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Netflix Reed Hastings: Así es la mente detrás de Netflix

El visionario, rechazado en sus inicios por el dueño de Blockbuster, es hoy máximo responsable de una de las mayores transformaciones del mercado audiovisual

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Netflix es una empresa tan exitosa como hermética. Acceder a la información relativa a ingresos o número de visualizaciones de la compañía es una tarea compleja, máxime cuando las declaraciones de sus responsables se reducen a las pronunciadas al calor de eventos de gran calado. La empresa, de hecho, no concede entrevistas sobre su modelo de negocio y se aleja de todo contacto con la prensa que no sea el estrictamente necesario a nivel promocional. Este oscurantismo, sin embargo, pasa desapercibido gracias al ingente esfuerzo que la marca dedica a publicitar sus productos. Nadie hay (o muy pocos) que no conozca Netflix o alguno de sus contenidos. El ejemplo de «Roma», que ha coronado en los Premios Oscar 2019 al mexicano Alfonso Cuarón, habla por sí mismo de la estrategia clara de la plataforma a la hora de convertirse en un actor imprescindible en el mercado audiovisual: la compañía, según datos facilitados recientemente por «The New York Times» ha invertido el doble de dinero en promocionar el filme que en grabarlo. Uno de sus últimos fichajes, de hecho, es el de Lisa Taback, especialista en campañas por el Oscar a Mejor Película.

El cerebro detrás de todo este entramado pertenece a Reed Hastings. Este profesor estadounidense nacido en Boston en 1960, fundó su particular gallina de los huevos de oro en 1997, cuando las fauces de internet no suponían amenaza alguna para determinados negocios. A Hastings, desde siempre aficionado al cine, no le gustaba el modelo de videoclub convencional y decidió crear una alternativa en la que el usuario no se viera obligado a acudir a una sede física a devolver sus cintas de vídeo. La multa que tuvo que pagar a Blockbuster tras perder el VHS del filme de Ron Howard «Apollo 13» fue, de hecho, el detonante que años después daría lugar a la empresa que hoy pone contra las cuerdas a las salas de cine.

El rechazo... y el despegue

Fue a finales de los noventa cuando Reed Hastings y su «partner in crime», Marc Randolph, idearon un sistema de alquiler que, a diferencia las compañías al uso, enviaba al consumidor las películas por correo ordinario. Una especie de Amazon del audiovisual que proporcionaba al cliente mayor libertad de movimientos y, lo más revolucionario, una tarifa plana mensual que permitía acceder a un número ilimitado de obras audiovisuales. Este modelo, sin posibilidad de multa por la demora en la entrega, no gustó al CEO de Blockbuster, John Antioco, a quien Hastings acudió en busca de ayuda para materializar su idea en algo solvente. Antioco, consciente del volumen de ingresos que las multas proporcionaban a su empresa de alquiler, deshechó la propuesta de Hastings sin saber que su ignorancia terminaría por volverse en su contra.

La pata crucial del negocio, internet, no tardaría en llegar. Los estudios de Hastings en informática le sirvieron para ver rápidamente que aquel mecanismo de envío por correo podía reemplazarse por un sistema de distribución en red mucho más ventajoso para el usuario. Kibble — nombre original de la compañía— comenzaba a tomar forma. En 2007, Netflix comenzó a ofrecer su contenido vía streaming y Hastings vio cómo su número de usuarios se multiplicaba hasta proporcionar a la marca, doce años después, un volumen de ingresos cercano a los catorce mil millones de euros (datos hasta enero de 2019):

El gigante audiovisual, cuyo valor supera al de compañías como Time Warner, Nike o General Motors, es, a día de hoy, una máquina imparable de generar dinero. A tenor de un análisis sobre la compañía realizado por «La Financiere De l'Echiquier» al que ha tenido acceso ABC, Netflix experimentó en 2018 un incremento del 35% en su volumen de negocio en el que ha sido su tercer año consecutivo de acelaración, tras un crecimiento del 30% en 2016 y el 32% en 2017. El número de abonados de la compañía de Reed Hastings, dice el informe, ha superado toda expectativa por parte de su creador. «Netflix cuenta desde ahora con 139 millones de usuarios de pago por todo el mundo, un crecimiento que se explica sobre todo por el éxito de las películas, la nueva punta de lanza del grupo. Con tales cifras, la empresa sigue cimentando su liderazgo estructural en el ámbito creciente que constituye el entretenimiento visual. La sociedad también considera que su potencial de desarrollo sigue siendo significativo, puesto que su contenido sólo representa hoy en día el 10% del tiempo que los hogares estadounidenses pasan ante sus pantallas».

Según los expertos, los elevados índices de crecimiento publicados por Netflix son, sobre todo, «fruto de importantes inversiones tecnológicas que le permiten optimizar la explotación de los datos generados a través de la utilización de su plataforma» esto es, de la huella que el usuario deja en la web cuando inspecciona el catálogo y selecciona el contenido. «Gracias a la inteligencia artificial, la sociedad es capaz de determinar los programas que la plataforma debe proponer. Así, Netflix puede desplegar mejor sus más de 12.000 millones de dólares de inversiones anuales en contenidos y optimizar su rentabilidad».

Hastings, sabedor de que su multinacional se ha convertido en un actor imprescindible en la industria del entretenimiento, predica en sus apariciones públicas la gran noticia que supone el hecho de que la competencia intente pisarle los talones. En HBO, todo un referente en la creación de contenidos de calidad, («Los Soprano», «The Wire») ya se plantean la necesidad de acercar su modelo al de la plataforma del profesor americano tras la reciente adquisición de la compañía por parte de AT&T. Esto, en opinión del visionario, no hace más que favorecer a un sector que, por el momento, está lejos de tocar techo. «Youtube, Amazon, HBO… no son nuestra competencia, contribuyen como Netflix a la calidad de internet». Palabra de Hastings.