Aparatoso accidente en una calle de Orense
Aparatoso accidente en una calle de Orense
SINIESTRALIDAD

Lo que se esconde tras un accidente de tráfico

ABC visita el centro que Mapfre tiene en Ávila para investigar los daños materiales registrados en los siniestros, sus causas y las vías para combatirlos

ÁVILAActualizado:

Cada pequeño golpe de un coche en la ciudad contra una farola, otro vehículo aparcado o un bolardo abre paso a una maquinaria cuyo coste medio de reparación está entre 900 y 1.800 euros. Una cantidad que parece elevada, pero que desde el centro de investigación que la aseguradora Mapfre tiene en Ávila, Cesvimap, atestiguan con una frase contundente: en 2025, el 75% de los daños en los vehículos que registren un accidente de tráfico van a ser netamente cosméticos y de bajo coste. El clásico «chapa y pintura» que tantas veces se dice porque los vehículos están cada vez mejor construidos y porque se camina, dicen estos especialistas, hacia una reducción significativa de la frecuencia e intensidad de los impactos.

Y es que, frente a la espectacularidad de los siniestros en las carreteras y contra cuyo índice de mortalidad lucha con ahínco la Dirección General de Tráfico (DGT), la mayor parte de los accidentes no tienen lugar entre vueltas de campana y grandes vías, sino en la ciudad. Ignacio Juárez, director general de Cesvimap, acredita que la inmensa mayoría de los impactos –seis de cada diez– se producen a menos de 30 kilómetros por hora. A menos de 10 km/h tienen lugar el 25% de los pequeños incidentes. Todos en el interior de núcleos urbanos. La recomendación que dan los especialistas para evitar estos impactos no es otra que poner toda la atención al volante. «La simple escucha activa de la radio y hasta poner el manos libres restan mucha concentración. Debes ser consciente de que las circunstancias aparecen en fracciones de segundo (pintura en la carretera, animales, lluvia y niebla) y de lo que llevas entre manos», apremia Juárez.

Mejorar, no adornar el coche

Juárez cree que el ciudadano español conduce cada vez mejor, y que la ambición ahora desde el sector es reducir a una «tasa cero» la frecuencia de la accidentalidad. Es decir, confluye el interés del conductor con el frenesí de los fabricantes de automóviles por mejorar el producto que sacan al mercado, y que «está diseñado para soportar los impactos de modo que protejan al cien por cien la célula de habitabilidad donde viajan los pasajeros y se deformen otras piezas o partes», afirma Juárez.

La pretensión de algunos fabricantes, incluso aunque no existe obligatoriedad reglamentada, es que en el año 2018 todos los turismos tengan un sistema de frenada automática y aviso de colisión frontal; incluso algún fabricante va más allá y piensa añadir también a sus prototipos un tercer equipamiento, como la alerta de carril involuntario. «Por no hablar de la mejora que generan los sistemas autónomos de aparcamiento, que ya están aquí», enfatiza Ignacio Juárez. «Hay datos muy dispares, pero se está hablando ya de que con estos modelos se recortaría la siniestralidad en una horquilla del 47% al 57%», añade el director de Cevismap.

Renovar el parque móvil

Desde este centro, no obstante, inciden en este punto en la importancia de la renovación de un parque móvil que en España, con once años de media de «edad», está muy envejecido, con la gran merma que ello genera en la seguridad del vehículo y sus «inquilinos». «Hay países donde existen clasificaciones en base a la seguridad de los vehículos. Deberíamos, en este, esforzarnos no en conceptos abstractos, sino más concretos, y poner en valor la seguridad vial». No en vano, Juárez también apela a la necesidad de concienciación en el consumidor, puesto que todavía, a fecha de hoy, en el acto de compra no pesa suficiente el criterio de la seguridad del automóvil. «El cliente sigue interesándose más por cuestiones como la estética y las prestaciones y tecnología de las que goza el coche; en segundo lugar, por el precio; y en tercer lugar, por las condiciones de seguridad que presenta el turismo» que adquiere.

Vidas y daños materiales

El combate de la siniestralidad se abre en varios frentes. Por un lado, la DGT quiere mitigarla con grandes medidas, como la implantación de 3.000 kilómetros de banda rugosa en vías convencionales y sus puntos negros. También con la sensibilización hacia la necesidad de no pisar el acelerador, puesto que, según sus cálculos, rebajando la velocidad se podría reducir en 300 el balance de fallecidos en las carreteras. Recuerdan lo que parece una regla nemotécnica muy sencilla: que un 5% más de velocidad suma un 10% en la cantidad de accidentes de tráfico. Así que el departamento de María Seguí tiene claro el consejo básico: mayor prudencia y ninguna prisa.

Desde una aseguradora como Mapfre y su centro de investigación y reparación de automóviles han radiografiado los golpes más recurrentes, porque para ellos la accidentalidad se traduce en daños materiales. En este centro ubicado a las afueras de Ávila se adquieren 35-40 vehículos cada año para realizar los conocidos «crash-test» o pruebas con dummies que sufrirán los rigores de la colisión del vehículo contra un bloque indeformable y en la que una caterva de ingenieros trabajan en la medición de todo tipo de parámetros. «Cesvimap investiga lo que le ocurre al vehículo cuando sale del concesionario y hasta el final de su vida. Nos interesa saber los daños que sufren». Y los mayores golpes se producen por alcance trasero y daños por aparcamiento, contrastan.