Un operario de los bomberos portugueses lucha contra el fuego en una vivienda en Lousa (Portugal) - EFE

Al menos 38 muertos en la oleada de incendios de Portugal

A las víctimas mortales se añade un balance provisional de 51 heridos, 15 de ellos graves

Corresponsal en LisboaActualizado:

En espera de las lluvias salvadoras, Portugal vivió este domingo 15 de octubre el peor día (y noche) en el año más trágico a causa de las llamas, con al menos 38 muertos registrados en las últimas 24 horas, según un balance actualizado por la portavoz de Autoridad Nacional de Protección Civil, Patrícia Gaspar. A las víctimas mortales se añade un balance provisional de 51 heridos, 15 de ellos graves

Una de las víctimas es una joven embarazada de 19 años, que trataba de huir del panorama infernal cerca de Aveiro y se vio envuelta en un choque frontal en la carretera. Nada menos que 443 incendios en una sola jornada, triste récord al otro lado de la frontera, sobre todo en la franja centro-norte. Y 99 fallecidos en lo que va de 2017 por este motivo.

Las autoridades no tardaron en hablar de manos criminales para azuzar este aluvión de catástrofes, en vista de que la mayoría de ellas presentaba diversos focos al mismo tiempo. El caso es que fue necesario movilizar hasta 5.400 operarios para intentar frenar la embestida, entre bomberos, militares e integrantes de la Autoridad Nacional de Protección Civil.

Con todo, los fantasmas de la impotencia regresaron a Portugal, cuyos habitantes asisten de nuevo a declaraciones oficiales que no hacen sino sumirlos en la frustración. Sin ir más lejos, el primer ministro, el socialista António Costa, se limitó a expresar: «Situaciones como estas se van a repetir», mientras que la ministra de Administración Interna, Constança Urbano de Sousa aprovechó para confirmar que no piensa dimitir.

Lo que no les ha quedado más remedio es declarar el ‘estado de calamidad pública’ y la alerta se extiende a todo el territorio hasta las 20.00 del lunes, momento en que supuestamente se registrarán las primeras lluvias.

Algunos de los distritos más afectados fueron los de Coimbra, Castelo Branco y Braga, donde hasta el arzobispo se alarmó porque las llamas se iban acercando hacia la emblemática Basílica de Bom Jesus. De ahí que se apresurase a emitir su queja pública: «Ya no es momento de palabras vacías. Los incendios son el asunto más urgente que tiene el país».

El Ejecutivo ha vuelto a pedir ayuda a la Unión Europea y a Marruecos, pero no faltan las voces que solicitan más medios propios. Mucho más si tenemos en cuenta que el mismo sábado 14 de octubre por la mañana se hacía público un informe que determinaba en 6.600 millones de euros la cantidad global gastada por la nación en la lucha contra el fuego desde que comenzó el siglo XXI.

En lo que a incendios se refiere, los dos peores días no se han producido en verano, aunque sí en fechas con altas temperaturas. Porque la tragedia de Pedrógao Grande (distrito de Leiria), donde perecieron 64 personas, aconteció el 17 de junio pasado.

Desde entonces, las escenas apocalípticas se han extendido por el suelo luso sin dar tregua. Una verdadera pesadilla que nadie sospechaba que fuese a arrasar de nuevo en este 2017 y, sin embargo, vuelve al primer plano.

Hace solo unos días que la muerte le sobrevino a un hombre de 73 años cuando intentaba huir de las llamas, de modo que su fallecimiento respondía a una causa directa del siniestro, no a «circunstancias colaterales», como se afanaba en subrayar el Gobierno socialista cuando las cifras de la tragedia de Pedrógao Grande comenzaban a dispararse más allá de los 64 que hoy siguen representando el balance oficial. Ni siquiera desplazarse a bordo de un tractor protegió a la víctima, quien no pudo sobrevivir a causa de la beligerancia de un fuego iniciado menos de una hora antes.

Nada extraño, por tanto, que el pánico vuelva a aliarse una vez más con la indignación popular, especialmente a lo largo del Portugal profundo.

Parecía que nada sería igual después de Pedrógao Grande y aquella funesta ‘carretera de la muerte’, pero los pirómanos han vuelto a las andadas, se despliegan de norte a sur, como ya ocurrió el año pasado en Madeira. Muchos son considerados mercenarios a sueldo de las mafias locales que trafican con la recalificación de terrenos… y algunos incluso han llegado a realizar una confesión tan insólita como la siguiente: se sienten excitados (incluso sexualmente) cuando ven todo ardiendo. Así lo puso de manifiesto un estudio presentado hace unas semanas en Lisboa.

Los dramas personales de la gente que lo pierde todo están ahí. De hecho, los afectados por la catástrofe de Pedrógao Grande han recibido cuatro millones de euros en donativos, con 380 productores agrícolas prestos a cobrar indemnizaciones que totalizan unos 800.000 euros y 195 casas en fase de reconstrucción.

No faltan quienes acusan a la Administración de una cierta desidia echando balones fuera sobre el modelo de gestión de Protección Civil. Así las cosas, el presidente de la Liga dos Bombeiros, Jaime Marta Soares, llegó a ordenar una investigación interna. Lo hizo cuando el primer ministro pidió explicaciones, como si olvidara que esos cuerpos dependen de las instituciones públicas y, por tanto, le correspondía a él dar las respuestas que necesita la población.