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Supervivientes Cómprate una vida

Isabel Pantoja podrá tener decenas de motivos para detestar a Telecinco, pero tiene muchos más para estarle eternamente agradecida

TEELCINCO
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«¿De dónde vengo, señora Pantoja? ¡Yo vengo de trabajar! Usted viene de la cárcel, del trullo, del talego, ¿sabe? Que parece que viene de unas vacaciones de playa y le ha llovido, ¡no señora! ¡Usted viene de la cárcel! Y en la cárcel a una no la meten porque desafine (...) ¿Sabe cual es la filosofía de su vida? Su vida son las exclusivas, facturar, vender, cobrar, vender, cobrar... Ese es el hilo argumental de su vida. A usted solo le importa facturar y, cuando no se factura, usted no existe (...) Yo le serví a usted porque, gracias a mí, usted quería meterse en Mediaset y cobrar en Mediaset».

Esas palabras se las dedicó hace cosa de dos años Jorge Javier Vázquez a la ahora concursante de «Supervivientes». Le salió bien la jugada a la señora Pantoja, que ahora podrá seguir pródigamente «el hilo argumental de su vida». Aunque no se ha conocido oficialmente su sueldo como robinsona se ha especulado que podría embolsarse hasta 80.000 euros semanales. Hace unos meses se hizo de rogar en «Sálvame»: «No hay ceros en esa cadena para que yo me siente». Pues al final no han sido tantos, señora Pantoja, no han sido tantos. Ha bastado con cuatro y no para sentarse en una butaca en plató, sino para pasarse una temporada comiendo insectos en una playa hondureña.

Isabel Pantoja podrá tener decenas de motivos para detestar a Telecinco, pero tiene muchos más para estarle eternamente agradecida. El principal de ellos es que el canal de Mediaset sea la principal fuente de ingresos para sus hijos, que llevan años encadenando realities y tertulias de «Sálvame». La matriarca, folclórica irredenta, se rehúsa y hace aspavientos de digna, pero al final tiran más los generosos cheques de Mediaset.

Lejos quedaron los días en los que Pantoja se batía con los paparazzis para proteger su intimidad frente al panóptico de la telebasura rosa. A una reportera de la cadena que ahora la manda a la selva la aconsejó en tono socrático: «Vive tu vida o cómprate una». En otra ocasión su expareja Julián Muñoz se lio a puñetazos con un cámara en medio de un centro comercial mientras despotricaba contra el canal de Mediaset: «¡Tanto Telecinco y tanta polla!».

La política de Telecinco hacia la Pantoja es impasible pero efectiva. Conocen bien las debilidades de sus presas, que al final siempre acaban llamando para suplicar por un hueco. Sabían que la tonadillera, con sus cuatro millones de deudas a cuestas, no podía tardar en ceder. El primer signo de reconciliación fue la llamada de Pantoja al debate de «GH VIP» y a «Sálvame» para defender a su hija como solo ella sabe: «Le he tratado de dar una buena educación, como a mi hijo, y he sufrido muchísimo todo lo que le está pasando porque yo no acepto la vida que está tomando. No acepto que llegue ni a las siete de la mañana, ni a las nueve o a las 11 de una forma u otra. Yo le voy a reñir aunque tenga 22 años y ella lo sabe». En carne y hueso no apareció hasta la final de «GH DUO», donde intentó hacernos creer que se moría de ganas por irse a Honduras a dormir bajo una palmera: «Me gusta el mar y verme en una isla era un sueño».

Por fin Telecinco ha atendido el consejo que Pantoja le dio a una de sus reporteras. Sí, se han comprado una vida, y han escogido la más rentable de todas: la de Isabel Pantoja.