Santiago Martín

De polvos y lodos

El PP se hizo relativista, aceptó el aborto, y terminó metiendo la mano en la caja

Santiago Martín
MadridActualizado:

Dice el refrán que «de aquellos polvos vinieron estos lodos». Se aplica perfectamente a lo que está pasando en el Partido Popular. Se alejaron de sus raíces cristianas, no total ni bruscamente, pero se alejaron. Prometieron defender la vida y cuando pudieron -la mayoría absoluta de Aznar, por ejemplo- no hicieron nada para suprimir o al menos paliar la ley del aborto.

En el limbo del Constitucional duerme el recurso interpuesto cuando no gobernaban contra la segunda ley del aborto aprobada por Zapatero y que consideraba éste como un derecho, sin exigir a ese Tribunal que se pronuncie de una vez. Más aún, en comunidades gobernadas por ellos -como Madrid- se han aprobado leyes que favorecen la ideología de género y se persigue a los colegios que no aceptan impartir esas enseñanzas. Esos son los polvos. De ellos vienen los lodos: la corrupción que salpica a tantos de sus políticos, incluso a los más representativos.

No podía suceder de otra manera, pues cuando uno empieza a alejarse de Dios todo termina por volverse justificable y así pasa lo que pasa. En honor a la verdad hay que decir que esa corrupción afecta también a algunos políticos que se presentaban como católicos, lo mismo que ha sucedido en Francia con Fillon. Pero la impresión de conjunto es que el PP se ha alejado de sus raíces, el humanismo cristiano, y ha terminado por ser un partido cada vez más agnóstico y relativista.

No soy yo solo el que lo dice. Esta semana, en la Universidad Católica de Valencia, arropado por el cardenal Cañizares, ha hablado Jaime Mayor Oreja. «La izquierda se ha hecho populista -ha dicho- y la derecha se ha hecho relativista». El cardenal, por su parte, ha afirmado que la corrupción política tiene una raíz: la pérdida del sentido de la verdad, que ha destruido el verdadero significado de los derechos humanos.

De aquellos polvos vinieron estos lodos. El PP se hizo relativista, aceptó el aborto, y terminó metiendo la mano en la caja. ¡Qué carrerón! Lo mismo que han hecho los demás, ciertamente, pero no era eso lo que esperaban los católicos que les votaron, que ahora asisten, decepcionados, a este final tan lamentable como, quizá, previsible a la vista de cómo evolucionaron.

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