ANÁLISIS

Dos semanas con el Oppo Reno x10 Zoom: una gran experiencia fotográfica

La firma china apuesta por un terminal de pantalla de grandes dimensiones y altas prestaciones aunque con algunas renuncias

MADRID Actualizado: Guardar
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Si hay algo en lo que Oppo insiste de forma constante, incluso machacona, es en la innovación que aportan sus terminales. Innovación. Algo que en este sector, el de los «smartphones», no resulta nada sencillo a día de hoy. ¿El motivo? Todos los teléfonos, todos, están marcados por la misma exigencia: ofercer la máxima superficie de pantalla en dispositivos lo más reducidos posible. Y eso hace que todos los terminales, sean de la marca que sean, se parezcan unos a otros casi como gotas de agua.

Pero ahora, y después de un par de semanas de uso intensivo, tengo que reconocer que el nuevo Reno x10 Zoom de Oppo resulta novedoso. Tanto en diseño como en prestaciones. De hecho, se sale en varios aspectos de la corriente general y se queda solo, o casi, en muchos de sus aspectos, tanto estéticos com funcionales.

El sistema de cámaras de este móvil, por ejemplo, es excepcional. Y no es exagerado decir que, por capacidad y calidad, está a la misma altura, icluso, del ya legendario Huawei P30 Pro. Tres cámaras traseras (una principal de 48 megapíxeles, un gran angular de 8 y una cámara zoom de 13), garantizan imágenes excepcionales prácticamente en todas las circunstancias. Pero lo novedoso, la innovación, está en el zoom.

Oppo, en efecto, ha conseguido implementar un zoom híbrido de x10, capaz de obtener fotografías completamente nítidas incluso con el máximo aumento. Y si queremos acercar aún más la escena, podemos seguir aumentando el zoom hasta un extraordinario x60 (el Huawei P30 Pro llega a x50), aunque aquí hablamos ya de zoom digital, por lo que iremos perdiendo definición y detalle a medida que nos vamos acercando al sujeto que queremos fotografiar.

La cámara delantera, por su parte, es del tipo «pop up», ya saben, de esas que salen desde dentro de la carcasa cuando la necesitamos y se vuelven a esconder después del uso. Es la forma en que algunas empresas chinas, como Oppo o OnePlus, han conseguido eliminar la necesidad de un «notch» o ceja, que inevitablemente roba píxeles a las pantallas. En este terminal, sin embargo, su forma de «aleta» es única. La cámara sale, o se esconde, en apenas 0,8 segundos, y está equipada de un sistema de seguridad que hace que, en caso de que se nos caiga el móvil, se retraiga automáticamente y quede oculta, y protegida, antes de llegar al suelo.

En la mano, con su pantalla de 6.6 pulgadas y sus 210 gramos de peso, el terminal es grande. Pero sus curvas y diseño hacen que encaje muy bien en la mano. Elegante de aspecto, incluso las cámaras traseras están bajo una capa de cristal, por lo que no sobresalen en absoluto. Podemos pasar el deso por encima sin notar su presencia. La pantalla es Amoled, y su calidad Full HD+. La experiencia visual es realmente buena, aunque quizá habría sido preferible, en un teléfono de estas prestaciones, que Oppo optara por un panel Quad HD, como han hecho algunos de sus competidores.

La duración de la batería, que es de 4.065 miliamperios, es más que correcta. El teléfono aguanta con soltura un día completo de uso intensivo, y puede llegar a los dos días sin problema si no abusamos de vídeos o juegos. El procesador, un Qualcomm Snapdragon 855 de ocho núcleos, garantiza la fluidez de todas las aplicaciones. Y, por último, muy interesante el precio. 799 euros es un precio muy contenido para un teléfono con estas prestaciones. Otros modelos equivalentes en otras marcas superan con mucho los mil euros.