Luis Fernández Arévalo
Luis Fernández Arévalo - José Galiana
Justicia

Luis Fernández Arévalo, el fiscal imprevisible

Miembro de la asociación conservadora de fiscales fue designado por una progresista. Hoy toma posesión como nuevo fiscal jefe de Sevilla

SevillaActualizado:

A Luis Fernández Arévalo (Sevilla, 1958) que desde hoy será el nuevo fiscal jefe de la capital hispalense es difícil encasillarlo. Porque, aunque pueda parecer lo contrario, este fiscal de 60 años pertenece desde el año 1990 a la Asociación de Fiscales (la conservadora), pero ha sido designado por la progresista María José Segarra (destacada integrante de la Unión Progresista de Fiscales).

De hecho, en el Consejo Fiscal derrotó a su contrincante, el fiscal delegado de Medio Ambiente, Javier Rufino, en una votación en la que lo apoyaron los conservadores y, sin embargo, no le dieron el respaldo los sectores más progresistas. Fernández Arévalo obtuvo siete votos, cinco de ellos de vocales procedentes de la Asociación de Fiscales y dos de miembros natos del Consejo Fiscal. Los vocales de la Unión Progresista de Fiscales se decantaron por Rufino.

También puede despistar el hecho de que está casado con una progresista, la abogada y vocal del CGPJ a propuesta del PSOE, Pilar Sepúlveda. Como bromea un conocido jurista sevillano acerca de su situación, «le ocurre igual que a su amigo, el fiscal y exconsejero de Justicia, Emilio de Llera, esposo de una diputada socialista».

Seguramente en la forja de ese desconcertante perfil influye que durante su trayectoria ha tomado decisiones de todo tipo. Desde pedir el archivo de la pieza política de los cursos de formación en Huelva (una decisión que fue muy polémica y que, según recuerda siempre, se produjo igualmente en el resto de provincias), a solicitar una sanción de 72.000 euros por un delito de injurias graves para Luis Oliver, el exdirectivo del Betis que se atrevió a llamar «loca y nazi» a la juez Mercedes Alaya.

En cualquier caso, el sustituto de María José Segarra, que hoy tomará posesión en la Audiencia de Sevilla en presencia de sus jefas de filas, la fiscal general del Estado y la fiscal superior de Andalucía entre otras autoridades, tiene un carácter muy distinto al de su antecesora. Si Segarra, de origen madrileño era mucho más distante, su sucesor, como buen sevillano (y sevillista), es más amable y más cercano en el trato. Bromea con los periodistas e incluso es capaz de mandar memes por el móvil.Pero también se pone muy serio cuando algún tema no le convence.

Sea como sea, es indudable que al nuevo fiscal jefe le avala una innegable trayectoria profesional que tuvo su último capítulo en Huelva, cuya jefatura ha ocupado durante tres años. Hasta allí se marchó después de un primer intento de acceder al mando de la Fiscalía de Sevilla en 2015 en una votación en la que logró más apoyos que la propia Segarra. Pese a ello, la entonces fiscal general del Estado reeligió a Segarra y Fernández Arévalo decidió marcharse a Huelva.

Pero antes de eso, el nuevo fiscal jefe, que se crió en el sevillano barrio de Los Remedios y estudió en los Padres Blancos, tuvo tiempo de forjarse muy a fondo la carrera fiscal. Sacó la oposición con sólo 24 años, convirtiéndose en uno de los más jóvenes de su carrera. Pasó por Tenerife y Málaga antes de llegar a Sevilla en el año 1988, la ciudad donde ha ejercido más tiempo su carrera y en la que vive su familia y nacieron sus hijos, una chica que oposita a judicatura y un joven que ejerce como letrado. Hijo y nieto de abogados, conoce tan bien la judicatura como la plantilla de setenta fiscales que le espera en Sevilla.

En su ciudad ha llevado asuntos de familia y era responsable de la Fiscalía de Vigilancia Penitenciaria y Extranjería, un asunto en el que es un reconocido experto, que le ha llevado a Roma en las últimas semanas y el tema que le apasiona. Cuando se le pregunta, lo deja claro: «Los delitos de trata de seres humanos son los que más me han impactado». Unos asuntos «muy duros» que hacen referencia a la explotación sexual pero también a la laboral. Y unos temas en los que ha encontrado subsaharianas, nigerianas o de Europa del Este. Por eso, desde Huelva apostó por que esos temas fueran llevados por fiscales de extranjería, que entendieran a las víctimas.

Hoy elegirá entre las dos togas que guarda en su armario; la suya de toda la vida o la que le regaló el juez Manuel Rico Lara. Hoy será oficialmente fiscal jefe de Sevilla, una plaza que en los últimos 33 años sólo había conocido a dos fiscales jefe, Alfredo Flores y María José Segarra. La tarea que tiene por delante es ardua.