CÁDIZ

Monseñor Ramón Valdivia: «La Diócesis de Cádiz no es compleja, tiene una riqueza enorme llena de matices»

El recién nombrado administrador apostólico desgrana en LA VOZ los retos de su etapa «transitoria» en el obispado gaditano: «Vengo a escuchar con la mirada puesta en los grandes desafíos como la migración y los jóvenes»

«Cádiz será un regalo para mí»: Monseñor Valdivia comienza su etapa transitoria al frente de la diócesis

Monseñor Ramón Valdivia, en los estudios de COPE Cádiz l.v.
Rubén López

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Semblante afable, carácter cercano y como él mismo reconoce «dispuesto a escuchar». Estas son las primeras impresiones antes de comenzar la primera entrevista que concede a un medio de comunicación gaditano Monseñor Ramón Valdivia, elegido hace unos días por el Santo Padre León XIV administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta. 

Hablar del nuevo pastor del obispado gaditano es hacerlo de un nombre que encontró en la Universidad el encuentro con Dios y que desde entonces fue dando pasos cercanos a la gente, a las parroquias y «a los pueblos, que me encantan». Sabe que tiene ante sí un reto importante asumiendo una diócesis «muy grande, de 800.000 habitantes, nada más y nada menos, en una etapa transitoria», pero sin olvidar que «me gustan los problemas porque si no hubiera problemas ya estaríamos con el Señor».

Monseñor Ramón Valdivia habla con calma y tranquilidad. Las imágenes de la Patrona, la Virgen del Rosario, y el Nazareno de Santa María, le aguardan en el estudio de COPE Cádiz donde habla para la oyentes de la emisora gaditana y los lectores de LA VOZ.

-¿Cómo están siendo sus primeras horas en la Diócesis de Cádiz y Ceuta?

-Están siendo días frenéticos. Dormir duermo que es importante, pero a mis labores en la Diócesis de Cádiz y Ceuta tengo que unir las que tengo en Sevilla. He estado ya en Cádiz capital en la misa de bienvenida en la Catedral, el domingo en Ceuta en el Santuario de Nuestra Señora de África y en Medina Sidonia. Mi próxima visita va a ser a la Fundación Tierra de Todos.

-¿Qué tal la acogida?

-El recibimiento está siendo extraordinario, tengo que agradecer a toda la diócesis su acogida. Los sacerdotes, religiosos y laicos han dado todo de sí para esta maravillosa acogida. Estoy más que encantado.

-El pasado sábado tras la misa en la Catedral de Cádiz dejó una imagen llamativa mirando al horizonte en el dintel del templo gaditano...

-Pensaba en ese momento que siempre que he tenido que asumir un reto voy en las manos del Señor. No he pretendido nunca nada. Esa mirada al horizonte es una mirada al Señor, él me ha traído y él me va a acompañar. Siempre con la certeza de que Jesús nos acompaña. Hasta en los momentos más difíciles San Servando y San Germán dieron la vida por el Señor, los patrones de la ciudad de Cádiz.

-¿Ha habido algún gesto o encuentro que le haya tocado especialmente el corazón?

-Me quedo con el recibimiento de los sacerdotes. No entiendo mi ministerio sin los sacerdotes y el otro día me arroparon muchos de ellos. También me quedo con Ceuta, la presentación allí con Nuestra Señora de África y visitar al Señor del Medinaceli. Luego también me ha gustado mucho la visita a Medina Sidonia y los conventos de clausura en los que tuve la oportunidad de estar. Me gustan muchos los pueblos y acercarme a las hermanitas que entregan su vida de una manera tan bonita en la que se entregan a la oración. Un servicio que es sin duda fundamental para la Iglesia.

-Para conocerle un poco mejor, ¿cómo fueron sus inicios en el mundo pastoral y el sacerdocio?

-Mis inicios están marcados por una figura, Don Juan del Río que por entonces era el capellán de la Universidad de Sevilla. Hasta entonces no se despierta en mí el tener un vínculo con la Iglesia y mi despertar religioso en todos los sentidos. Recibí una formación importante y ahí doy el paso al seminario, los destinos pastorales, mi tiempo en Roma, el seminario de Sevilla y mi parroquia de San Roque de Sevilla donde he disfrutado mucho junto a mi labor como párroco en Mairena del Alcor. Cuando el Señor ha querido me ha prestado su confianza para ser obispo auxiliar de Sevilla. Soy feliz y quién me iba a decir que iba a estar ahora en Cádiz pero yo voy donde me manden.

«El Estado no ha invertido lo suficiente para paliar el problema de la inmigración, por eso la Iglesia es fundamental»

-Llega a un obispado peculiar, a una provincia con muchas circunstancias...

-Esta diócesis es enorme. Me la han dejado en comisión de servicio, vengo a servir a la Iglesia de Cádiz de manera transitoria hasta que se nombre al obispo diocesano. No obstante, la Iglesia obliga al administrador a residir en la diócesis, el Arzobispo de Sevilla me ha permitido estar aquí y me ha prestado su mano en esta misión de la Santa Sede. Vengo ilusionado y dispuesto a escuchar y conocer. Son muchas personas y muchos problemas, pero me gustan los problemas porque la vida es eso. Si no tuviéramos problemas estaríamos descansando a la vera del Señor.

