El Pinar de Doña es de las escasas exentensiones de pinos que quedan en el término municipal de Utrera
El Pinar de Doña es de las escasas exentensiones de pinos que quedan en el término municipal de Utrera - A.F.
Historia

Los pinos de Utrera, el material perfecto para construir los barcos que viajaban al Nuevo Mundo

A partir del siglo XVI, los extensos pinares que poblaban Utrera sirvieron de materia prima a las atarazanas sevillanas

UtreraActualizado:

En algunas versiones históricas del escudo de Utrera aparece una imagen curiosa, que en demasiadas ocasiones su significado es desconocido para la mayoría de los utreranos. Junto a varios elementos muy representativos de esta población utrerana –como pueden ser el olivo, el toro bravo o la torre del Castillo- es posible ver un pino, que se representa de una forma muy curiosa, con una hendidura realizada por un objeto cortante, como si estuviera a punto de ser talado. Un dato que nos pone sobre la pista, y que nos lleva a una clara meta: la madera de los pinos utreranos fue utilizada a partir del siglo XVI para reparar y construir los barcos que surcaban el océano en dirección al Nuevo Mundo.

Juan Escalante de Mendoza fue un escritor, navegante y cartógrafo asturiano, que vivió en el siglo XVI, y quien aseguraba de manera textual: «Y para las obras altas de las naos, a que los marineros llamamos muertas, es muy buena madera el pino de la villa de Utrera, lugar de la ciudad de Sevilla, u otro que sea de su especie, ya que son las maderas más duras y las de menos corrupción». Eran precisamente las naos, las embarcaciones para las que era muy demandada el tipo de madera que se podía encontrar en el término municipal de Utrera.

Una cita que confirma que las maderas de los pinos utreranos eran un material muy demandado para los arreglos y la construcción de los navíos que se encontraban en el puerto de Sevilla, o en el de Sanlúcar de Barrameda hasta el punto de que han llegado hasta nuestros días documentos en los que se reflejan los pedidos que se hacían a carpinteros locales, como por ejemplo Pedro Rebollar.

Los extensos pinares fueron poco a poco arrasados por la demanda que alcanzó la madera de la localidad

En la actualidad es difícil encontrar en el término municipal utrerano otras especies arbóreas que no sean olivos. Por eso a los ciudadanos utreranos les puede resultar extraño que su localidad fuese proveedora de madera de pino para el arreglo de los barcos, ya que en la actualidad apenas se encuentran algunos reductos en los que se pueden encontrar estos árboles. Sólo en enclaves como la vereda de Dos Hermanas o el pinar de Doña, persisten el paso de los tiempos pequeñas extensiones de pinos. Y es que la demanda de madera fue tal, que a partir del siglo XVI, el mar de pinos que cubría el norte del término municipal de Utrera, fue totalmente arrasado.

Edad de oro de Utrera

El descubrimiento del Nuevo Mundo, y la situación de Sevilla como capital de los conquistadores, fue crucial para que Utrera se convirtiera en un punto clave en la ruta terrestre que unía por tierra la capital andaluza con los puertos gaditanos, siendo la alternativa a la ruta fluvial que discurría por el río Guadalquivir. Utrera entró en la mayor época de apogeo de su historia, no sólo por convertirse en la localidad proveedora de la madera que servía para reparar los barcos, si no también porque se benefició de todo el trasiego de las caravanas que surcaban los caminos. Lo que apenas era un pequeño núcleo poblacional, poco a poco fue creciendo, se levantaron grandes iglesias y el casco urbano comenzó a poblarse de espléndidas casas palaciegas. No parecen casualidades que por ejemplo la Puerta del Perdón de la Iglesia de Santiago, comience a construirse en el año 1525, o que la Torre de Santa María sea proyectada por Martín de Gaínza hacia 1550.

Haciendo un ejercicio de imaginación, podemos contemplar una Utrera que poco a poco va adquiriendo su propia personalidad, y que sus calles se encuentran repletas de marineros, aventureros y personajes de toda calaña que transitan por la localidad camino de sus embarcaciones.

Además de madera, Utrera suministraba otras mercancías como aceitunas, aceite y trigo a las expediciones, y sobre todo, propiciaba el comercio negro de oro y plata en las explanadas del santuario de Consolación, lejos de los controles aduaneros. Es el momento en el que se conforma para siempre el carácter marinero de la Virgen de Consolación, una devoción a la que confiaban el éxito de su empresa muchos de los aventureros que pasaban por Utrera, que hacían el tránsito desde el mar de pinos que se contemplaba en la localidad, al mar de ilusiones que comenzaba en Sanlúcar de Barrameda, conformándose así la identidad americana de Utrera.