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The Handmaid's Tale Hacia una sociedad fascista: La distopía en la que los coches no vuelan pero las criadas son esclavas sexuales

HBO España estrena hoy la serie «The Handmaid's Tale», una cruda distopía protagonizada por Elizabeth Moss («Mad Men»)

Elizabeth Moss protagoniza «The Handmaid's Tale»
Elizabeth Moss protagoniza «The Handmaid's Tale» - HBO
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Una de las leyes esenciales del cine es que todo lo que se dice en lugar de ser mostrado se pierde para el público. Y quien dice cine dice cualquier tipo de ficción que se precie. En muchas de ellas, los diálogos caen en la insensatez, recreando los pensamientos de los personajes y no conversaciones realistas, en las que las palabras son convencionales y casi siempre triviales e intrascendentes.

En «The Handmaid's Tale», la serie de Hulu que HBO España estrena hoy, sucede todo lo contrario. Como en la vida, lo esencial no se verbaliza. Para identificar esos pensamientos, es necesario poner atención a las miradas, a la tensión que corta como un cuchillo silencioso las escenas. Las expresiones, casi siempre, hablan más del interior de una persona que sus palabras, y eso lo borda esta ficción creada por Bruce Miller («Los 100») y su espléndida fotografía. Y aunque la calidad de «The Handmaid's Tale» es evidente, sus aciertos no la libran de caer en ciertas tentaciones: la voz en off y los flashback, si bien necesarios para conocer y entender la historia de Defred (Offred, nombre que toma por pertenecer a su Comandante), la protagonista interpretada por Elizabeth Moss («Mad Men»), resultan algo pesados y no dejan de ser un recurso sencillo con el que abordar lo que no se sabe contar con la cámara.

Basada en la novela «El cuento de la criada», de Margaret Atwood, Premio Príncipe de Asturias de Las Letras en 2008, en lugar de imaginar la sociedad del futuro como una más avanzada gracias a la tecnología, esta distopía la representa como una más conservadora y represiva, fundamentalista, en el que el Estado, teocrático y fascista, recupera los valores puritanos y combate la infertilidad esclavizando sexualmente y adoctrinando a «las criadas», esas mujeres que deben dar a luz a los hijos de sus gobernantes o ser castigadas.

Placer Vs. Negocio

El miedo corroe una sociedad atenazada que castiga a las insumisas con la mutilación y se justifica con citas religiosas. La brutalidad de ese mundo sobrecoge en cada escena, aun cuando no las hace explícitas. Sobre todo por los evidentes paralelismos con las amenazas actuales, no en vano Atwood predijo el auge del terrorismo islámico y en su libro utiliza ese contexto para justificar la toma de poder de unos políticos que, para conservarlo, suprimen, entre otros, los derechos de la mujer. Y sus deseos. El sexo, en esta serie futurista donde los coches no vuelan pero «las criadas» son sodomizadas, es un negocio para que prevalezca la sociedad , y no algo placentero. El hedonismo, al igual que los pensamientos de estas mujeres, claudica ante un Estado armado hasta las cejas.

Los flashbacks y voz en off, ante el riesgo de caer en lo abusivo, representan el único momento de libertad de esas «criadas», cuando aunque sujetas al yugo de esa sociedad opresiva y enclaustradas en las cuatro paredes de la habitación de sus señores, se permiten pueden al menos reflexionar, volver al pasado. Recordar.