Revisión de un cuadro de contadores
Revisión de un cuadro de contadores - ABC
Sucesos

El fraude eléctrico se extiende por la provincia de Sevilla a pesar de las inspecciones

La proliferación de los cultivos de marihuana y los enganches ilegales de empresas elevan la factura

SevillaActualizado:

El fraude eléctrico ha dejado de ser una argucia de unos pocos para ahorrarse dinero en la factura o una salida obligada para familias sin recursos, y se ha convertido en un problema mayúsculo para la compañías. El agujero de pérdidas comenzó a ensancharse en 2012 y en 2015 la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) dio una primera advertencia de cómo este fraude le suponía a los consumidores una factura extra de 150 millones al año. Desde entonces la situación no ha mejorado, confiesan en una de las principales suministradoras de energía, Endesa.

A nivel provincial, los enganches ilegales se han profesionalizado y de los focos conflictivos, localizados en barrios marginales como las Tres Mil Viviendas, se ha pasado a una práctica extendida por Sevilla. Dos circunstancias están incrementando el volumen defraudado: la proliferación de las plantaciones de marihuana y la incorporación de empresas y grandes consumidores a estas trampas. «Se ha profesionalizado tanto este fraude, que ya no podemos hablar de un problema de un barrio concreto. Esto es un problema de todos», explica a ABC José Antonio Franco, responsable del departamento de recuperación energética de Endesa.

Las compañías se han visto obligadas a reforzar sus recursos para detectar las situaciones fraudulentas, creando departamentos específicos donde se trabaja para descubrir a estos defraudadores. En el caso de Endesa, esa unidad tiene su base en Sevilla. «Antes éramos parte de otros equipos, pero visto el incremento del problema se decidió potenciar este área». Las cifras hablan por sí solas. En el caso de esta compañía, en 2018 consiguieron detectar en Sevilla 12.223 casos de enganches ilegales por los que se estaban escapando el equivalente a la energía consumida por la ciudad de Sevilla durante dos meses. «Y ésa es la parte que descubrimos porque hay otra, que sigue sin salir a flote», admite José Antonio Franco. En 2016, tan sólo dos años antes, los fraudes localizados apenas llegaban a 6.000.

La profesionalización del fraude ha llegado a un punto que los instaladores se ofrecen por internet para hacer enganches ilegales a cambio de 200 ó 300 euros

El perfil del defraudador nada tiene que ver con la imagen que se extendió durante los años más duros de la crisis, cuando hubo familias que se vieron abocadas a la ocupación de viviendas por falta de recursos. «Detrás de estas situaciones de pobreza energética están menos del 1% de los casos que descubrimos». Buena parte del roto lo están cometiendo empresas y grandes consumidores como particulares con facturas muy elevadas que a través de enganches ilegales buscan ahorrarse un 20% o un 30%.

Los inspectores encargados de desenmascarar a estos defraudadores ya no sólo visitan las viviendas ocupadas de barrios conflictivos que están siendo reutilizadas por los traficantes para ocultar las plantaciones de marihuana, sino también chalés de urbanizaciones de vecinos con un buen poder adquisitivo.

Los agentes de la Guardia Civil revisan una plantación de marihuana de interior
Los agentes de la Guardia Civil revisan una plantación de marihuana de interior - ABC

El año pasado realizaron unas 40.000 inspecciones en Sevilla por sospechas de que había alguna irregularidad detrás. En cuatro de cada diez revisiones dieron con un enganche ilegal. «Cada vez afinamos más porque también contamos con más y mejor información». El responsable de recuperación energética de Endesa señala el análisis del big data y de la información que dan los contadores de última generación como las herramientas que han mejorado la eficacia en la lucha contra el fraude.

«Del otro lado también están mejorando en sus técnicas y a veces parecen que van unos pasos por delante». Junto al departamento de José Antonio Franco también trabajan en esta línea los expertos en ciberseguridad, que han detectado cómo hay electricistas que se ofrecen en internet para realizar enganches ilegales como si se tratara de un servicio ordinario más. Por 200 ó 300 euros manipulan la instalación eléctrica con la promesa de que vas a pagar menos en la factura de la luz. Algunos trabajos son difíciles de detectar porque se hacen durante trabajos de reformas que quedan ocultos tras los muros. Por eso, la labor de inspección a veces se convierte en una investigación en la que se tiene en cuenta si hay modificaciones recientes en las fachadas de las viviendas o de naves industriales que confirmen una manipulación de la instalación eléctrica.

La doble acometida: la trampa más común

La doble acometida es el tipo de manipulación más habitual que encuentran los técnicos de las empresas suministradores. La empresa o vivienda tiene una acometida que la compañía desconoce y que lleva la energía desde la red general y que por tanto su consumo no se le puede imputar a su factura. Normalmente se engancha a esa acometida los equipos que generan más gasto como, por ejemplo, los sistemas de refrigeración.

Además de los grandes consumidores, la otra variable que está propiciando el aumento del fraude eléctrico en Sevilla son las plantaciones de marihuana. Una actividad ilegal sobre la que han puesto los ojos organizaciones criminales porque la producción y posterior venta de esta droga es un negocio de lo más lucrativo, que además no está castigado con penas severas. La legislación española entiende que el cannabis es una sustancia que no causa un grave daño a la salud, a diferencia de la cocaína.

Y la seguridad

Estas mafias de la marihuana ya no sólo operan en pisos ocupados de zonas deprimidas. También se instalan en chalets de urbanizaciones y en naves industriales. Las provincias más afectadas por estos cultivos en Andalucía son Sevilla y Granada, que lideran también las zonas donde se detectan más enganches ilegales.

El consumo de un narcopiso equivale al de 80 viviendas, pero estos invernaderos clandestinos no son sólo un pozo de energía perdida sino también un riesgo para la seguridad de los vecinos del bloque donde se oculta la plantación o, como ha ocurrido hace pocos semanas en Espartinas, a los residentes de una urbanización. Estos afectados sufrieron constantes apagones desde que se instaló uno de esos invernaderos en una casa del barrio. El consumo se disparó por culpa de los traficantes que se engancharon a la red general. La manipulación era tan rudimentaria que en cualquier momento se pudo haber producido un incendio.

Los inspectores buscan un enganche ilegal debajo del sueloABC