Hay alimentos que se disfrazan de saludables pero esconden grasas, azúcares y sal - ABC

Once alimentos que parecen sanos pero no lo son

La próxima vez que elijas un producto convencido de que es más saludable que otro, mira la lista de ingredientes. Puede que te sorprenda por la cantidad de azúcares, sal y grasas que llevan

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  1. Sopas de sobre

    Es un producto fácil y rápido de preparar cuando vamos con poco tiempo y, además tiene pocas calorías, pero no se engañe. Estas sopas son excesivamente ricas en sal, potenciadores de sabor y almidones. Si miramos la lista de ingredientes de alguno de estos productos, encontramos que «el primer ingrediente es pasta de harina refinada, seguido de sal, almidón y potenciadores del sabor. El pollo aparece en los últimos ingredientes con menos de un 1%», enumera Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos, dietista-nutricionista y especialista en seguridad alimentaria.

  2. Palitos de surimi

    Los conocemos popularmente como palitos de cangrejo, aunque de cangrejo no llevan nada. Lo asociamos a un producto saludable porque tienen muy poca grasa y calorías, pero «están hechos de restos de otros pescados y para darles textura, forma y sabor se les añaden féculas y bastante sal», explica a ABC Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos y experta en seguridad alimentaria. El contenido del pescado de este producto «no llega al 50%», añade el doctor Miguel Ángel Martínez Olmos, del área de Nutrición de la SEEN. Se venden con el reclamo del aporte de proteína de pescado, pero «también podemos obtenerla abriendo una lata de atún o preparando una dorada al horno y nos evitamos la sal añadida y las féculas y almidones, que no aportan nada nutricionalmente hablando», concluye Robles.

  3. Ensaladas preparadas

    Leemos la palabra ensalada y automáticamente pensamos en algo muy saludable. Pero cuando las compramos preparadas, hay que fijarse en los ingredientes y aderezos que acompañan a los vegetales. Bacon, sucedáneos de queso rallado, surimi, salsa césar, salsa rosa, salsa cuatro quesos, barbacoa... son extras que le restan calidad nutricional al plato final. «En los aderezos encontramos azúcares en grandes cantidades, almidones, féculas y potenciadores del sabor para que sepan muy ricos», advierte Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos y dietista-nutricionista. Mejor elegir aquellas en las que predomine lo vegetal, con ingredientes poco procesados, y que el aliño sea de aceite de oliva virgen extra y vinagre.

  4. Chips vegetales

    Son cada vez más numerosos en los lineales de aperitivos de los supermercados y en las máquinas de vending: de remolacha, zanahoria, calabaza, brócoli… Muchos los consumen confiando en que se trata de un producto con menos grasa al estar elaborado con verduras. «En la mayoría de los casos presentan un elevado aporte calórico, de grasas y de sal, como las patatas fritas convencionales», explica a ABC el doctor Miguel Ángel Martínez Olmos, médico endocrinólogo del área de Nutrición de la SEEN. El aporte energético medio de los chips vegetales es de 506 Kcal/100g, mientras que el de las patatas fritas es de 522 Kcal/100g, según un análisis de la OCU.

  5. «Leches» vegetales

    No son un sustituto más sano de la leche de vaca. Entre otras cosas, porque ni siquiera son leches ni tienen nada que ver desde el punto de vista nutricional. Son bebidas vegetales. Su composición básicamente es agua, en muchos casos llevan azúcares añadidosy la proporción de la materia prima que le pone nombre al producto (bebida de arroz, soja, almendra, avena) suele ser baja. La mayoría tiene un aporte bajo de grasas y proteínas. «En individuos vegetarianos o con intolerancias, alergias o patologías diagnosticadas que desaconsejen el consumo de leche puede ser una buena alternativa, pero hay que leer el etiquetado, fijándose en el porcentaje de materia prima, que sean sin azúcares añadidos y si van suplementadas con calcio y vitamina D», aconseja el doctor Miguel Ángel Martínez Olmos, médico especialista en Endocrinología y Nutrición.

  6. Siropes

    Los que optan por ellos porque creen que son mucho más sanos que el azúcar blanco se equivocan. «Nuestro cuerpo no distingue de dónde viene el azúcar porque la molécula y composición química es igual», advierte Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos. La OMS considera los azúcares presentes de forma natural en la miel, los siropes, los jugos de fruta y los concentrados de jugo de fruta como azúcares libres que hay que restringir a menos de 25 gramos al día.

  7. Sushi

    El arroz se prepara con un aderezo de azúcar y la salsa de soja tiene mucha sal. Además, el pescado crudo tiene que congelarse previamente para evitar el anisakis. Las versiones occidentales con rellenos de tortilla, empanados, surimi, queso untable, acompañados de salsas más grasas, disminuye bastante su calidad nutricional.

  8. Hamburguesa vegetal

    Bajo el epígrafe vegetal, encontramos algunos productos que están lejos de tener las propiedades de frutas y verduras. Suelen elaborarse con ingredientes de baja calidad: harinas refinadas, almidones, aceite de girasol refinado, sal, potenciadores de sabor, aromas y, en algunos casos, hasta azúcar añadido. «Estamos ante un producto ultraprocesado», añade Beatriz Robles, tecnóloga de alimentos y dietista-nutricionista.

  9. Aguas de sabores

    Las aguas de sabores embotelladas recuerdan en su apariencia a las minerales, pero no son lo mismo. Hidratan, pero están lejos de tener cero calorías. Es importante leer la etiqueta del producto para comprobar si contienen azúcares añadidos y otros aditivos, así como el porcentaje de zumo de fruta, que suele ser bajo. Desde el punto de vista nutricional, su consumo debería ser muy puntual.

  10. Productos 0%

    Un producto 0% materia grasa no es igual a cero calorías. En algunos casos, la pérdida de grasa se compensa con otros ingredientes como azúcar, sal y almidones. Y al revés, los 0% azúcar pueden llevar más grasas. Cuidado también con los productos en los que se destaca que no tienen azúcares añadidos: pueden contener carbohidratos rápidos que aparecen con otros nombres como glucosa, fructosa, sacarosa, jarabe, almidón, maltodextrina. concentrado de zumo o azúcar invertido

  11. Galletas

    Tradicionalmente los consumidores han pensado que son mejores que cualquier bollo, pero «tenemos que tener en mente que todas son bollería», afirma Beatriz Robles. La tecnóloga de los alimentos y dietista-nutricionista recuerda que los ingredientes son muy similares: «harinas refinadas, azúcares y grasas de más o menos calidad». Lleven el apellido que lleven (sin ázucares añadidos, sin aceite de palma, integrales, sin gluten, avaladas por sociedades científicas...), la mayoría suelen tener un elevado aporte calórico. «Las galletas son galletas, se miren por donde se miren, y por lo tanto en ningún caso se debería recomendar su consumo de forma habitual», afirma el doctor Martínez Olmos. El médico endocrinólogo del área de Nutrición de la SEEN recomienda preparar las galletas en casa, a ser posible a partir de harinas integrales, sin azúcar, endulzándolas con frutas; y utilizando grasas de buena calidad como el aceite de oliva virgen.