La dramaturga y directora del Teatro Español, Carme Portaceli
La dramaturga y directora del Teatro Español, Carme Portaceli - BELÉN DÍAZ
Mujeres al mando

Carme Portaceli: «Me fijo en las mujeres porque no lo hace nadie»

La primera y única directora del Teatro Español busca visibilizar a las mujeres

MADRIDActualizado:

Carme Portaceli es feminista «desde siempre». La fuerza que ha cobrado la defensa de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer no la pilla a esta dramaturga y directora de teatro de nuevas. Portaceli, que ha dirigido más de 70 obras (hasta ella ha perdido la cuenta) se puso al frente del Teatro Español en 2016 y desde este lugar tan visible se propuso defender la «paridad absoluta». «Es una las banderas de mi programa», explica. Esta valenciana de 62 años escoge las obras teniendo en cuenta la excelencia, aunque siempre y cuando en ellas haya la misma cantidad de hombres que de mujeres. Para ella, «el problema de las mujeres es la falta de oportunidades, no de talento, no tenemos la misma visibilidad». Por ello, asegura que no hace un teatro feminista sino que defiende «una óptica» diferente en la que la mujer se vea

—¿Qué se siente al estar al frente del teatro más antiguo de Europa?

—Siento una gran satisfacción; siempre digo como chiste que soy la primera mujer que dirige desde 1583, un hito importante. Estar al frente normaliza la situación de la mujer, yo soy una directora que hace muchos años que trabajo dando oportunidades a las mujeres. Entré al Teatro Español con el 28% de ocupación y una las banderas de mi programa ha sido desde entonces la paridad absoluta porque pienso que el problema de las mujeres es la falta de oportunidades, no de talento; no tenemos la misma visibilidad. Con esa paridad, aumentamos la ocupación a un 67% y al año siguiente, la duplicamos. Esto explica que ni las mujeres bajamos el cómputo de ocupación ni nada de eso.

—¿Cómo se hace para pensar en la paridad y, a la vez, no olvidar la calidad de lo que se programa, es decir, no hay que priorizar la excelencia antes que contar el número de mujeres y hombres?

—Se tiene en cuenta la excelencia pero también que haya la misma cantidad de hombres y mujeres. Es que tiene que ser así, luego cuando se normalice no será tan importante pero hoy por hoy lo veo necesario. Es más, el incumplimiento de la Ley de Igualdad debería estar penalizado, como lo está el exceso de velocidad. Como personas civilizadas que somos tenemos que cumplir.

—¿Si se le presentara una obra magnífica solo hecha por hombres la descartaría?

—No, siempre que ideológicamente no sea delesnable. Me fijo en las mujeres porque no lo hace nadie. Hay escritoras buenas, directoras buenas, solo hay que buscarlas, porque no se ven. Pero tengo hombres en mi progamación y en mis equipos artísticos sin los que no me gustaría hacer una obra porque es gente que me acompaña en un camino de búsqueda.

—¿El teatro en España ha permitido a las mujeres actuar, no como el teatro isabelino, por ejemplo, donde los hombres hacían de mujeres. ¿Ve necesario aún así defender el lugar de la mujer?

—Sí que han podido actuar, en el mundo de la interpretación han tenido voz y voto pero siempre lo han hecho bajo una óptica masculina, cumpliendo un rol que es el de «hembra». Pero en los otros roles no se nos ha dejado nunca existir.

—¿Le costó llegar hasta la dirección el Español o le pusieron trabas por ser mujer?

—No. Me presenté a algunos concursos y dos no salieron y uno sí. No hay más.

—¿Y llegar a ser directora de escena?

—En ese caso sí. Creo que llevo más de 70 obras obras dirigidas y he hecho cosas bien, mal y regular. Pero siempre se han tenido en cuenta la que están mal. Y eso con las mujeres pasa mucho. Hay una frase de Margaret Mead que dice: «Hagan lo que hagan los varones, aunque sea vestir muñecos para una ceremonia, parece dotado del máximo valor». Ellos ocupan mucho espacio y cuando hacen algo bien es lo mejor, entre ellos se admiran, se fascinan, pero nosotras siempre hemos sido el patito feo, lo que no servía para nada. No hemos sido nunca valoradas. Eso, aunque no sea ahora así, subyace.

—¿Cómo se hace para estar al mando de un teatro tan importante?

—Mandar tiene dos vertientes: organizar y controlar que cada persona haga lo que le corresponde. No se trata de pegar golpes en la mesa y que la gente tiemble. Tenemos todos una cosa en común y es hacer que el Español sea el mejor teatro del país. Mi rol exige la toma decisiones, pero el trabajo es compartido.

—¿Considera el papel de la mujer igual de importante en las artes escénicas que en la política?

—Claro. El de la política, además, es un modelo que todo el mundo ve y se refleja en él.

—¿Deberíamos imitar el papel de la mujer en los teatros de otras partes del mundo?

—Cuando estuve en Finlandia lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de directoras y dramaturgas que había. Era mucho más normal que aquí y estoy hablando de hace por lo menos 10 años.

—¿Qué aporta una mujer al frente del teatro?

—Que los cuidados sean tan importantes como otras cosas. Estuve en una conferencia en la que una mujer se ausentó porque se quedó al cuidado de un familiar enfermo y dijeron que con los hombres no pasaba. Siempre nos hemos tenido que poner en los zapatos del otro y hay que reaccionar, sí, pero esa empatía no se puede perder.

—Dicen que siempre consigue encontrarle el lado feminista a las obras...

—No es que yo haga una obra feminista, es que cuando dices que una mujer siente algo, tienes otra óptica. Yo leí Lolita de Nabokov y cuando vi la película de Kubrick no podía creer lo que había hecho porque en la novela, en realidad, esa niña llora mientras que en la película parece una cerda, era otra perspectiva que no estaba en la novela.

—¿Conoce casos de acoso en el mundo del teatro? En EE.UU. han sido numerosos...

— Sí muchos. Casos sorprendentes que se callaban porque no podían decirlo.