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«Cuarto milenio» afirma que el cadáver de Eva Perón fue mutilado y profanado

El programa de Cuatro que presenta Íker Jiménez revela que el cuerpo de la dirigente argentina sufrió «profanaciones y violaciones horrorosas»

Eva Perón, en Buenos Aires (Argentina) en 1940
Eva Perón, en Buenos Aires (Argentina) en 1940 - REUTERS
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Hace ya 66 años desde que falleció, pero la dirigente política argentina Eva Perón sigue siendo un ídolo para muchas generaciones. Su vida expiró a los 33 años víctima de un fulminante cáncer de útero, pero pese a su juventud, Perón fue una precoz precursora de los derechos femeninos. Fue clave para conseguir que las mujeres pudieran votar, como también lo fue en la lucha por varios de los derechos universales y en las ayudas para los más necesitados.

Sin embargo, lo acontecido a su fallecimiento fue tan deshonroso como notoria fue su vida, tal y como ha desvelado «Cuarto milenio», el programa que presenta Íker Jiménez en Cuatro y que desgrana los misterios más recónditos que esconden la ciencia y la historia. Recientemente, el espacio ha querido desgranar la historia de Perón y de su cuerpo sin vida, que fue minuciosamente embalsamado por el doctor español Pedro Ara, con un programa especial que titularon «El misterio de Eva Perón», en el que el formato desmenuzó «los rituales y violaciones en torno al cadáver» de Perón.

«Toda su vida fue eso. Una profanación», explicaba Jiménez en el 'teaser' promocional del episodio sobre «una historia que se ha contado muy pocas veces». «Pero también ritos, exorcismos, presidentes practicando espiritismo...», relataba. En el programa, los colaboradores fueron más allá. «Con el cuerpo de Evita se hicieron todo tipo de cosas. La pobre no ha descansado en paz hasta que se hizo su familia con el cadáver», explicó en «Cuarto milenio» Carmen Porter, mano derecha de Jiménez.

El general que se enamoró de su cadáver

Sobre su cuerpo, Porter explicó que, a su muerte, sufrió «profanaciones y violaciones horrorosas». «Un coronel se hizo cargo de él y profanó su cuerpo. Pero también su alma», prosiguió, en correlación con lo que aseguró instantes después el historiador y escritor venezolano David Placer. «Así lo revela Héctor Cabanillas –teniente coronel del Ejército argentino–, la persona que descubre estas violaciones. El entonces presidente argentino lo aparta, porque a pesar de su profundo odio a Eva, él era también católico y creía que eso iba en contra de la religión y que no se debía hacer ni con los peores enemigos».

Según Placer, Cabanillas confesó que el general Carlos Eugenio de Moori Köenig, «un nazi reconocido», perpetró vejaciones de todo tipo al cuerpo sin vida de «Evita». «Moori Köenig se emborrachaba y profanó el cadáver de Eva. Lo tocaba, lo manoseaba e incluso llegó a violarlo. Él nunca lo ocultó, de hecho lo contaba... hasta que fue expulsado del Ejército», expuso el historiador, que junto con Porter proporcionó otro dato de lo más relevante. «Köenig se enamoró de Eva Perón muerta. Estaba tan bien embalsamada que parecía una muñeca».

Aunque la belleza del cadáver no solo fascinó a Köenig, sino también a muchos más militares, que llegaron incluso a «mutilar» su cuerpo. «Le cortaron un trozo de dedo y otro de la oreja para certificar que fuese un cuerpo humano. La gente no se creía que fuese su cuerpo», argumentó Porter en «Cuarto milenio». La situación, así las cosas, comenzó a volverse ciertamente desesperada, por lo que el cuerpo fue trasladado a Milán. «Cabanillas dijo que había que sacarlo del país. Además, había que llevárselo, porque la gente pensaba que el peronismo podría reaparecer, en manos de una muerta».

Por ese motivo, el cuerpo fue trasladado a Milán, donde estuvo catorce años. Allí, fue enterrado a ocho metros de profundidad «para evitar las profanaciones», destacó Porter. Bajo tierra, «con cristal blindado y en un mausoleo cerrado», el cuerpo de Perón descansó durante casi tres lustros antes de ser devuelto a su familia en Madrid, en 1971. Tres años después, fue repatriado a Buenos Aires, en cuyo Cementerio de la Recoleta reposa desde entonces, en la bóveda que allí posee su familia.