Aníbal González Serrano junto a la figura de su abuelo y el rey Alfonso XIII
Aníbal González Serrano junto a la figura de su abuelo y el rey Alfonso XIII - J.M. Serrano
ENTREVISTA

Aníbal González: «Envidio a los catalanes por saber vender a Gaudí. Con Aníbal González no lo hicimos en Sevilla»

El nieto del arquitecto de la Plaza de España, reconocida de nuevo internacionalmente, pide que se cobre una tasa por visitarla para sufragar su conservación y que se haga de una vez el museo, paralizado por la crisis

SevillaActualizado:

Aníbal González Serrano, nieto del famoso arquitecto sevillano, es doctor en Medicina y Cirugía, especializado en Estomatología. Autor de numerosas ponencias y de un libro sobre su abuelo «Inspiración, trabajo y constancia», acaba de terminar otro coincidiendo con la elección de la Plaza de España, obra de Aníbal González Álvarez-Ossorio, como el segundo lugar más espectacular del mundo por los usuarios de tripadvisor.

La figura de su abuelo se ha vuelto a poner de actualidad.

Sí. La Universidad se ha dado cuenta de la importancia de su legado, especialmente la Escuela de Arquitectura, la Escuela de Aparejadores, así como Bellas Artes y los delineantes. Amparo Graciani ha organizado en la Escuela de Arquitectura el primer congreso internacional sobre la Exposición del 29 y ha sido un total éxito. Espero que el Colegio de Arquitectos de Sevilla nos ayude más de lo que lo ha hecho hasta ahora.

¿Y los políticos?

Es lo que falta ahora, que ellos nos den un empujón. El Ayuntamiento aprobó en septiembre de 2016 hacer el museo de Aníbal González pero es un proyecto muy antiguo que lleva paralizado desde hace muchos años. Hablé con el alcalde y me dijo que me llamaría para ver las posibilidades que tenemos de poner esto. Yo tengo la esperanza

¿Dónde se ubicará?

En la Plaza de España y tenemos material de sobra para ese museo. Nos cogió la crisis pero ahora hay que hacerlo por Sevilla y por reconocimiento a un personaje histórico que transformó por completo la ciudad. Tenemos 2.608 planos de Aníbal González en la Fundación Fidas y al museo podría ir maquetas de todas las cosas que hizo mi abuelo. Ese museo será un atractivo turístico para la ciudad y garantizaría una vigilancia permanente no sólo para la Plaza de España sino también para la Plaza de América y el Parque de María Luisa.

El museo Gaudí, situado en la basílica de la Sagrada Familia, recibe muchos visitantes.

Sí. Y me quedé muy sorprendido cuando estuve allí por el poco material de exposición que hay. Tienen fundamentalmente fotografías y algunas maquetas modernas, además de una película sobre la vida y obra de Gaudí. El caso es que sólo tenían ocho planos cuando nosotros tenemos más de dos mil seiscientos.

¿Aníbal González es el Guadí sevillano o es Antonio Gaudí el Aníbal barcelonés?

Yo creo que tanto monta, monta tanto. Lo que ocurre es que los catalanes saben explotar muy bien las cosas que tienen y nosotros no. Me dan envidia.

La Plaza de España es el segundo monumento más espectacular del mundo, según los usuarios de Tripadvisor.

Sí. Eso ha sido la guinda. Todo el mundo me felicita por la calle desde que salió la noticia.

¿Le sorprendió?

Sí. A veces no nos damos cuenta de las cosas tan extraordinarias que tenemos en Sevilla. La ciudad es preciosa en su conjunto.

Parece que a veces tienen que venir los de fuera a recordárnoslo.

Yo creo es que estamos acostumbrados a verlo y no nos damos cuenta. Ahora hay que confiar en las autoridades. Espero que aprovechen este reconocimiento mundial.

¿Cómo?

Haciendo el museo Aníbal González y sacando un beneficio económico a la Plaza de España que permita su conservación y mejora.

El Ayuntamiento no parece muy inclinado a cobrar una tasa.

La entrada al Museo Gaudí, que no es nada del otro mundo, cuesta 13,5 euros. Más de un millón de personas visitaron el último año la Plaza de España. Eso es un gran desgaste para el suelo y eso lo pagan los sevillanos. Estamos encantados de que vengan los turistas pero tenemos que aprovechar las circunstancias, como hacen los catalanes. Que cobremos por ejemplo, 3 euros para mantener la conservación de la plaza, las glorietas y de los edificios de los alrededores. El último arreglo de la Plaza de España costó 8 millones de euros que aprobó el Ayuntamiento siendo alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín.

