de Facebook

Un documental de Odisea saca a la luz las acciones y estrategias de la mayor red social del mundo para ocultar sus problemas mientras hacía crecer su negocio basado en la publicidad digital

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Desaliñado, con una blanca camiseta básica y en pantalón corto. Una imagen algo alejada de la que ha acostumbrado al gran público en sus intervenciones, aunque siempre con su atuendo habitual: pantalón vaquero y camiseta gris. Es Mark Zuckerberg, creador de Facebook, la mayor maquinaria virtual del mundo. Asiste a una informal entrevista tras alcanzar sus primeros tres millones de usuarios. Hoy un tercio del planeta, unos 2.340 millones de usuarios, son miembros.

Así arranca los primeros compases del documento «Las Mentiras de Facebook» emitido por el canal Odisea este martes y en donde saca a la luz las dudosas estrategias, las idas y venidas y los mensajes ocultos de la multinacional estadounidense. La cinta, dividida en dos capítulos, indaga la historia de la red social haciendo especial hincapié en los momentos más oscuros. Uno de ellos, que acaba de cumplir su primer aniversario, es el escándalo de Cambridge Analytica, que ha supuesto la pérdida de inocencia del joven multimillonario de rizos que, en cualquiera de sus formas, ha cambiado el mundo.

En el documental, un imberbe Zuckerberg en 2004 se muestra sosegado y tranquilo en su primera oficina, a la que denomina «cueva». Una pequeña sala con las paredes pintadas y mobiliario de otro gigante, Ikea. Porque ambos comparten un mismo mensaje: yo pongo el contenedor, tú móntate la historia. Llega a definir el producto creado como un simple «listín online de amigos». El monstruo en lo que acabaría por convertirse es radicalmente distinto. Tras haber superado la burbuja puntocom en los años dos mil, la nueva ola de «startups» tecnológicas debían cambiar el enfoque; abrirse al mundo, resguardarse de las emociones, recelar del despilfarro. Pero, bajo la fantasía de Silicon Valley y la mentira de cambiar el mundo, no dejaba de haber una empresa que buscaba maximizar beneficios.

En Palo Alto se implantó la sede. «Me di cuenta que como no tenía información de la gente, necesitaba hacerla lo bastante interesante como para que la gente quisiera utilizar la página y subir su información», resalta Zuckerberg en un momento del documental que, casi sin quererlo, adelanta el modelo de negocio y el impacto de su plataforma en el futuro; si no se cuenta en Facebook no ha existido.

Durante años, millones de usuarios han relatado casi en tiempo real sus aventuras y vicisitudes. La propia red social lo fomentaba. Alimentaba la curiosidad, explotaba el morbo y la postura más cotilla del ser humano. Zuckerberg tuvo la idea de conectar a la gente. «No era una locura», cuentan otras voces cercanas al ejecutivo. Fue la filosofía del renegado y una falta de respeto a las autoridades lo que llevó al lema de Facebook, «muévete rápido y rompe cosas».

Expertos recuerdan que esta idea parecía algo inocua y carente de peligro. «La tecnología hacia del mundo un lugar mejor, siempre ha sido y siempre lo será. Esa es su posición, pero enmascara unas serie de cambios que se estaban dando en la cultura y sociedad y que eran muy peligrosos», cuentan en la cinta, por la que van desfilando incluso antiguos ejecutivos de la compañía como Mike Hoeffilinger, director de marketing de la compañía (2009-15), quien cree que la gran aportación de Zuckerberg ha sido en «ser claro y convincente sobre la visión que siempre ha tenido Facebook». En una intervención de «Zuck», como le llaman en la intimidad sus allegados, se recuerda que la misión es darle a los usuarios el «poder de compartir». Pero, sin embargo, antes de que saltaron los escándalos como Cambridge Analytica los empleados y personal interno ya habían detectado «señales de alarma».

Tim Sparapani, director de política pública de Facebook (2009-11), recuerda que la compañía estaba creando un «estado-nación digital» y fue «el mayor experimento de libertad de expresión de la historia humana». En opinión de otro ejecutivo importante, Sandy Parakilas, director de operaciones (2011-12), «teníamos la sensación que estábamos construyendo el futuro y el foco se centraba en que la juventud era algo bueno».

Facebook está diseñado para que «sigas moviendo el ratón», para que «sigas buscando cosas que hacer y darle a “me gusta”». Esa es la clave, coinciden en el documental varios expertos y antiguos miembros de la compañía. Algo que en la cita se pone de manifiesto es que las empresas tecnológicas se beneficiaron de las leyes vigentes en los países que no les hacían responsables de lo que se publicaban en sus plataformas.

Tras aparecer los primeros signos de problemas como los mensajes radicalizados y los escándalos, la compañía demostró sus limitaciones. «Confiamos en lo que creíamos que era el sentido común y la decencia del público para vigilar el sitio», matiza Sparapani. «Nadie en Silicon Valley tiene los recursos para revisar los contenidos», añaden otras fuentes a raíz de los sucesos en las Primaveras Árabes y otros movimientos sociales que señalaron a Facebook como valedor de su causa. «Se dijo que la plataforma contribuyó». Pero las personas que trabajaban en los departamentos de Defensa de Estados Unidos venían «algo más» que, según la cinta, sacó a relucir sus mayores miserias.