El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el acto de este sábado
El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el acto de este sábado - Raúl Doblado
Elecciones municipales

Juan Espadas: «Seré el tercer alcalde de Sevilla en repetir»

El presidente del Gobierno proclamó ayer candidato del PSOE al actual alcalde con una promesa: si ambos revalidan el poder, habrá red completa de metro

SevillaActualizado:

El horizonte electoral se ha puesto escarpado. En apenas tres meses y medio habrá generales y municipales. Por eso el acto de proclamación de Juan Espadas como candidato del PSOE en Sevilla tuvo tanta miga. Pedro Sánchez arrancaba su precampaña un día después del anuncio de los comicios para el 28 de abril con su «archienemiga» interna Susana Díaz, recién caída del olimpo del poder andaluz. Las sonrisas que se cruzaron ante los flashes eran de «top manta». Todas falsificadas. Pero la causa es la causa. En el salón del Hotel Barceló Renacimiento aplaudían todos los bandos a la vez, en una tregua de apenas dos horas que no evitó ciertas incomodidades en los saludos. Los pedristas Francisco Toscano, alcalde de Dos Hermanas, y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, delegado del Gobierno, con la flor y nata del susanismo. Y en medio la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, constantemente aplaudida entre los rumores de su posible regreso al Sur para tomar las riendas. Todo eso flotaba en el ambiente hasta que salió al atril Juan Espadas, que se trabajó el toreo de mano izquierda para aplacar las animadversiones. El símil lo usó la propia Susana Díaz al presentarlo, tal vez para hacerle una caricia a los taurinos después de que el ministro Ábalos los soliviantara: «Juan, coge el capote y bájalo al suelo como los buenos toreros».

Eso hizo el alcalde, que hasta el viernes a media mañana estaba anunciado como protagonista central del acto y desde ayer por la tarde pasó a ser actor secundario porque la marabunta informativa esperaba a Pedro Sánchez. Espadas asumió la situación y la aprovechó para comprometer al presidente del Gobierno, que entró al trapo sin vacilar. «Te prometo que impulsaré el metro, Juan», le dijo Sánchez desde el escenario. La ovación de la militancia fue rotunda porque acababa de darle al candidato socialista de Sevilla la mejor baza electoral posible para el 26 de mayo. Sánchez alabó el trabajo del alcalde en el Ayuntamiento apelando a la nostalgia, a aquellos tiempos en los que ambos eran políticos incipientes y completamente desconocidos y coincidieron en una comisión mixta del Congreso. «Desde entonces supe que Juan es una persona con profundas convicciones socialistas», le agasajó el presidente, que traía preparada otra lisonja para su candidato en la cuarta ciudad de España. «Espadas tuvo un gesto como alcalde con el que me ganó, que fue conseguir que Sevilla fuera la primera ciudad del país que le dio un nombre de una de sus calles a una mujer víctima de la violencia de género, Ana Orantes, porque así se demuestra qué tipo de sociedad queremos».

Pero de fondo seguía el doble envite que le había lanzado Espadas en su intervención: «Presidente, te encargo aquí que no pase ni una legislatura más sin resolver la financiación de los ayuntamientos porque el PP redujo nuestro papel a nada. Y como tenemos que proyectar una ciudad para los próximos 15 años, también te pido, Pedro, que saques el metro de Sevilla adelante». Sánchez no pudo esconderse y acabó entregando al alcalde el arma con el que hará toda su campaña: «Desde aquí digo que el Gobierno de España va a cumplir y va a impulsar el metro de Sevilla». Para eso, de todas formas, tienen que pasar dos cosas: que el PSOE gane con suficiente ventaja para formar gobierno las elecciones generales del 28 de abril y que luego Espadas haga lo mismo el 26 de mayo en Sevilla. Ambos están convencidos. «Las libertades siempre han tenido la rúbica del PSOE y por eso los ciudadanos nos elegirán para gobernar», exclamó Sánchez, así que Espadas tampoco eludió los golpes de pecho: «Sólo dos veces se ha conseguido revalidar la alcaldía en la historia de la democracia de Sevilla y las dos veces han sido socialistas, Manuel del Valle y Alfredo Sánchez Monteseirín. Yo seré el tercero». La euforia invadió el salón en ese momento a pesar de las discordias latentes. Y el alcalde llegó a gritar una soflama electoralista poco habitual en su estilo tecnócrata: «¡Los tristes, fuera de Sevilla!».

Hasta ahí había estado comedido, capeando los desencuentros con temple, repasando quizás con demasiado detalle todas las iniciativas de su primer mandato: las obras de los colegios, las políticas sociales, la sensibilidad medioambiental... Su proyecto de ciudad. «Yo me levanto cada mañana para dejarme la piel en intentar mejorar Sevilla», se ufanó. Y hasta se dirigió a Toscano en tono conciliador: «Quico, tenemos que hacer cosas en común en toda el área metropolitana». En fin, besos y abrazos. Porque el objetivo se había conseguido por encima de disputas intestinas: el metro. Una red de metro en la que Sevilla lleva atrapada décadas. Una infraestructura de la que se lleva hablando años en los mítines, pero no en los despachos. Una carta electoral en la que, además, ahora Susana Díaz no pinta nada. Pinta María Jesús Montero. La más aplaudida.