Es noticia:

Un juez dictamina que «el profesor» de «Cifras y letras» era un actor

La Aisge, que por ese motivo debe pagarle derechos, acaba de recurrir la sentencia

Antonio Elegido presentó más de 5.000 emisiones de «Cifras y letras»
Antonio Elegido presentó más de 5.000 emisiones de «Cifras y letras»
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Antonio Elegido, alias «el profesor», fue durante once años la sabia voz autorizada que hablaba sobre el lenguaje en «Cifras y letras», uno de los concursos estrella de autonómicas como Telemadrid y Canal Sur (2002-2012). Siempre sabía la palabra más larga que se podía formar y las definiciones imposibles. «La gente me para por la calle, aunque, en realidad, soy bastante más tonto de lo que parecía en televisión. Era el guión», recuerda Elegido.

Es precisamente su papel en el programa el que lo ha llevado a litigar con la Aisge (Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión). Antonio Elegido considera, y así lo dictaminó en septiembre el Juzgado Mercantil número 9 de Madrid, que participaba en calidad de actor y que, por tanto, la entidad de gestión debe pagarle los correspondientes derechos de autor recogidos en la Ley de Propiedad Intelectual. La Aisge, disconforme con esta sentencia, presentó hace unos días un recurso ante la Audiencia Provincial. El pronunciamiento de este tribunal, calculan, puede demorarse cerca de un año.

Prohibido cortarse el pelo

«Cuando entré a trabajar en “Cifras y letras” no se me hizo un casting como filólogo y “experto en letras” (fórmula que aparecía en el contrato), sino un casting de imagen, solo que mi traje de época era del siglo XXI. De hecho, no tengo título, soy autodidacta. Leo mucho, pero eso le daba verosimilitud a mi papel. Un actor no tiene que ser tonto, también podemos tener nuestro nivel cultural», reivindica Elegido. Además, subraya, seguía al pie de la letra lo que ponía en el guión e incluso tenía fijado por contrato que no podía cortarse el pelo ni cambiar de aspecto. «Mi compañera, experta en cifras, también era actriz. Y no deberíamos hacerlo tan mal cuando se pensaban que existían tipos tan listos», bromea.

«Aisge no preguntó a la productora, que sí testificó en el juicio, en calidad de qué habían contratado a Elegido. Finalmente, su comisión de reparto no consideró que era un trabajo artístico. Pero, curiosamente, en esa época Elegido hizo un papel similar en un programa cultural de TVE que se llamaba «Tírame de la lengua», donde aparecía caracterizado como Cervantes; y ahí sí consideraron que había una interpretación. Le liquidaron más de 50 programas, pero en el caso de «Cifras y letras» hablamos de 5.000, casi 9.000 con reposiciones», subrayan los abogados del despacho Visualiza, encargados del caso, que acreditaron que Elegido no podía salirse del guión establecido y debía atenerse a las órdenes de un director.

Un contrato «atípico»

La Aisge, en cambio, confía en que la Justicia acabe dándole la razón. «Había motivos poderosos para imponer un recurso en una segunda instancia, ya especializada en temas de propiedad intelectual», asegura un portavoz de la institución. «La vinculación laboral que tenía con el programa no encaja con el contrato al uso, artístico, que suelen firmar los actores», explica.

«Y luego hay un dato aún más curioso y elocuente. En la sentencia se habla de que la profesora de matemáticas, con un papel equivalente, sí ha sido considerada actriz. Y es una equivocación. Aunque ella presentó una reclamación contra la Aisge porque creía que debía cobrar sus derechos de autor, se desestima y se considera que su actividad es la de un presentador, labor que no está protegida por la Ley de Propiedad Intelectual», añade.

Pese a todo el tiempo y el esfuerzo dedicado a este conflicto legal, «el profesor» no baja los brazos. «Agradezco que el programa, la patronal, fuera a defenderme. Estoy litigando contra mis propios compañeros. Espero que esta sentencia abra camino para que muchos profesionales vean reconocidos sus derechos, porque son los propios actores quienes gestionan en estas sociedades sus derechos», concluye Elegido. La batalla por los límites de la actuación está sobre la mesa.