José Francisco Serrano Oceja

Feminismo alternativo

«Si algo caracterizó al cristianismo en los primeros siglos fue su capacidad de crear un lenguaje nuevo»

José Francisco Serrano Oceja
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Durante mucho tiempo se ha repetido que si la Iglesia perdió en el siglo XIX a los obreros y en el XX a los intelectuales, ahora no está dispuesta a perder a las mujeres. La revolución silenciosa del feminismo ha dejado de ser silenciosa, pero no revolución. No ha abandonado la pretensión de convertirse en un paradigma cultural hegemónico. Lo que sigue sorprendiendo, al menos en España, es que, en la esfera pública, la propuesta cristiana vaya casi siempre al rebufo de la iniciativa y de las corrientes de opinión de otros. Sorprende que el mensaje no tenga la fuerza suficiente para tomar la delantera, marcar la agenda o purificar con sus afirmaciones el ambiente enrarecido. Si algo caracterizó al cristianismo en los primeros siglos fue su capacidad de crear un lenguaje nuevo, generar una cultura que ilusionaba y ofrecer alternativas originales al pensamiento dominante, por cierto, cansando y decadente.

Esta semana hemos vivido un ejemplo de libro con el caso del feminismo, término utilizado por primera vez en 1837 por Charles Fourier al referirse a la liberación de la mujer en un futuro utópico. Exite un feminismo de raíz cristiana que, como hemos podido comprobar, es el gran desconocido, quizá porque la Iglesia no le haya sabido sacar el partido que merece. Estos días agitados de reivindicaciones políticas, sociales e intelectuales, he recuperado un clásico sobre esta materia, «Teología feminista. Significado y valoración» de Manfred Hauke (Editado por la BAC).

En este trabajo se nos recuerda la insistencia de Juan XXIII en señalar que había llegado la hora de buscar soluciones nuevas que se correspondan con la situación de la mujer. Juan Pablo II se empeñó a fondo en hacernos comprender la necesidad de “un nuevo feminismo” basado en la dignidad de la mujer por el hecho de ser persona “y no de otros factores como la utilidad, la fuerza, la inteligencia, la belleza o la salud”. Y no digamos nada el Papa Francisco que insiste en dar mayor visibilidad a las mujeres, mientras aclara que el feminismo corre el riesgo de convertirse en un machismo de faldas.

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