César Nombela

Medicina de precisión

La promesa de tratamientos, que plantean diariamente muchas publicaciones, tarda en llegar

César Nombela
MadridActualizado:

A estas alturas de la Historia, resulta difícil concebir progresos en la Medicina que constituyan auténticos avances en vertical. Como ocurrió, por ejemplo, cuando Fleming (1928) descubrió casualmente que un hongo producía penicilina. En una década ya se combatían con seguridad infecciones que antes mataban a los afectados, gracias a un nuevo concepto que daba lugar a nuevos fármacos, los antibióticos. Sin embargo, el progreso en el conocimiento extenso biomédico actual permite avanzar con precisión en el conocimiento de enfermedades, hasta los más recónditos detalles de las alteraciones orgánicas y sus consecuencias. Manejamos cada vez mejor la información del genoma humano, con los 19.000 genes que nos constituyen, su funcionamiento y sus respuestas ante el ambiente. Podemos incluso identificar diferencias entre los millones de células que integran un tumor.

Pero, la promesa de tratamientos, que plantean diariamente muchas publicaciones, tarda en llegar. La ciencia biomédica fundamental cada vez tiene más capacidad para entender la complejidad de las células y organismos. Las llamadas enfermedades raras (7000 conocidas), por afectar a muy pocos cada una, se deben a la alteración de uno de esos genes, pero no resulta fácil corregirlas. Porque la terapia génica aún es muy limitada o porque la alteración patológica del gen conlleva muchas otras consecuencias. Aumentan las promesas, gracias a los nuevos hallazgos, y naturalmente las demandas de soluciones se incrementen mucho más. Sólo cabe persistir en el camino comenzado. La precisión puede llegar a materializar lo que de individual y específico hay en cada paciente, haciendo real de manera objetiva aquel dicho clásico de que «no hay enfermedades sino enfermos». Mientras tanto, el entendimiento biomédico resulta aplicable de inmediato para dos retos fundamentales. La práctica de hábitos de vida saludable, para prevenir o retardar enfermedades incurables como el Alzheimer y el propio envejecimiento como tal. O el combate de la desnutrición y otras carencias que afecta a tanta gente en el mundo, con consecuencias demostradas para su desarrollo físico y mental.

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