Muchos conventos del siglo XVI, XVII y XVIII de gran valor artístico se están cayendo a pedazos.

Con ese dinero de esa tasa creo que se podrían arreglar también algunos conventos que se están cayendo en la ciudad. Acabo de estar en Lérida y he visto que están arreglando muchas iglesias y están llevando a los turistas allí y están aún sin terminar. Aquí deberíamos hacer lo mismo.

La lentitud de la plaza

A su abuelo le criticaron la lentitud de las obras de construcción de la Plaza de España. Fueron casi 14 años.

Sí, pero no fue culpa suya. No había la alta tecnología que hay hoy pero aún peor fueron los problemas económicos que paralizaron el proyecto en algunos momentos. Y en tercer lugar, las huelgas de los trabajadores de la época. La propia Comisaría de la Exposición y el Ayuntamiento tuvieron que ponerse de acuerdo en muchas cosas y hubo sus roces, pero lo importante es que salió finalmente algo maravilloso y único en el mundo con tres estilos arquitectónicos diferentes: el renacimiento español, el barroco español y el mudéjar. Aníbal González supo mezclarlos como nada.

¿Qué sintió cuando vio por primera vez la Plaza de España?

Era muy pequeño pero mis padres me llevaban muchísimo allí. Nos montábamos en el burrito y en las barcas. Tengo muchos recuerdos de la infancia de la Plaza de España. La ría, de 525 metros de longitud, fue de las primeras cosas que se hicieron en 1914. Había una sequía muy fuerte y los corchotaponeros no podían sacar el corcho y los pusieron a hacer la ría. Lo primero fue allanar el terreno. Aquello era una inmensa huerta. La cimentación de la torre del Norte era un terreno muy arcilloso, entonces mi abuelo se las tuvo que ingeniar para colocar 169 pilotes de cemento armado. Es el primer lugar de Sevilla donde se utilizó este material y uno de los primeros de España.

¿Qué le dicen de ella fuera de España?

Que es el edificio que más atención les llama de la ciudad. Y no lo digo porque lo hiciera mi abuelo sino porque es verdad. Me lo dicen siempre, por encima de la Giralda, el Alcázar o el barrio de Santa Cruz. Impacta a todo el mundo. Estoy harto de escucharlo fuera de España. Cuando traía cursos y conferencias a la facultad a profesores y profesionales extranjeros los llevaba a los sitios más representativos de Sevilla y cuando llegaba a la plaza de España les decía: «Esto lo hizo mi abuelo». Y me decían: «Repeat, please». Y luego, cuando se lo repetía, me decían «incredible!».

Además del arquitecto artístico, su abuelo era un arquitecto ingeniero...

Sí, y también un arquitecto urbanista. El ensanche de la avenida de la Constitución, de la puerta de Jerez, la calle La Rábida, que separa el Palacio de San Telmo de los jardines del Casino de la Exposición, todo lo que va parejo al foso de la universidad, la avenida de Portuga... todo eso lo hizo él. Y en la avenida de la Borbolla intubó el Tamarguillo. Y la parcelación de todo el sector Sur, de la avenida de Reina Mercedes y de la avenida de la Raza. La Palmera, diseñada en 1902 lo hizo un profesor de mi abuelo en la Escuela de Arquitectura.

Usted no pudo conocer a su abuelo.

No, porque él murió en el 29. Dimitió a finales del 26 y no le dio tiempo a ver la obra oficialmente inaugurada. Cayetano, un hermano suyo se lo llevó a Aracena por esas fechas. Allí hizo muchas cosas que no son muy conocidas. Su hijo, Cayetano González, fue orfebre e hizo, por ejemplo, la canastilla del paso de Pasión.

De exposición en exposición

Parece que Sevilla sólo se mueve de exposición en exposición y luego nos echamos a dormir.

Sí, desgraciadamente no hay un impulso sostenido. La Iberoamericana de 1929, que fue más bien histórica y artística, y la Universal de 1992, que fue de ingenería y comunicaciones, fueron los dos eventos que transfomaron la ciudad pero luego nos hemos quedado parados. Es verdad que las dos crearon un potencial importante en la ciudad.

¿El éxito y la revolución urbanística que trajo la Expo92 hizo olvidar la gran transformación que vivió la ciudad a raíz de la Exposición de 1929?

-Tal vez sí. Aparte de su valor artístico la Iberoamericana produjo una notable transformación urbanística del centro histórico. Amplió la ciudad, hizo nuevas vías de comunicación, renovación del sistema eléctrico, alumbrado, alcantarillado, agua corriente. Todo eso lo trajo a Sevilla mi abuelo, por cierto, aunque con el apoyo de los poderes públicos.