El cardenal Swald Gracias junto a la periodista mejicana, Valentina Alazrak
El cardenal Swald Gracias junto a la periodista mejicana, Valentina Alazrak - EFE

«Si no están contra los abusadores, los periodistas seremos sus peores enemigos»

Valentina Alazraki, decana de los vaticanistas, suma 45 años de experiencia como corresponsal de Televisa en Roma desde 1974.

Corresponsal en El VaticanoActualizado:

«Frente a ustedes», dijo Valentina Alazraki, en la cumbre contra la pederastia que se ha celebrado en el Vaticano, al comenzar su discurso ante el Papa y los 190 responsables de la Iglesia en todo el mundo, «yo tengo quizás un privilegio: soy ante todo una mamá».

La decana de los vaticanistas, les habló como lo que es, una mujer serena y fuerte, que conoce las dificultades en la vida y derrocha sentido común. Les recordó que «nuestras madres, si bien nos querían a todos de la misma manera, se dedicaban más a los hijos más frágiles, más débiles», y esto supone dar prioridad a «cualquier niño, niña o joven que haya vivido la tragedia de ser víctima de abuso por parte de un clérigo».

Como madre les preguntó: «¿Tiene la Iglesia otro camino que no sea el de ponerse del lado de la víctima y no del agresor? ¿Quién es el hijo más débil, más vulnerable? ¿El sacerdote abusador? ¿El obispo abusador o encubridor o la víctima?».

Y como periodista, añadió: «Háganse una pregunta. ¿Son ustedes enemigos de los abusadores y de los encubridores tanto como lo somos nosotros? Nosotros hemos elegido de que lado estar».

«Manzanas podridas»

Por eso, «si ustedes están en contra de los abusadores y de los encubridores, estamos del mismo lado. Podemos ser aliados, no enemigos. Les ayudaremos a encontrar las manzanas podridas y a vencer las resistencias para apartarlas de las sanas».

Pero también les advirtió que «si ustedes no se deciden de manera radical a estar del lado de los niños, de las mamás, de las familias, de la sociedad civil, tienen motivos para tenernos miedo, porque los periodistas, que queremos el bien común, seremos sus peores enemigos».

Eran palabras serenas pero muy fuertes, quizá como muchos de los presentes nunca no habían oído.

Y continuó: «Como periodista, como mujer y madre quisiera decirles que pensamos que tan indignante es el abuso de un menor como su encubrimiento. Y ustedes saben mejor que yo que esos abusos han sido encubiertos de forma sistemática, desde abajo hasta arriba».

Por lo tanto, dijo: «Creo que deberían tomar conciencia, que cuanto más encubran, cuanto más sean como avestruces, cuanto menos informen a los medios -y, por lo tanto, a los fieles y a la opinión pública-, más grande será el escándalo».

«Cómplices»

Comunicar no es una opción sino «un deber fundamental, porque de no hacerlo ustedes se vuelven automáticamente cómplices de los abusadores. Al no dar la información que podría prevenir que esas personas cometan otros abusos, no le están dando a los niños, a los jóvenes y a sus familias las herramientas para defenderse de nuevos crímenes».

Y remachó: «Los fieles no perdonan la falta de transparencia, porque es una nueva violencia a las víctimas. Quien no informa, alienta un clima de sospecha y desconfianza, y provoca la rabia y el odio hacia la institución».

Informar es esencial porque «las víctimas, en primer lugar, tienen derecho a saber quéha pasado, que han hecho ustedes para alejar y castigar al abusador. Aunque el culpable pueda estar muerto, el dolor de la víctima no prescribe. Ya no se puede castigar al culpable, pero al menos se puede consolar a la víctima, que quizás haya vivido muchos años con esa herida escondida. Además, otras víctimas que permanecen en silencio, se atreverán a salir, y facilitarán ustedes su consuelo y su curación».

Por eso, «sería mucho más sano, más positivo y más útil que la Iglesia fuera la primera en dar la información, de manera proactiva y no de forma reactiva, como es lo habitual. No deberían ustedes esperar a que una investigación periodística lo descubra».

Pero, sobre todo, les urgió a convocar a las víctimas, pues «el Papa nos ha dicho que las recibe de forma habitual, en Casa Santa Marta. Considérenlo como una de sus prioridades, ustedes también. Háganlo. No creo que tengan menos tiempo que el Papa».

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