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«Maestros de la costura» «Maestros de la tortura»: Así ha rebautizado uno de los aprendices al concurso

El talent show de La 1 se enfrentaba a la segunda entrega del programa con una invitada especial: Elena Benarroch

Fotograma de «Maestros de la costura»
Fotograma de «Maestros de la costura» - TVE
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Al grito de «tres, dos, uno. ¡A coser!», los participantes de «Maestros de la costura» se enfrentaron al primer reto de la segunda entrega del programa. La prueba individual de esta noche de lunes era clara: una falda de tablas en una hora y media. «No seáis anticuados», decía María Escoté a los aprendices. Para «supervisar» esta prueba, había una invitada muy especial. Elena Benarroch fue pionera en la modernización del tratamiento de la piel: «Haber cambiado un concepto antiguo y hacerlo moderno y nuevo es increíble. La creatividad nunca tiene límites», contaba mientras los aprendices estaban cosiendo y literalmente cantando. Pese a que la modista contó su recorrido profesional, lo que más sorprendió fue la afirmación de que «muchas me han sorprendido por su valentía, pero muy pocas por su elegancia».

«Elegir bien el tejido es fundamental y en segundo lugar hay que calcular bien los tiempos. En este tipo de pruebas juzgamos que la prenda esté terminada y bien hecha», aconsejaba de Lorenzo Caprile. La similitud de los modelos de falda de los mellizos era demasiado llamativa. Tenemos gustos similares y pensamos un poco igual», aseguraba Vicente, mientras Eduardo malmetía: «Se parecen demasiado. Algo se han tenido que decir». Finalmente, los peores valorados de la prueba fueron Mahi (con una gran idea, pero mal planteada para el tiempo que había) y Anna, que no llegó ni a terminar la falda; mientras que Luisa se llevó el primer premio.

Como indica el esquema del programa, después de la prueba individual va la grupal. Para ella, se trasladaron hasta el grupo MIRTO, empresa fundada en 1956 que actualmente comercializa en más de 25 países y que en 2014 recibió el Premio Nacional de Moda. Y, como era de esperar, Luisa fue una de las jefas de taller, y Anna, que no consiguió terminó su falda en el reto individual. Pero esta vez, los jefes de taller no eligieron con quiénes querían trabajar si no con quién no. Sin embargo, al ser once aprendices, había un equipo con seis participantes y otro con solo cinco. ¿Quién fue ese participante? Alicia se convirtió en el aprendiz itinerante, es decir, tenía que trabajar quince minutos con cada uno y, tras esos minutos, tuvo que elegir el grupo con el que se quedaría (y con el que la valorarían). ¿La prueba? Hacer una camisa de hombre en noventa minutos. Eso sí, el patrón lo tenían en la mesa de trabajo.

Eduardo ya había protagonizado el principal desencuentro de «Maestros de la costura» al decir que la «modistilla» no llegaba a su nivel, comentario que se tuvo que «guardar» cuando Vanessa terminó en mejor posición que él en la prueba individual. «Aquí la ‘modistilla’ ha acabado la falda y tú no», decía María Escoté a Eduardo. Pero la confianza ya se va notando y el carácter de cada uno va saliendo a la luz. «No se sabe organizar ni ella», decía Alicia sobre Anna. Puede que realmente solo hubiese celos detrás de ese comentario: «Al terminar segunda la prueba individual, pensaba que sería yo la otra jefa de taller». Finalmente, Alicia se quedó con el grupo de Luisa. «Ya estaba aquí y estamos organizamos. Si me voy al otro equipo quizá les moleste», se excusaba Alicia.

«El trabajo en cadena es esencial», advertía Palomo mientras recordaba la prueba grupal de la semana pasada que terminó en tragedia. Los ganadores de este reto se asegura seguir en el programa, mientras que los que pierdan tendrán que enfrentarse a una prueba eliminatoria (prueba que la semana pasada tuvieron que hacer todos los aprendices). Y esta prueba tampoco tenía buena pinta. «Tenéis piezas que no están bien cortadas así que más vale que volváis a cortar y lo arregléis», decía Caprile. Por ello, dos de las empleadas con más experiencias de la empresa fueron a «identificar defectos en las prendas». En el caso del equipo de Anna era la espalda; en el de Lucía era el canesú. Sin embargo, las jefas de taller decidieron no hacerles caso y presentar la camisa terminada con un error que arriesgarse a que se quedara sin terminar.

«Os habéis superado a vosotros mismos. Lo habéis hecho peor que la semana pasada», decía Raquel Sánchez Silva. «No nos habéis hecho ni caso», decía Escorbó. Tras destacar un sinfín de errores, fue finalmente el equipo de Anna el que tendría que enfrentarse a la prueba de expulsión, pero había un «pero». Había dos miembros del equipo de Luisa que fueron a la última prueba del día: Luisa, por «no saber liderar», y Jaime, por su alta autoestima. «Los egos juegan muy malas pasadas», advertía Caprile. Esta prueba final requería intuición y osadía para customizar un mono, y para ello antes tenían que pasar por la subasta de «maestros de la costura». «En lugar de pagar con dinero, pagáis con minutos de vuestro tiempo», comentaba Caprile. En las cajas había desde papel de cocida o retales de cuero hasta un hule o luces de led. Mahi llegó a perder 75 minutos por un pack de imperdibles, es decir, tenía solo 15 minutos para customizar el mono. Finalmente, Jaime se quedó el último lote: anillas de lata. Eso sí, se quedó con el máximo de minutos que podía tener.

«Maestros de la costura» ha introducido un nuevo aliciente: un imperdible de oro. Con él, podrán pedir que uno de los aprendices que no tienen que hacer la prueba de expulsión entren durante diez minutos a echarles una mano. Eso sí, solo podrán usarlo una vez en su paso por el programa. Imperdibles de oro aparte, los aprendices solo tienen tres minutos para pasar por la mercería. «Si es que son 'maestros de la tortura'», decía entre risas Vicente. Finalmente, fue Vicente quien cogía el imperdible de oro y le pidió a su hermano Sergio que le ayudara.

Luisa, que contaba con metros y metros de papel higiénico de tres colores distintos, se quedó corta con «un disfraz cutre de Blancanieves». Anna contaba con hule transparente con el que cubrió una especie de L en el pecho del mono. «La semana pasada te libraste porque hubo alguien que lo hizo peor que tú. A ver si tienes la misma suerte esta semana», le decía Palomo. Por su parte, Vanessa (la «modistilla») tenía un sinfín de relates de cuero que no supo aprovechar. «La que debe abandonar maestros de la costura es Vanessa», decía Caprile. Esta salida dejaba a Antonio roto: «Me llevo a un ángel de aquí».