Los misioneros no son héroes

El secreto para interpretar su muerte es el que ha dado sentido a su vida

José Francisco Serrano Oceja
MadridActualizado:

Aún recuerdo la insistencia con la que el artífice del cambio de imagen de las misiones en España, el sacerdote Anastasio Gil, nos decía que «los misioneros no son héroes. Son testigos». Con frecuencia nos acordamos de los 11.000 misioneros españoles cuando nos llegan noticias de sus tragedias. Los misioneros mueren como han vivido. El secreto para interpretar su muerte es el que ha dado sentido a su vida.

El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, escribió esta semana un oportuno comentario sobre la noticia de la hermana Inés Nieves Sancho. Un titular que sintetiza el sentido con el que debemos interpretar este hecho: «No son mártires, señala monseñor Argüello, porque les hayan matado. Les han matado por ser testigos de Jesús, por ser mártires de su presencia». No se trata de restar valor a la ejemplaridad de su entrega, sino de indagar el sentido de su presencia en lugares alejados, las más de las veces, de las mínimas condiciones de una vida digna.

Hace tiempo que en la Iglesia se habla de los «demonios mudos», por utilizar una expresión del misionólogo V. Neckebrouck, cuando nos referimos al síndrome anti-misionero en la Iglesia occidental. Los demonios mudos nos recuerdan a aquellas personas del Evangelio que estaban mudas y al encontrase con Jesús comenzaron a hablar (Mc 9, 17; Lc 11,14; Mt 9, 32-33). Hay quienes están sometidos al demonio mudo del sentido de la misión y no se comprometen a anunciar con coraje y convicción el Evangelio de Jesucristo a quienes no le conocen.

En nuestro tiempo se han incrementado las preguntas que interpelan a la misión. ¿Para qué anunciar el Evangelio si lo que salva la hombre es la rectitud del corazón?¿La misión de los cristianos no ha sido sustituida por el diálogo interreligioso? ¿No es objetivo suficiente la promoción humana? El respecto a la conciencia, ¿no excluye la posibilidad de la conversión? Preguntas que tienen su respuesta adecuada en la enseñanza de los papas, y en la buena teología, pero que se aclaran ante el testimonio de un vida como la de la hermana Inés.

José Francisco Serrano OcejaJosé Francisco Serrano OcejaArticulista de OpiniónJosé Francisco Serrano Oceja