No obstante hay que tener en cuenta que esta diócesis no es compleja, es rica. Tiene muchos matices y el reto es evangelizar, transmitir a los jóvenes algo que es un tesoro. Tenemos que creernos ese tesoro y destacar por supuesto el valor de los ancianos. Educar nuestra mirada a aquellos que lo han dado todo. La Diócesis de Cádiz y Ceuta es muy rica, hay que tener los horizontes muy grande y la mirada amplia.

-Una diócesis donde la inmigración está a la orden del día

-Esta diócesis es puerta de entrada de las personas que vienen de otros países. El desafío de toda Europa es el concepto de migración. Qué es lo que necesitamos y qué necesitan esas personas que no tienen nada y deciden peregrinar a un sitio donde no saben qué pasar y en el que quieren crecer. Tenemos que ser ese cauce de acogida de ayuda, de sentido común. Saber cuáles son los retos, entender que seguramente tenemos que potenciar más los lugares de salida. Todos los medios de comunicación colocan un modo de vida sin problemas en una Europa que los tiene. Hay falta de vivienda y muchas cuestiones que nos rodean.

-¿Juega la Iglesia un papel fundamental en esos temas?

-Si la Iglesia no existiera sería muy complicado gestionar estas situaciones porque el Estado no ha invertido lo suficiente para paliar estos problemas. La conciencia de apertura de corazón que nos da el Evangelio nos permite mirar a la verdad de la migración con una mirada más allá de lo que dice la economía y los flujos migratorios de ámbito político, que son forzadas por cuestiones de política.

-¿Qué retos se plantea?

-En toda mi vida pastoral he comprendido algo que es muy importante. Primero voy y luego pido. Vengo a entregarme, a observar, escuchar y a anotar, para eso estoy. Luego ya veremos, Dios dirá. Todo está en las manos de Dios.

«Me entregaré a todas las hermandades, no solo las de Cádiz capital, sin olvidar que están al servicio a la Iglesia»

-No es casualidad que su llegada a Cádiz sea acercándonos a la Navidad...

-Estamos en una de las etapas más bonitas del tiempo litúrgico. El Señor viene, es esperanza y viene no como un rey sino con la imagen de un niño pequeño. Tenemos que quedarnos con las cosas pequeñas porque ahí está la promesa de cosas grandes. Vivo la esperanza, no me quiero encerrar en mi cuartel de invierno. Quiero vivir y contagiar a todos los que están a mi alrededor, crean o no crean. Dios nos ha concedido el mismo tiempo y hay multitud de temas en los que podemos hacer un servicio enorme a la sociedad. No nos podemos quedar en nuestra tiendecita, entonces el mundo se pierde lo que dice el Señor: Luz del mundo y sal de la tierra. Luz del mundo, la luz es para ver lejos y la sal es la que da sabor pero la sal desaparece, hay que echar un poquito pero no desaparece del todo, está dando sabor. Así me gustaría que fuera la Iglesia y así somos.

Monseñor Ramón Valdivia, en COPE L.V.

-Cádiz es también un lugar cofrade, cada vez más, ¿cómo será su relación con las hermandades y cofradías?

-Me entregaré al mundo cofrade pero no solo al de la ciudad de Cádiz, eso me gustaría que quedara claro. Hay hermandades en muchos puntos de la Diócesis. Por mi parte siempre servicio a todas ellas, sin olvidar que las cofradías no dejan de ser asociaciones públicas de fieles que están al servicio de la Iglesia. No pueden quedarse encerrados en sí mismas, todos vamos en la misma barca.

-No hace mucho ha planteado usted un debate sobre la fecha de la Semana Santa...

-Estamos hablando del Concilio de Nicea y uno de los temas era la fecha de la Pascua. Mucho tiempo después la Iglesia asume el calendario gregoriano del Papa Gregorio que percibe que en el año faltan días. Tenemos un calendario ajustado a lo que la ciencia de aquel momento descubre. El Papa adopta un calendario que científicamente se ajusta más a las horas de luz y aparece el problema del tiempo que se tiene que asumir la Pascua. Lo que yo digo es que la Iglesia siempre ha estado dispuesta a cambiar al fecha para coincidir con la Iglesia Ortodoxa. Yo no he dicho que tengamos que cambiar la fecha de la Semana Santa, sino que estamos abiertos. La Iglesia Católica no tendría ningún problema en poder aceptar la fecha que se proponga.

-Y sin dejar las devociones gaditanas, ya ha estado usted en la Iglesia de Santo Domingo

-He estado en la Virgen del Rosario y tendré que ver al Nazareno de Santa María, claro está (Explica con una sonrisa mientras mira el cartel del Señor de Cádiz que tiene a unos metros)

-¿Qué le pide al Señor en esta nueva etapa de su vida pastoral?

-Le pido fe al Señor todas las mañanas. Es el gran don que nos concede. En mi recuerdo está siempre el Papa León saliendo al balcón pidiendo la paz. Me gustaría que en estas Navidades viviéramos en paz, no solo en los lugares de Guerra, sino en nuestras lenguas y familias en las que no se vive en paz. Pido paz para las familias de Cádiz, pido ese don.

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