Atapuerca y la Catedral de Burgos

Han pasado los años y la ciudad de Burgos se ha convertido en samaritana no solo de la caridad, también de la cultura

José Francisco Serrano Oceja
MadridActualizado:

Fue mi admirado Joaquín Luis Ortega, sacerdote y periodista, quien, en el pregón de las Fiesta de San Lesmes de 2012, elevó a Burgos a la categoría de ciudad samaritana. «El samaritanismo –escribió- se cuenta en Burgos por docenas. Baste aquí concluir que si existen ya tantas siglas y tantas personas movilizadas por el amor al prójimo, solo quedaría que se tomara conciencia colectiva de tal realidad para unir esfuerzos y hermanar objetivos».

Han pasado los años y la ciudad de Burgos se ha convertido en samaritana no solo de la caridad, también de la cultura. Una ciudad que no se entendería sin su catedral, rosa de piedra, alma de la urbe, cátedra del obispo, latido del culto al Dios que no se muda. Un día como ayer, 20 de julio, en el año de gracia de 1221, se colocó la primera piedra de esta joya gótica de la península Ibérica. Es cierto que entre 1080 y 1095 se había construido un templo románico en el que se celebró, por cierto, la boda del Rey de Castilla, Fernando III el Santo, con Beatriz de Suabia. Pero fue el obispo D. Mauricio, que había estudiado las Sagradas Páginas en París, quien convenció al Rey santo para que «a mayor gloria de Dios» se construyera un esplendoroso templo según los cánones del nuevo estilo que se extendía por Europa.

Han pasado los siglos y el actual arzobispo de Burgos, monseñor Fidel Herráez Vegas, ha conseguido lo que parecía un imposible: aunar las voluntades de la ciudadanía toda para dar un nuevo impulso al icono universal de esa siempre preclara cabeza de Castilla. Con tino conciliador y tacto organizador el arzobispo de Burgos ha diseñado un programa preparatorio del VIII Centenario de la colocación de la primera piedra que está haciendo las delicias culturales y espirituales de propios y ajenos. Como afirma don Fidel, lo que está pasando contribuye de forma significativa a la «cultura del encuentro y del diálogo en una sociedad pluralista». Atapuerca y la Catedral de Burgos, dos privilegiadas geografías de lo humano y lo divino, creación y redención, sentido y propuesta.

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