Foto que hizo el guarda una noche. A la derecha, la extraña estela
Foto que hizo el guarda una noche. A la derecha, la extraña estela - ABC
RELATO DEL SUSTO QUE SE LLEVÓ UNA NOCHE

¿Cómo pasa la Nochebuena el guarda del cementerio de Sevilla?

Al ritmo de blues hace rondas por dentro, muy tranquilo, en un turismo. Dice que no le teme a los muertos sino a los vivos

Actualizado:

La Nochebuena de Simón Martínez sí que es una noche de paz. En todos los sentidos. Porque está trabajando y en lo que le gusta, no hay ruido a su alrededor y además puede escuchar blues al volumen que quiera ya que no molesta a nadie.

Es el guarda del cementeario de San Fernando. La única persona que vigila el camposanto en el horario establecido no solo hoy sino todos los días: de una de la madrugada a seis y media de la mañana.

Esta Nochebuena está solo, como el resto de los días del año que le toca servicio y que deben ser muchos porque en su empresa «de los cerca de 80 empleados que somos solo cinco quieren estar aquí, el resto rehúsa este puesto», comenta extrañado de que a alguien le impresione el cementerio y a- demás, de noche, y además, siendo responsable de toda su extensión.

Nació en Valladolid hace 61 años y lleva 15 en Sevilla. Nadie diría por el optimismo que proyecta que trabaja donde trabaja y a esas horas.

Esta noche será una más porque ya irá, como todas, cenado de casa, dispuesto a hacer sus rondas.

Simón llega poco antes de la una de la madrugada a la zona de la entrada donde están las dependencias administrativas, el crematorio, la capilla, y aseos. Es la zona en la que hay luz. El mundo de los vivos.

A los pocos minutos coge el coche, un turismo, y se adentra en la más absoluta oscuridad, en el silencio total.

La tarea de Simón consiste en hacer rondas por el perímetro interior y zonas accesibles con el coche, que es prácticamente todo el camposanto, un 90% de la superficie — «unos 1.100 metros de largo por unos cuatrocientos de ancho»— dentro del coche, con los seguros de todas las puertas echados a cal y canto.

No se baja para nada del coche a no ser que haya algo que atraiga su atención o crea que es oportuno, y así da sus vueltecitas con la sola luz del coche alumbrando y la música de blues, el ritmo que más le gusta.

«Llevo un arma de defensa, más conocida como una porra —dice— y unos grilletes. Yo no me bajo del coche pero si veo algo que sea peligroso o que yo crea que tiene entidad para actuar llamo al centro de control y se activa un protocolo con una serie de medidas que varían en función de la alarma que sea».

Cada dos horas se baja del vehículo por la zona iluminada de la entrada para estirar las piernas, fundamentalmente, ir al baño o tomarse un tentempié, porque fumar «cada día fumo menos».

Por lo demás, permenece dentro del coche toda la noche, hasta para hacer las fotografías que hace pues es muy aficionado. Las hace entre las tumbas con la luna en medio, de las zonas que va a enfilar con el coche, de panteones, de enterramientos en el suelo...

Una vez hizo una, que es la que se ve en esta página, y a la derecha salía una estela que son los «reflejos, supuestamente del flash en el retrovisor».

Simón Martínez ABC
- Simón Martínez ABC

Y dice, supuestamente, porque en los años que lleva en el cementerio no ha visto ni oído nada raro, nada sobrenatural e inexplicable.

Vamos, que no ha visto fantasmas ni siquiera los fuegos fatuos que tanto se veían hace décadas y de los que hablan las personas mayores «porque hoy día la mayoría de los cadáveres se incineran y los que se entierran van a nichos que se sellan muy bien y no dejan salir esas luces», relata Simón Martínez.

«Yo no he visto nunca nada raro ni me da miedo estar aquí. A mí me da miedo de los vivos no de los muertos. Además, si el cemenetario es el sitio más seguro y limpio que hay en Sevilla... A mí no me impesiona. Más me impresiona ver por la calle un cooche fúnebre que estar aquí porque además hay una serenidad tremenda, no solo escucho mis canciones preferidas de blues sino que reflexiono y medito mucho. También es una sensación la que tengo que no sé explicar... Es uno solo el que está aquí al cargo de todo... No sé. Soy como el rey del lugar. Yo estoy muy bien», añade.

Miedo no le dará, pero un día se llevó un susto que no olvida. «Una noche —relata— iba por la vía longitudinal, la que mide más de mil metros, con la luz larga puesta y vi a lo lejos un reflejo. Perdone la expresión pero me acoj... ¿Y sabe lo que era? Era un CD, sí, sí un CDque habían colgado de una cruz para que de día asustara a los pajaritos y no picotearan las flores. Esa noche sí que lo pasé mal, muy mal, pero nada más. Esto es seguro a estas horas. Solo recuerdo hace unos años un suceso de unos que entraron a robar de madrugada».

Se refiere a cinco encapuchados que saltaron la valla en octubre de 2016, maniataron al vigilante y reventaron las máquinas expendedoras. Pero lo cuenta con naturalidad, sin inquietarse.

«Yo estoy seguro y tranquilo. A mí no me impone nada y esta noche será como las demás: una noche de paz», termina el vigilante de la Nochebuena en el cementerio de Sevilla.