Un cliente fuma en un café del centro de Viena
Un cliente fuma en un café del centro de Viena - REUTERS
El pulso del planeta

Austria seguirá echando humo

El nuevo Gobierno ultraconservador bloqueará la ley que debía prohibir fumar en establecimientos cerrados a partir del próximo mayo

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Todo en el Café Central de Viena tiene ese tono amarillento, el del humo adherido a las superficies durante macilentos inviernos de tertulias literarias. Numerosas fotografías atestiguan que sus más ilustres clientes fueron profusos fumadores, desde Zweig hasta Musil, pasando por Franz Werfel, Adolf Loos o Leo Perutz. Incluso Trotski. Igualmente fumaron allí Rilke, Hofmannsthal, Broch y Joseph Roth. Largas horas, aferrados a sus cigarros, Freud, Klimt, Kokoschka y Otto Wagner, entremezclándose todos aquellos humos y engendrando juntos una forma de ver el mundo, anterior a la Gran Guerra, de la que los austriacos terminaron renegando por la fuerza de los hechos consumados. Y al mismo compás que el resto de las sociedades occidentales del siglo XX, renegaron también del tabaco a lo largo de sucesivas normativas de oxigenación. La última, aprobada en 2015 y que debía entrar en vigor a partir de mayo, excluía definitivamente de bares, cafeterías y restaurantes a los fumadores, a cuyo rescate ha acudido el nuevo gobierno.

La coalición formada por los populares del VÖP y la extrema derecha antieuropea del FPÖ ha anunciado su intención de revocar la prohibición. El líder del FPÖ, Hans Christian Strache, aguerrido fumador y actual vicecanciller de Austria, ha acusado a esa ley de «atentar contra la libertad de decisión» durante una sesión del parlamento, defendiendo el derecho de cada local a admitir o no a los fumadores y de los ciudadanos a «decidir si disfrutar o no de un cigarrillo, una pipa o un puro junto a su café». Cuando parecía que la lucha contra el tabaquismo había cruzado un inesperado punto de inflexión, el sector sanitario se ha lanzado a la calle en tromba, señalando a Strache como el perverso «irresponsable que quiere hacer de Austria el cenicero de Europa». Total, que la legendaria ciudad de las tertulias literarias vive hoy enzarzada en espesos debates sobre el tabaco en los cafés. Aquello terminó con la Gran Guerra y esto ha sucumbido a la «guerra del tabaco», como lo denominan los medios locales.

«Austria tiene tasas vergonzosamente altas de jóvenes fumadores», denuncia de televisión en televisión el Dr. Manfred Neuberger, profesor emérito de la Universidad Médica de Viena, que califica el giro de «desastre para la salud pública. «No son más que imposiciones de Bruselas contra un modo de vivir», contradice la ministra de Sanidad, Beate Hartinger-Klein, que no considera probado que ese tipo de medidas esté directamente relacionado con la reducción del número de fumadores. «Talibanes de la nicotina» o «fetichistas de la salud» son algunas de las expresiones que uno y otro bando se han dedicado últimamente.

Figuras relevantes del Partido Popular (ÖVP) han firmado una petición de la Asociación Médica de Ayuda contra el Cáncer con 400.000 adhesiones en solo una semana. Como respuesta, cerca de 100.000 firmas apoyan una contrapetición digital contra la prohibición. Y todo ello con muy malos humos y una retórica populista que apesta mucho más de lo que debió apestar en su día el Café Central de Viena, un detalle que no se aprecia en las también amarillentas fotos.