La ministra sueca posa para ABC tras la entrevista
La ministra sueca posa para ABC tras la entrevista - MAYA BALANYA

Åsa Regnér: «Los jóvenes en Suecia ya no aceptan pagar por sexo»

La ministra sueca de Igualdad de Género es la promotora de un importante cambio de mentalidad: la prostitución no es un oficio, es «explotación» y es responsabilidad de su clientela

MADRIDActualizado:

La multa por adquirir servicios sexuales en calles de Suecia como las de Estocolmo es de 5.000 euros. Una cifra que solo recae en quien «compra», nunca en la prostituta, que se entiende no ejerce «el oficio» más antiguo, sino que está siendo explotada. Este cambio de mentalidad, de 180 grados, lo promueve la ministra del Partido Socialdemócrata Sueco Åsa Regnér, que ha dado en Madrid una charla sobre cómo se contiene la prostitución callejera.

Explíquenos el modelo contra la compra de sexo que han impulsado...

Hemos penalizado la compra de servicios sexuales porque pensamos que debe ser un delito. No es un negocio entre dos personas, como cualquier otro, si no que vemos la prostitución como explotación. No ha sido por casualidad que hayamos penalizado al cliente. Puede tener hasta un año de cárcel o multas, dependiendo de la situación, de 5.000 euros. Estamos en pleno debate, porque hay organizaciones que opinan que debe considerarse como un delito aún más grave.

En España cada vez hay más veinteañeros en clubes de alterne. ¿Cómo se logra que no vayan?

Nosotros introdujimos esa ley en 1999 y una de las razones ha sido educativa. Era una manera del Gobierno sueco de encauzar el tipo de sociedad que queremos; no queremos que la gente pueda comprar los cuerpos de otras personas y eso ha tenido efecto en la generación más joven, así que, ahora, midiendo opiniones y actitudes entre jóvenes, se ve que hay un nivel de no aceptación del sexo pagado muy grande. Por supuesto hay excepciones, no somos un paraíso. Además, esta ley tiene casi 20 años y siempre hay que ir renovando la información, por eso vamos a modernizar la educación sobre la sexualidad. Y otra cosa es que vamos a lanzar un programa en relación a los recién llegados a Suecia, porque hemos recibido en 2015 más inmigrantes que ningún otro país (somos 10 millones y recibimos 160.000 refugiados) y ellos tienen que tener la oportunidad de enterarse de la legislación sueca y su manera de pensar en igualdad de género.

Cuando dice que Suecia no es un paraíso, ¿a qué país querría parecerse?

—Lamentablemente no hay ningún país con igualdad de género, porque eso significaría que no tendría brechas salariales y nada de violencia de hombres a mujeres; no conozco ningún país con esa situación. Por suerte, sí que hay un debate global vivo sobre igualdad de género. Cada gobierno tiene que encontrar sus herramientas y nosotros hemos llegado a cierto nivel.

Del 0 al 100, ¿a qué nivel?

—Difícil de decir, pero en los rankings mundiales estamos en el nivel alto.

¿El consumo de sexo pagado bajó a raíz de la ley o se mantiene?

Cuando se hizo la ley, la prostitución callejera se redujo el 50%. La legislación tuvo un impacto grande. Ahora esas cifras tienen unos ocho años. También se notó que las bandas organizadas evitaron Suecia porque esa ley establece un obstáculo para los traficantes de personas; y otro impacto fue en las actitudes de la nueva generación que ya no acepta como antes la compra de servicios sexuales.

¿Qué necesita España para luchar contra el consumo de sexo exhibido en plena calle? Aconséjenos.

Nosotros hemos nombrado un embajador sobre tráfico de personas, porque los crímenes relacionados con la prostitución también son parte del crimen organizado. Lo vemos como una manera de frenar la trata. Es una cadena positiva, porque no solo se llega al primer delito. Noruega, Francia e Irlanda han aprobado una legislación similar. En Grecia trabajan en ello. Es una buena herramienta, no la única.

Al visitar Estocolmo uno comprueba que no hay prostitución callejera, tampoco mendicidad. ¿Cómo se hace?

Ahora sí hay indigentes en las calles, ciudadanos europeos en situación vulnerable que buscan una vida mejor. Es cierto que como se corre un riesgo comprando sexo en la calle, no hay, aunque no se puede decir que no exista porque también se vende por internet.

En Suecia, cada denuncia de una mujer suma como violación, lo cual hace que los registros de abusos sexuales se disparen. ¿Esto es así?

Hemos introducido un cambio importante en la ley: ahora se definen más actos como violación (por ejemplo, sexo con menores con independencia de la edad; de si hay o no penetración) y por eso subieron las tasas.

Su reciente estrategia contra la violencia doméstica, ¿qué medidas trae?

Acabamos de presentarla. Además de la educación, realmente veo la igualdad de género como un proyecto de libertad. Tenemos subvenciones estatales para que haya casas de acogida por obligación en todos los municipios, también tenemos el foco puesto en la violencia de honor porque eso, lamentablemente, existe en ciertos grupos en Suecia. Tiene que ver con la migración, pero también con la segunda generación; el control sobre una mujer no se puede aceptar en Suecia. Hemos introducido también en algunas profesiones (abogados, médicos, policías) la obligación de pasar cursos de violencia para detectarla, y apoyar y proteger a sus clientes y pacientes.

¿Tienen un problema con la inmigración como sugirió Donald Trump?

Cuando citó algo que ocurría con la inmigración en Suecia, no sabíamos de qué hablaba, en realidad.

¿Qué opina de Trump?

Es un presidente electo, tenemos que cooperar con EE.UU., aunque en temas de igualdad de género no sabemos mucho de su agenda, así que vamos a ver.