El cofundador de Facebook, Mark Zuckerberg
El cofundador de Facebook, Mark Zuckerberg - AFP

El annus horribilis de Facebook

El que acaba ha sido el peor año de la historia de la mayor red social del planeta

WashingtonActualizado:

La imagen de una silla vacía representa como ninguna otra los graves problemas que han hecho de 2018 el verdadero ‹annus horribilis› de Facebook. Mark Zuckerberg, fundador de la mayor red social, había sido invitado a testificar el 27 de noviembre ante la comisión del Parlamento Británico que investiga el papel de las noticias falsas en crisis políticas de todo el mundo. Le esperaban 24 diputados de Reino Unido, Canadá, Brasil, Lituania, Argentina, Irlanda, Singapur, Francia y Bélgica. Sabían ya que no iba a acudir, pero dejaron su silla vacía ante una placa con su nombre. Tomaron una foto y la compartieron en redes con el siguiente pie: «9 países, 24 diputados, 447 millones de ciudadanos representados. Una pregunta: ¿Dónde está Mark Zuckerberg?».

No es que 2018 haya sido un año de perfil bajo para Zuckerberg. En abril testificó ante las dos cámaras del Capitolio y en mayo, en el Europarlamento. Según admitió entonces: «Todo esto es error mío, lo siento, yo creé Facebook en 2004, yo lo dirijo, lo que pasa aquí es responsabilidad mía». A pesar de sus evidentes esfuerzos, aquel ‹mea culpa› no disipó el temor de que ese millonario de 34 años, al que aún se ve incómodo de traje y corbata, no sabe exactamente cómo controlar los miles de fuegos que han prendido en su red social y han acabado incendiando los ánimos en elecciones y referendos de todo tipo.

La ausencia de Zuckerberg en el Parlamento Británico es más grave de lo que parece. El motivo es una aplicación llamada Pikinis que permitía buscar en Facebook fotos de amigas en bikini. Como sucede con la mayoría de servicios de ese tipo, la empresa Six4Three, propiedad de un emprendedor llamado Ted Kramer y dueña de Pikinis, hacía dinero con datos personales que obtenía a través de Facebook. Un cambio en la política de acceso a datos de la red social llevó a Kramer a cerrar Pikinis y a denunciar a Zuckerberg alegando que sólo cedía datos privados a quienes compraran publicidad en Facebook. Es decir: Facebook vendía datos personales, aunque negara hacerlo.

El caso Pikinis se decide en un juzgado de California, cuyo instructor ha ordenado el secreto de sumario. Pero el presidente de la comisión de noticias falsas británica fue extremadamente hábil. Damian Collins, veterano conservador, aprovechó el 20 de noviembre una visita del creador de Pikinis a Londres para enviarle a un ujier del parlamento al hotel a que le pidiera los documentos que había aportado como pruebas en su juicio. Según le explicó por carta Collins, en Reino Unido no valen los secretos de sumario de California y el caso en cuestión es mucho más importante que una demanda mercantil. El motivo: la alargada sombra de Cambridge Analytica sobre el Brexit.

Cesión de datos personales

Efectivamente, si la comisión británica obtenía pruebas de que Facebook comerciaba con datos personales después de negarlo públicamente, podría emprender medidas por cómo Cambridge Analytica obtuvo datos de votantes británicos para influir en el referéndum del Brexit. Y vaya si encontró pruebas.

Según asegura Collins, esos documentos «plantean dudas sobre cómo Facebook gestiona los datos personales de sus usuarios, cuáles son sus políticas para colaborar con desarrolladores de aplicaciones y cómo ejercen su dominio en el mercado de las redes sociales».

En las 250 páginas de correos electrónicos y documentos internos que Collins hizo públicos queda clara una cosa: Zuckerberg instauró una política de ceder datos personales a aquellas empresas que invirtieran al menos 250.000 euros anuales en publicidad en Facebook. Mercadeo puro.

Luego, claro, está Rusia. Facebook ha admitido que su plataforma fue manipulada para la difusión de noticias falsas rusas que fueron decisivas en elecciones en EE.UU. y Europa. Pero siempre ha mantenido que es víctima y no cómplice. Los documentos obtenidos por Collins demuestran lo contrario: Zuckerberg sabía que usuarios con conexiones de internet ubicadas en Rusia descargaban a diario cantidades ingentes de datos de Facebook ya desde 2013. Y no hizo nada hasta después del Brexit y la victoria de Donald Trump.

El que acaba ha sido año electoral en EE.UU. En las elecciones parciales de noviembre todos los ojos estaban de nuevo sobre Facebook ante la posible proliferación de noticias falsas. Zuckerberg creó un gabinete de crisis dedicado a combatir bulos y eliminó 30 páginas sospechosas. Muchos pensaron que sería parte de una nueva política, una estrategia a largo plazo a emplear, por ejemplo, en las elecciones europeas de mayo. Ese gabinete de crisis, sin embargo, ya ha cerrado. Su breve y anecdótica existencia no le ha despertado ninguna simpatía a Facebook aquí en Washington. Es más, ha habido diputados que piden el despido de Zuckerberg.

Silla vacía del CEO de Facebook en el Parlamento británico
Silla vacía del CEO de Facebook en el Parlamento británico

Según dice con evidente hartazgo el diputado Bobby Rush, demócrata de Illinois, «los estadounidenses están cansados de las excusas, las mentiras y las evasivas de Mark Zuckerberg». «Ya no merece el privilegio de dirigir una de las grandes empresas norteamericanas», añade. Con un tono igual de duro, un grupo de nueve senadores entre los que se encuentran el demócrata Bob Menéndez y el republicano Marco Rubio, pidieron hace dos semanas a Facebook que tome medidas después de que un hombre de Sudán del Sur pujara en la red social por una esposa de 16 años que acabó comprando por 530 vacas, tres todoterrenos y 10.000 dólares. «Ya no nos basta que nos digan, como siempre, que no estaban al tanto de estos problemas en su red social», dijeron en esa misiva.

Facebook gestiona los datos de 2.270 millones de usuarios activos. Muchos ni siquiera saben qué información han entregado por la oportunidad de compartir fotos y charlar con amigos: sexo, raza, edad, nivel educativo, empleo, ubicación, aficiones, amigos, familiares y mucho más. Durante años, Zuckerberg ha valorado, ante todo, el crecimiento de su empresa como vía óptima para lograr beneficios. Los ingresos en 2015 fueron de 18.000 millones de dólares. Sólo dos años después, se dispararon hasta 40.000 millones. La pregunta es si los representantes electos del pueblo aceptarán aquello de que el fin justifica los medios.

Hay, además, malos augurios para Facebook en el horizonte. Sus usuarios diarios en EE.UU. y Canadá llevan estancados un año. Y en Europa están cayendo, tentados por otras redes sociales. Tampoco es que esto provoque pánico en una empresa que es dueña, al fin y al cabo, de Instagram y WhatsApp.