Planta central de la iglesia de San Luis de los Franceses - ABC

El templo sevillano del Rey Salomón de la antigua calle Real donde oraban los jesuitas

El conjunto monumental de San Luis de los Franceses es una obra maestra del Barroco

SEVILLAActualizado:

En la antigua calle Real, que conectaba la Puerta de la Macarena con los Reales Alcázares, lugar de entrada de los reyes a Sevilla, el arquitecto Leonardo de Figueroa proyectó una iglesia que a día de hoy es considerada una obra maestra del Barroco español. San Luis de los Franceses fue concebido como la versión sevillana del Templo del Rey Salomón.

La historia de este emblemático conjunto monumental, ya desacralizado, se remonta a 1699, cuando doña Lucía de Medina cede la que fuera casa de los Enríquez de Ribera a la Compañía de Jesús. Allí se levantaría un templo en homenaje al rey de Francia, primo hermano del rey San Fernando. Las obras concluirían en 1731, coincidiendo con la Corte de Felipe V en Sevilla.

San Luis de los Franceses fue en sus inicios el noviciado de la Compañía de Jesús en Sevilla, la vivienda y centro de formación para los futuros jesuitas. De hecho, el trabajo de Figueroa estuvo supervisado por los jesuitas que idearon el ambicioso proyecto de levantar un edificio «a mayor gloria de Dios» como reza el principio de San Ignacio de Loyola, fundador de la orden jesuita, a modo de «Templo de Jerusalén».

Barroco sevillano

Desde el exterior, su imponente fachada, como si fuera un retablo, muestra la típica bicromía del Barroco sevillano: el color rojo del ladrillo avitolado y el gris de la piedra y figuras decorativas. Pero hay que cruzar la puerta de entrada para sentir lo que quiso su autor, conmover al corazón cristiano más que llamar a la razón.

Cúpula de la iglesia de San Luis
Cúpula de la iglesia de San Luis - ABC

La iglesia está proyectada como una planta griega sobre la que se eleva a lo alto una impresionante cúpula, símbolo de la gloria celestial, que parece alzarse hasta el cielo infinito, hacia lo divino. Se trataba de crear un espacio arquitectónico capaz de sobrecoger a los fieles con sus fastos y grandeza, donde se mezclan la arquitectura, la escultura y la pintura.

Leonardo de Figueroa desplegó aquí todas las herramientas propias del Barroco tardío: retórica, teatralidad, artificio y combinación de diferentes artes plásticas. El arquitecto sevillano estuvo acompañado en esta empresa por el escultor Pedro Duque Cornejo y los pintores Domingo Martínez y Lucas Valdés.

El retablo mayor, obra de Duque Cornejo, es la pura expresión de la exaltación del espíritu y la fe, donde se funden lienzos, esculturas y relicarios, con dorados que juegan a las sombras con pinturas de los siglos XVII y XVIII. Y sosteniendo la suntuosa cúpula, columnas salomónicas se retuercen sinuosas hacia lo alto, como en perpétuo movimiento.

La capilla doméstica

En el interior del complejo, la capilla doméstica también deslumbra a fieles y visitantes, aunque inicialmente fue de uso exclusivo para los novicios. De planta rectangular, su decoración está dedicada a exaltar la figura de la Virgen María. Las pinturas de la bóveda son letanías o alabanzas a la Virgen, realizadas por Domingo Martínez, que los jesuitas recitaban durante la oración. En las paredes, cuadros con escenas de la Virgen y relicarios - restos del cuerpo de los santos - traídos desde Roma.

Cripta de San Luis de los Franceses
Cripta de San Luis de los Franceses- ABC

Bajo el suelo de la iglesia, ocupando toda la superficie la nave, se encuentra la cripta, donde eran enterrados jesuitas y monjas, desprovistos de todo artificio, normalmente en osarios, sólo cubiertos por un lienzo como mortaja.

Usos múltiples

Tras la Desamortización de Mendizábal, el edificio se convirtió en hospicio provincial, hasta que en 1931 pasó a ser residencia-escula de San Luis, a medio camino etner la institución de enseñanza y beneficencia. En la década de los noventa se convirtió en la sede del Centro Andaluz de Teatro y en 2017 se reabrió como espacio musealizado, en manos de la Diputación Provincial de Sevilla.