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«Operación Luna», el falso documental que se creyó Iker Casillas

Francia vivió en 2002 su propia orwelliana «guerra de los mundos» con un programa de televisión que desmontaba la llegada del ser humano a la Luna

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Hay rumores que nunca pasan de moda. Cada verano resucita el debate sobre la veracidad (o no) de la llegada del ser humano a la Luna por primera vez en el 20 de julio de 1969. Una duda existencial que ha invadido incluso al futbolista Iker Casillas, que esta misma semana lanzó una encuesta sobre ello en Twitter a colación de su discusión en una cena con amigos: «¿Creéis que se pisó?». El exmadridista aprovechó para posicionarse públicamente: «Yo no».

Quizás alguno de los amigos del portero había visto el falso documental francés «Operación Luna» emitido en 2002. En apenas 52 minutos –bajo la dirección de William Karel– el programa del reputado canal Arte presentó como verídica la teoría de que la llegada del Apollo 11 a la Luna había sido falsificada y grabada en un estudio de televisión. ¿Los artífices? La CIA y el cineasta Stanley Kubrick, que tan sólo un año antes había estrenado la profética «2001: Una odisea del espacio».

En la línea de falsos documentales como el reciente «Operación Palace», de Jordi Évole, «Operación Luna» se encargó de contar con los cómplices testimonios de personalidades con autoridad como el exsecretario de Defensa Donald Rumsfeld, el exsecretario de Estado Dr. Henry Kissinger, el exjefe de gabinete de la Casa Blanca Alexander Haig, el exdirector de la CIA Vernon Walters e incluso Buzz Aldrin, la segunda persona en pisar la Luna durante la misión del Apollo 11. El programa contó también con el testimonio de la actriz Christiane Kubrick, la viuda del cineasta.

La trama

El documental «desvelaría» que la llegada del hombre a la Luna sí se produjo, pero la mala calidad de la grabación (y el nulo porte de Neil Armstrong) impidió su retransmisión por televisión. Se trataba de un proyecto «televisivo» cuyo objetivo era incrementar la popularidad y el apoyo a la NASA por parte de la población civil estadounidense, de ahí –por ejemplo– la querencia por diseñar unos trajes espaciales al estilo «hollywoodiense». Se contrató incluso a multitud de técnicos procedentes de la industria del cine para que todo saliera bien.

Un revés de los acontecimientos que, según el programa, habían previsto Richard Nixon y su equipo, por lo que decidieron falsificar las imágenes de la llegada a la Luna. ¿Cómo? Utilizando precisamente los decorados de «2001: Una odisea del espacio», aún disponibles en Londres. Para ello, requirieron al propio Kubrick dirigir el falso alunizaje, quien –tras un inicial rechazo– aceptó el encargo a cambio de un especial objetivo de cámara (que emplearía para «Barry Lyndon»). El documental llegó incluso a mostrar una fotografía del cineasta en el mismísimo estudio que recreaba el falso suelo lunar.

Tras el mundial exito de la falsa grabación, un atemorizado Richard Nixon se aproximaría a un importante coroneral de la CIA para pedirle que matara a todo el equipo que había participado en el rodaje. Según el documental, sólo Kubrick sería absuelto (temporalmente) de tal mortal destino mientras que el resto de integrantes acabaron muertos. Pero Kubrick tendría un destino más cruel: cinco años después de la falsificación, el cineasta se interesó nuevamente por el prometido objetivo de la cámara para «Barry Lyndon» (1975). Un requerimiento que despertó en el sucesor de Nixon la idea de deshacerse del único testigo vivo de la conspiración. El director de cine, avisado del peligro que corría, se encerraría en su casa hasta su muerte.

El porqué del falso documental

Que «Operación Luna» fuese emitido en un canal tan respetado como Arte otorgaba cierta «autoridad» a todo lo relatado. La finalidad del falso documental era demostrar que cualquier tema podía ser sujeto de manipulación pues los testigos podían mentir o las pruebas ser manipuladas.

Su director, William Karel, no quería tratar temas incendiarios como la guerra, pero sí históricos y universales. La llegada del hombre a la Luna era la elección idónea pues llevaba ya 30 años en la lista de conspiraciones.

Sin embargo, para no provocar un rápido rechazo del espectador, el director decidió no narrar la historia desde un punto de vista conspiranoico. De hecho, en ningún momento se negó la histórica hazaña de Armstrong. De todos modos, para evitar que algún perezoso espectador se creyera lo desvelado, los créditos finales se encargaron de desmentirlo. Todos los testimonios habían sido tergiversados e incluso inventados.