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«Justo antes de Cristo»: un nini deprimido en el Imperio romano

Julián López protagoniza la comedia de época de Movistar+, de los creadores de «Camera Café»

Xosé A. Touriñán y Julián López, en una escena de «Justo antes de Cristo»
Xosé A. Touriñán y Julián López, en una escena de «Justo antes de Cristo» - Emilio Pereda Movistar
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Entre las decenas de bazares asiáticos del madrileño polígono de Cobo Calleja, aparece un grupo de soldados romanos. Algunos fuman y otros simplemente pasean un rato por el siglo XXI antes de volver al campamento romano de «Justo antes de Cristo», la nueva comedia de Movistar+, creada por Pepón Montero y Juan Maidagán, codirigida por Nacho Vigalondo y Borja Cobeaga y protagonizada por Julián López.

«Está ambientada en el siglo I a. C., en la transición entre la República y el Imperio. Manio (López) es un patricio romano al que condenan a muerte, pero consigue librarse y conmutar su pena por servir en la legión, en Tracia, donde su padre fue un héroe», explican los creadores de la serie, que se estrenará en primavera.

«Es un súper nini, un tío que no hace ni busca nada», apunta Julián López. «Si ya está desubicado en su entorno, imagínate en la legión. Allí, con su esclavo, empiezan sus peripecias. Todo lo que pasa le supera», añade el cómico, que desde pequeño ha sentido fascinación por «el mundo griego, romano y los dinosaurios». «A nosotros nos gusta decir que esta serie es sobre un neurótico, una persona deprimida que sufre crisis de ansiedad. Antes no estaba documentado pero seguro que pasaba. “La Odisea” está llena de neuróticos», ironiza Nacho Vigalondo.

Quince años en el cajón

Prácticamente el mismo tiempo que estaban los soldados guerreando en una campaña pasó el primer guión de «Justo antes de Cristo» en un cajón. Montero y Maidagán grabaron, hace más de quince años, unos sketches de romanos que fueron el germen de esta ficción de doce episodios, repartidos en dos temporadas. «A raíz de ahí pensamos que se podría hacer algo más, escribimos un piloto y nos lo hemos comido durante quince años», bromean los guionistas. «En este tiempo ha cambiado. En sus orígenes era una sitcom pensada para que durase temporadas y temporadas, y cuando Movistar nos ofreció hacer dos cursos vimos que hacía falta una historia lineal, un conflicto con un final», apuntan.

Aunque lo primera referencia lógica que surge al pensar en una comedia de romanos es «La vida de Brian», los creadores han huido de este tipo de humor. También de «Astérix». «No es una comedia de chistes, es un drama absurdo y las situaciones, cotidianas, son las que provocan la comedia», plantean los escritores, que eligieron ambientarlo en Tracia como un guiño a «Espartaco». «Tenemos que pedir perdón a los búlgaros», bromean, antes de aclarar que los espectadores no encontrarán en esta ficción paralelismos con la realidad: «Aquí no hay ni Aznarus ni Zapaterus, obviamos temas de actualidad. No queremos parodias ni referencias. Queremos hablar sobre el ser humano, contar la tragedia de un niño mimado que no ha crecido».

«El título es buenísimo, muestra el tono de la serie de forma delicada, humilde y rimbombante. Hay ternura en él», reflexiona Vigalondo. ¿La «comedia de época» también puede ser molesta? «Hacer algo histórico no te libra de hacer algo potencialmente ofensivo. No creo que la hipersensibilidad de ahora se frene por hablar de Roma», admite el cineasta.

Escenarios «de verdad»

Todo este viaje caótico de Manio se desarrollará en un campamento romano construido en un plató de 2.000 metros cuadrados. Las fronteras se construyeron con más de 500 postes sacados de un bosque conquense. Dentro, en un suelo de paja y entre cámaras, se mueven a sus anchas gallinas, cerdos pequeños y algún caballo.

El equipo de arte, capitaneado por José Luis Arrizabalaga («El día de la bestia»), ha importado mobiliario de la antigua casa Rancati de Italia, piezas que se han usado en «Roma», «Gladiator», «Yo, Claudio»... y elementos de «Hispania». «Creemos que cuanto más de verdad sea más gracia va a hacer. Cualquier cosa que sucede en un escenario de verdad es más gracioso, porque no buscas el cartón piedra», apunta Borja Cobeaga.

«En realidad, la serie es una comedia con mucho de aventurillas y folletín. Hay más muertes que sexo, no es “Juego de Tronos”. Se ve mucha pierna, pero no se quitan la camiseta», bromea el director, que ha grabado otras escenas en exteriores de Segovia, Guadalajara y El Escorial.

Eduardo Antuña, Fernando Cayo, Priscilla Delgado, Cecilia Freire, Cesar Sarachu, Manolo Solo y Xosé A. Touriñán, entre otros, completan un reparto donde los figurantes (más de cien) son esenciales. «Mi personaje es un general que ve frustrada su vocación, cuidar del huerto. Es una autoridad en riego y poda pero por su posición no ha podido elegir», cuenta Sarachu sobre la máxima autoridad del campamento. «Atica es una adolescente a quien su madre quiere casar, plan contra el que ella se rebela», apunta Delgado.