En una señal de profundo respeto y afecto, el Rey emérito, Juan Carlos I, ha querido estar presente en el último adiós al ganadero jerezano Álvaro Domecq Romero, fallecido a los 85 años, enviando una corona de flores que reposa junto al féretro del maestro del caballo. El monarca, de 87 años, ha hecho este gesto desde su residencia en Abu Dabi, donde permanece desde hace varios años.
La corona, sobria y elegante, combina tonos pardos, verdosos y ocres. En la banda de condolencia, con los colores de la bandera de España, se puede leer: «Su Majestad El Rey Don Juan Carlos». La corona se encuentra colocada junto al féretro en la capilla mortuoria en la Catedral de Jerez.
La presencia simbólica del Rey emérito tiene un significado especial. Juan Carlos I es presidente de honor de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre desde 1987, un vínculo que refleja la profunda relación que mantuvo con la familia Domecq.
Álvaro Domecq siempre reconoció que la Real Escuela no habría sido posible sin el respaldo y la mediación de Don Juan Carlos y Doña Sofía, cuyo apoyo fue decisivo para impulsar un proyecto que hoy es emblema internacional
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Sobre el ataúd descansa un paño blanco bordado con el emblema de la hermandad Amor y sacrifico, de la que Domecq Romero era miembro; la hermandad del Rocío de Jerez también está presente en el paño mortuorio negro.
A.V.
Cortejo de caballos
Desde primeras horas, la Real Escuela rindió homenaje a su fundador con una comitiva de jinetes y doce caballos que acompañaron el cortejo fúnebre. El recorrido partió a las 9:45 h desde la institución y siguió por calle Divina Pastora, calle Sevilla, plaza del Mamelón, Alameda Cristina, calle Tornería, plaza de la Asunción, calle José Luis Díez, plaza del Arroyo y calle Beaterio, hasta llegar a la Puerta Principal de la Catedral. Durante la ceremonia, los caballos permanecieron en la puerta principal de la Catedral y, tras el funeral, acompañaron el coche fúnebre por la calle Calzada del Arroyo hasta regresar sobre las 13:00 h a la Real Escuela.
Domecq Romero fue jinete, rejoneador, ganadero y empresario. Fiel a su Andalucía natal, fue impulsor del célebre espectáculo «Cómo bailan los caballos andaluces», y formó a generaciones de jinetes con un legado que trasciende el mundo taurino y ecuestre.
Ahora, ese legado se despide con emotividad, mientras la corona de flores del Rey Emérito recuerda que, aunque el maestro haya cerrado su última faena, su huella cabalga libre en la cultura andaluza.
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