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Eurovisión 2018 La TV china veta a los cantantes de Albania e Irlanda

En los pasillos del festival en Lisboa se dispara la indignación por censurar los tatuajes y el «comportamiento sexual inadecuado»

Sigue la segunda semifinal de Eurovisión en directo

El representante de Albania, en una imagen de archivo
El representante de Albania, en una imagen de archivo
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La espectacular audiencia internacional del Festival de Eurovisión incluye a Estados Unidos y China, pero el gigante asiático no transige con algunos rasgos de una cita considerada «en lo límite de lo subversivo» por el régimen comunista. Horas antes de la segunda semifinal, no se hablaba de otra cosa en los alrededores del Altice Arena, en el Parque das Naçoes lisboeta, que de la censura ejercida por la TV china durante la primera tanda de concursantes.

Así, la canción defendida por Eugent Bushpepa en representación de Albania resultó completamente vetada debido a los tatuajes del intérprete, algo que no está permitido exhibir en los medios de comunicación que controla Beijing. De manera que los televidentes chinos no pudieron ver ‘Mall’. En el caso de ZiBBZ y su tema ‘Stones’ para Suiza, se autorizó la retransmisión, tal vez porque su tatuaje era más pequeño. Pero, eso sí, tapando esa zona del cuerpio de la cantante rubia.

Tampoco se libró de la férrea censura de Eurovisión el abanderado irlandés, Ryan O’Shaughnessy, aunque por distinto motivo. Y es que la canción incluía el acompañamiento de unos bailarines que simulaban una atracción gay entre ellos. De modo que las autoridades chinas estimaron que su «comportamiento sexual inadecuado» era demasiado fuerte para los fans de ese país y optaron por cortar la transmisión mientras ‘Together’ estaba en el aire. Por si esto no fuera suficiente, el realizador oficial de la televisión desenfocó algunas banderas con el arco iris, arquetípica del movimiento homosexual, que se veían en las gradas. El caso es que Albania e Irlanda se clasificaron para la final del sábado 12 de mayo en esta 63ª edición, de manera que la situación puede reproducirse, con toda probabilidad.

Lo que está claro es que el gigante asiático se suma a este tipo de acontecimientos como coartada para exhibir ante el mundo síntomas de una cierta apertura en el sistema. Sin embargo, tienen especial cuidado con los mensajes que se lanzan desde los países occidentales con destino a las nuevas generaciones.

Mucho peor es el furor antigay que sobrevuela Rusia en los últimos tiempos, en las antípodas de la permisividad y las cotas de libertad que se viven en la Unión Europea.